Andre Ward dio clase de boxeo

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Andre Ward dio otra gran demostración de habilidad boxística y superó en una holgada decisión unánime al dominicano Edwin “Bomba” Rodríguez en Ontario, California, para retener así su campeonato mundial de peso súper medio de la AMB y confirmar su hegemonía absoluta en las 168 libras.

El californiano está clasificado actualmente entre los mejores peleadores libra por libra en el mundo en la mayoría de los listados y normalmente debajo de Floyd Mayweather, y esta noche demostró por qué. Al igual que Mayweather, Ward está en un nivel muy superior a sus oponentes. Sus habilidades son diversas, su lectura de la pelea es lúcida, su plan es maleable y su condición física es irreductible. Es así como Ward neutralizó a un contendiente en las 168 libras y sigue su barrido en una división en la que ya derrotó a los nombres más interesantes.

Y la pelea la ganó prácticamente con una sola mano: la izquierda. Es un maestro en su uso, de todos sabores y colores. Lo mismo la usa con un jab adecuado, que la lanza como un golpe recto muy rápido y fuerte acompañado de un impulso de pies que suele sorprender a los rivales.

Edwin Rodríguez no dio el peso en la báscula, y ni se molestó en intentar darlo, así que Ward peleó contra un semi completo. Sabía el californiano que “La Bomba” iba a buscar aprovechar esa ventaja a través del poder, y que le apostaría a eso desde el inicio. Ward salió a pelear con velocidad y vivacidad.

Los primeros rounds transcurrieron con una permanente sensación de peligro para Ward, y no porque Rodríguez conectara, sino más bien era como el nerviosismo de estar viendo a un gran equilibrista caminar por la cornisa salvando por milímetros. Y es que los bombazos de Rodríguez, manos largas y pesadas, pasaban a muy corta distancia de un Ward que hacía una labor quirúrgica, en cintura y pies, para quitarse los golpes. Y lejos de rehuir el combate, Ward lanzaba ataques cortos, ese recto de izquierda de entrada por salida que tan bien se le da, o los ganchitos cortos de izquierda para regresar a su distancia. Al equilibrista magistral que se paseaba por la cornisa, Edwin Rodríguez nunca lo tocó en esos primeros rounds.

Ese tipo de trabajos lleva dos objetivos: puntuar en las tarjetas, y destruir la psicología del rival. Si el oponente se quita los mejores golpes que le lanzas, caerás en la desesperación. Y Edwin cayó en esa impotencia en el cuarto round. Empezó a ensuciar la pelea, a tirar golpes de conejo, a aplicar candados al cuerpo del rival, a empujar, a lanzar la cabeza, y Ward respondió con las mismas artimañas. Hasta el réferi se metió a forcejear para separarlos y se llevó algunos rozones y empellones. Pero el réferi Steve Morrow le puso punto final con un evidente llamado de atención y con la deducción de dos puntos a cada punto. Una medida disciplinaria que resultó buena para la pelea.

Con excepción de ese mal momento, la pelea no cambió. Andre Ward seguía dando una lección de boxeo, quitándose golpes, moviendo la cintura hasta bajar considerablemente la cabeza. La clave en los grandes defensores es saber leer el lenguaje corporal del rival. ¿Cómo puede un peleador, que está con la cabeza abajo, imaginar un golpe que no ve venir y quitárselo? Viendo los pies del rival, que guardan los mejores secretos de cada peleador. Y así lo hace Ward, que ante Edwin Rodríguez se quitaba manos que nunca veía venir, pero lo leía en los pies del rival.

Esa experiencia frustrante fue desgastando a Rodríguez que se hacía lento, falto de reflejos, y un blanco cada vez más grande para Ward. En la esquina del californiano vieron esos síntomas, y a partir del último cuarto de la pelea, le pidieron a Ward lanzar combinaciones más largas. Ante la lentitud de Rodríguez no había necesidad de pegar y salir tan rápido, por lo que Ward podía quedarse más tiempo frente a Edwin y lanzarle combinaciones de tres o cuatro golpes.

Ahí, Ward empezó a brillar también con la otra mano. Abría con la mano izquierda, luego lanzaba la derecha al cuerpo con nitidez y remataba con un golpe de izquierda arriba. Todos los golpes con precisión, vuelo y solidez. No había usado la derecha por falta de fe en ella, sino simplemente porque no la había necesitado. Al lanzar combinaciones largas, la derecha se volvía una necesidad, y Ward, peleador eficiente, empezó hasta entonces a usar ese recurso y lo hizo también con maestría.

En el round 10 se dio el intercambio en corto más nutrido de la pelea y cuando parecía el terreno adecuado de Rodríguez por su mayor físico, fue Ward quien sacó la mejor parte, y lo hizo con un doble gancho de izquierda arriba que le volteó la cara a las luces a Rodríguez. Pero Ward, siempre eficiente, no vio la urgencia de ir a liquidarlo y correr riesgos, y siguió haciendo la pelea que le había resultado tan bien. Fue el último clavo en el ataúd de un Edwin Rodríguez que sabía que no había forma y se dedicó a ensuciar otra vez la pelea para librar la pelea.

La mejor prueba de ello fue el último round cuando en su intento por ensuciar la pelea, Edwin Rodríguez se llevó un cabezazo que le abrió un corte en la ceja derecha. Al final, Andre Ward ganó en la corta y en la larga, en la limpia y en la sucia, con la derecha y con la izquierda ante un peleador entre los mejores 10 de la división.

Andre Ward confirmó que es uno de los mejores libra por libra y deja interrogantes muy prometedoras sobre su futuro. ¿A quién enfrentará? ¿Se quedará en 168 libras? Esas son preguntas muy interesantes para resolver. Pero hoy, Ward fue muy superior, confirmado por las tarjetas que lo vieron muy superior por 118-106, 117-107 y 116-108.

 

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