Canelo-GGG, peleón que terminó en polémico empate

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La pelea de esta noche en Las Vegas cumplió con las expectativas de una guerra. Canelo Álvarez boxeó a Gennady Golovkin sin rehuir por lapsos al choque fonrtal y llevó a Golovkin por segunda ocasión en su carrera a los doce rounds. Al final del combate, Canelo dijo que se sinttió ganador por siete rounds, mientras que Golovkin prefierió no comentar sobre el empate otorgado por los tres jueces que causaron abucheos del público.

Canelo desde un inicio circuló hacia su izquierda, jabeando, La poco valorada defensa del boxeador tapatío tuvo esta noche suficiente disciplina y reflejos como para eludir golpes francos de Golovkin, cuyas combinaciones pegaban en el aire o en los guantes del retador.

Incluso en los rounds cuatro y cinco, Canelo se dio el lujo de poner su espalda contra las cuerdas, invitando a Triple G  a exhibir una demostración de su poder noqueador. Ese fue un despliegue temerario -casi suicida para algunos- que terninó con un bombazo que por poco explota de lleno en el rostro de Canelo, quien recibió el golpe, pero alcanzó a utilizar el rolling, cono lo hizo a lo largo de la pelea, para debilitar la potencia del impacto.

En el sexto episodio Canelo empezó a jalar aire por la boca y bajaba aún más los brazos cuando estaba fuera de rango. A pesar de las señales evidentes de casancio, la pelea cayó ligeramente en la motonía. GGG trataba de forma poco eficiente de cortar el ring, lanzaba jabs que se quedaban lejos de su destino y provocaban un contragolpe del mexicano que al final del octavo pegó un uppercut en su quijada.

Canelo logró el cometido de torear a Golovkin, cuyo estado físico comenzó a verse mermado a partir del noveno y en su afán de perseguir al retado terminaba siendo castigado por manos derechas sólidas que le daban argumentos a los jueces para anotar epidosios a favor del tapatío.

Los tres minutos del décimo estuvieron repletos de intercambios de golpes que levantaron a los miles de presentes en la Arena T-Mobile de Las Vegas. Canelo en momentos arriesgó como pocos pensaban que lo haría porque para nadie hasta ahora había sido negocio intercambiar dinamita con el kazajo. Canelo arriesgó, lució, y a ojos de muchos mereció la victoria.

Golovkin salió a los últimos seis minutos de la pelea decidido a terminar con su rival, pero siguió recibiendo uppercuts y manos derechas al contragolpe de un oponente visiblemente cansado, pero con el brío justo para tolerar embates de un campeón cada vez más desesperado porque estaba perdiendo sus títulos.

Como si no hubieran entregado una pelea digna, feroz y emocionante, como las que escasan en la actualidad, el doceavo round tuvo la misma sensación de peligrosidad porque ninguno de los dos combatientes parecía cansarse de enfrascarse en el intercambio. El campanazo final causó un alarido merecido, que pronto cambió a reclamos cuando llegaron, otra vez, las polémicas tarjetas de quienes juzgan desde abajo del cuadrilátero.

En las entrevistas pos-combate con Max Kellernan ambos peleadores concordaron en el deseo de enfrentarse nuevamente. Chepo Reynoso, entrenador de Canelo, criticó fuertemente a los jueces por su decisión.

Adalaide Byrd dio 118-110 para Canelo, Dave Moretti 115-113 para Golovkin, y Don Trella vio un empate de 114-114. De esa forna los tres oficiales elegidos previamente por la Comisión Atlética de Nevada, dejaron, tal vez injustamente, que el púgil de Jalisco no pudiera levantar las manos al final de la noche.

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