#AsíSomos: Andy Ruiz, el “gordito” que sí nos representa

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La épica del boxeo está construida desde lo improbable. Nadie creía en Andy Ruiz para vencer a Anthony Joshua la noche del sábado en la pelea de campeonato mundial de los pesados. La gran mayoría auguraba un nocaut rápido contra Ruiz. Pero ocurrió lo improbable, y el boxeo volvió ser, por una noche, como era antes. Fue, otra vez, como aquellas épocas en lo único que importaba eran los dos hombres que se enfrentaban en el ring. Lejos del boxeo corporativo.

Es la madrugada del domingo. Tres de la mañana y las redes sociales siguen ardiendo. Andy Ruiz conmocionó a un país. Derrotó a Anthony Joshua y se convirtió en el primer mexicano en coronarse campeón mundial en la división de los pesados. Ahí, en esa tierra de gigantes donde reinaron Ali, Tyson, Marciano, Louis, Dempsey, Frazier, Foreman, y muchas leyendas más, nunca había reinado un mexicano.

A Andy Ruiz, hoy en Nueva York, lo subieron al ring casi como pichón frente a Anthony Joshua, dueño de tres cinturones de campeonato mundial. El inglés Joshua, campéon IBF, WBA y WBO, debutaba en Estados Unidos, buscando generarle mayor popularidad para seguir calentando una pelea de unificación con el campeón del WBC, el estadounidense Deontay Wilder. Básicamente, los promotores del inglés querían una pelea de trámite. Que Joshua se entretuviera en algo mientras se seguía calentando la pelea con Wilder. De hecho, Andy Ruiz tomaba la pelea como suplente, pues Jarrell Miller había dado positivo por dopaje. De rebote y nomás por no dejar.

No había un renglón en el que Ruiz aventajara a Joshua. El inglés le sacaba más de 10 centímetros de estatura y otros 20 en alcance. Joshua había ganado dos de sus cinturones derrotando a un histórico como Wladimir Klitschko en una pelea épica ante 90,000 espectadores en el estadio de Wembley. Ruiz, por su parte, había caído en su única pelea de campeonato mundial frente a Joseph Parker peleando en la oscuridad de Nueva Zelanda. Joshua era un peleador impulsado mediáticamente por la industria del boxeo desde que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. El mexicano, por el otro lado, fracasó representando a México en los dos torneos preolímpicos que disputó cuando buscaba ganarse un lugar para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Estaba claro que al ring del Madison Square Garden, Andrés Ponce Ruiz llegó por el camino opuesto al de Anthony Joshua. Pero en el renglón en el que eran más diferentes, era en el físico. Anthony Joshua con un físico impecable, alto, musculoso, trabajado, sin grasa. El mexicano, en contraste, blando, gordo, chaparro para la categoría. Las burlas en las redes sociales no tardaron en llegar 

El propio Andy Ruiz lo sabía, y días antes de la pelea, le mandó un mensaje a la afición mexicana a través de la prensa.

“Crean en mí, aunque me vea gordito”, pidió Ruiz en un tono humilde pero decidido. Lo único que quería era una oportunidad. 

Y el gordito mexicano hizo historia. Se recuperó de una caída. Se levantó de la lona para tumbar cuatro veces al mejor pesado del momento. Derrotó con autoridad al dueño de tres cinturones de campeonato mundial y ex medallista de oro olímpico.

Superó en el ring a Anthony Joshua, el chico que en su carrera tuvo todo lo que Andy Ruiz nunca pudo tener. Esta noche, sin embargo, Andy Ruiz duerme abrazado de sus cinturones de campeonato mundial. Los que le arrebató a Joshua. 

Y esa, precisamente, es la épica del boxeo: la improbabilidad. Por más que el destino pueda empeñarse en hundir a un ser humano, él siempre tendrá un ring y unos puños para defenderse y construirse un nuevo destino. “Nuestras vidas cambiarán. Ya no tendremos que pasarla mal”, le dijo Ruiz a su madre en la conferencia de prensa, tan pronto como terminó la pelea.

Por eso, Andy Ruiz conmocionó México hasta bien entrada la madrugada. Porque todos somos Andy Ruiz. Nos representa. Nos identificamos. No somos el pueblo al que todo parece salirle siempre bien, no somos el que tiene el talento natural y siempre gana.

No. Somos el pueblo del gordito que le echa ganas mucho tiempo hasta poder lograr algo. Al que tiene que vivir el drama antes de llegar al éxito. Esas son las historias que siempre hemos abrazado los mexicanos. En las telenovelas, en las películas. Y también en el boxeo.

Y por eso mismo, hoy México abraza a Andy Ruiz, y le niega tanto al Canelo Álvarez. Por que no somos el galán pelirrojo que pocas veces sangra en sus peleas, y que a los pocos minutos de terminar sus actuaciones ya está de nuevo impecablemente vestido y peinado. El que casi nunca tiene drama, pero de cualquier manera gana. Al que todo le sale bien. Al triunfador nato.

No. Nosotros somos el gordito que siempre tuvo todo en contra. Que gana una, luego de perder varias.

Al final, tanto el Canelo como Andy Ruiz han salido desde abajo, de familias humildes y trabajadoras. Se han ganado en el ring lo que tienen. Pero el boxeo es martirio, melodrama. Es Pepe El Toro.

Ese triunfo, de tan improbable, le ha robado el corazón a todos. Hasta al mismo Canelo, quien de inmediato salió en sus redes sociales a felicitar a Andy Ruiz. 

“Felicidades, Andy”, tuiteó el Canelo. “Me da muchísimo gusto ver a alguien con determinación para triunfar”.

Manny Pacquiao, por su parte, tuitéo que Andy Ruiz “conmocionó al mundo”. Y que fue una de las “más grandes sorpresas en la historia del boxeo”

La épica se asomó nuevamente a la lona, ni más ni menos, del Madison Square Garden de Nueva York. Hay nuevo campeón mundial en los pesados, y es mexicano. ¡Larga vida al rey!

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