Chávez Jr. y los demonios de un hombre que desde 2012 decidió ya no tirar golpes

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Algo se desconectó en Julio César Chávez Jr. el día de su primera derrota frente a Sergio "Maravilla" Martínez el 15 de septiembre de 2012. Ese día, durante al menos 10 rounds de la pelea, Chávez fue otro. Irreconocible, pasivo, monótono, fue un alma en pena sobre el ring, tragándose golpes y con los guantes encadenados a su guardia, aparentemente incapaz de soltar las manos. A partir de aquel día, ese sería el Julio César Chávez Jr. que veríamos y que llegó a su punto más bajo frente a Saúl "Canelo" Álvarez.

Antes de su encuentro con Maravilla, Julio César Chávez era un peleador activo sobre el ring. Sabía que al no ser un estilista, su fortaleza estaba en buscar la trinchera, castigar al rival en corto y trabajar más que el oponente en cada round. Iba moliendo a sus rivales, hasta desmantelarlos. Así liquidó a Andy Lee y a Peter Manfredo, y así se llevó la decisión frente al Veneno Rubio y Sebastian Zbik.

Ese antiguo Chávez Jr. lanzaba 48 golpes por cada round, según las cifras de Compubox, y acertaba en promedio 19 golpes por episodio. Con esas cifras de golpeo y con un físico casi siempre superior en estatura, alcance y tonelaje sobre el rival, Chávez era un bully, un abusador que se imponía sobre sus rivales, literalmente.

Pero el día que Sergio Martínez le danzó sobre el ring, Chávez se sintió impotente, incapaz. Un peleador que en promedio lanzaba casi 50 golpes por round, solo pudo lanzar más de 40 golpes en 2 de los 10 primeros rounds frente a Martínez. En cuanto Chávez se atrevió a lanzar golpes como solía hacerlo, cortó a Maravilla en el 11, y lo derribó en el 12, teniéndolo al borde del nocaut. En esos últimos dos rounds, Chávez lanzó 45 y 66 golpes respectivamente, es decir, el viejo Chávez.

Parecía más psicológico que boxístico: Chávez se amarró ante la presión, pero cuando finalmente se soltó, estuvo cerca de la épica. Sólo cerca, pues al final fue Martínez quien se llevó una holgada decisión unánime y recuperó su cinturón; Chávez recibió la primera derrota de su carrera, y la humillación del escarnio popular por haberse doblado frente a la presión. Antes de la pelea, Junior le había dicho a Martínez en el Face Off de HBO, que el día de la pelea el argentino se daría cuenta que no era "el hijo de Julio César Chávez, sino el nuevo Julio César Chávez". Se tuvo que tragar sus palabras, pues en el round 12 tuvo a Martínez noqueado, como su padre había tenido a Meldrick Taylor 22 años antes. Junior no pudo terminar el trabajo; su padre sí.

Esa realidad se le plantó de frente a Chávez Jr. tan pronto salió el sol al domingo siguiente. No sabía si en realidad era quien muchos le habían dicho al oído que era, ni tampoco sabía si esa noche la presión no lo dejó ser quien realmente era. Tan grave una duda como la otra. Tan graves que han pasado casi cinco años desde entonces, y Junior sigue sin encontrar las respuestas. 

Cinco años en los que Junior solo ha peleado seis veces, incluyendo la del Canelo. De esas seis peleas, cuatro las ha registrado Compubox, en las que consigna que Chávez promedia apenas 33 golpes lanzados por round, y de ellos, apenas 12.5 conectados. Años luz de los 48 golpes lanzados y 19 acertados por round, de antes de la noche triste con Maravilla.

Ese nuevo, aunque decadente Chávez Jr. fue acusado de ser un vago. Dio positivo por consumo de mariguana y suspendido después de la pelea con Martínez. Regresó para llevarse dos triunfos dudosos frente a Brian Vera, dudosos por su ya evidente pasividad para tirar golpes, el mismo pecado que le había costado la gloria frente a Martínez. La respuesta más evidente para quienes lo señalaban como un vago, parecía ser que no se preparaba bien para las peleas. Abonaba al argumento que Chávez había roto con su entrenador Freddie Roach y que prefería buscar un equipo de trabajo más cómodo y sumiso a las condiciones relajadas de disciplina que él buscaba. Coqueteaba con irse con Robert García o con Nacho Beristáin, pero seguía preparándose con su equipo a modo.

Sin embargo, la teoría de que Chávez no tiraba golpes por una mala preparación se esfumó cuando llegó el preparador físico Memo Heredia y el entrenador Nacho Beristáin terminó por sumarse al trabajo. Heredia preparó de forma impecable a Junior en lo físico para sus dos últimas peleas frente a Dominik Britsch y el Canelo Alvarez, dejándolo en peso de forma adecuada. Beristáin aportó su sabiduría a la preparación. Pero nada cambió en Julito. Al contrario.

Ante el Canelo Alvarez, Julio César Chávez promedió 25 golpes lanzados por round, y apenas 6 conectados. Un patético espectro de lo que Junior alguna vez fue. El Canelo se le quedaba en las cuerdas retándolo, jugando con él; Chávez se le encimaba y cuando toda la arena esperaba un ataque, Junior se quedaba pasmado. Encadenado por sus propios demonios que solo él conoce. Y que nadie ha podido exorcizar desde aquella noche triste de Maravilla Martínez.

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