El boxeo, un deporte humanizador

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El boxeo no es, como muchos piensan, un deporte deshumanizado. De acuerdo con el sociólogo mexicano Luis Jesús Galindo Cáceres, las sociedades buscaron formas para remediar las tensiones entre los pueblos que derivaron en actividades recreativas de autocontrol civilizador.
Aunque el científico social no habla directamente del boxeo, detalla que el deporte, en primera instancia, responde a una imitación de cruentas batallas, de guerra, donde la lucha por sobrevivir es la esencia, la característica principal del boxeo.
"La mayoría de los deportes entrañan un factor de competitividad. Son competiciones que implican el uso de la fuerza corporal y de habilidades cercanas a las militares. Las reglas que se imponen a los contendientes tiene la finalidad de reducir el riesgo de daño físico al mínimo", afirma.
Johan Huizinga, en su libro Homo Ludens, enfatiza que la formación social se dio a partir de la reunión y práctica de actividades lúdicas que implicaban la formación de grupos con un fin común. Fue, según el autor, el origen de las comunidades y de la sociedad como la conocemos.
Por su parte, Galindo Cáceres explica que los actos violentos dejan de serlo cuando se busca la recreación (aunque parezca sanguinario como el boxeo), se le da un objetivo y se le dota de normas para proteger a quienes se enfrentan, lo que implica un nivel de civilidad y socialización.
Quienes critican al pugilismo centran su ataque en la violencia de los enfrentamientos. Afirman que no se puede definir como deporte, pues la esencia de éste es elevar el espíritu y humanizar. Según los detractores, ni lo uno ni lo otro lo hace el boxeo.
Sin embargo, el Arte Noble es el más humano de los deportes si se considera que el primer objetivo del Hombre es sobrevivir, lo mismo que hace un pugilista sobre el ring. Centra su grandeza en el respeto a la integridad del oponente y a cumplir con un rol de la mejor manera posible.
Aunque el pugilismo es violento, pero noble; Galindo Cáceres comenta que el deporte cumple con un proceso que se ciñe a un pacto social, ofreciendo "la liberadora emoción de una lucha en la que se invierte habilidad y esfuerzo físico mientras queda reducida al mínimo la posibilidad de que alguien resulte seriamente lastimado".
El boxeo cumple con la tesis que el sociólogo mexicano hace sobre el deporte, en el sentido que se convierte en un método de autocontrol; donde la afición puede desfogar sus sentimientos, frustraciones y necesidades, hasta de forma agresiva (mátalo, se llega a escuchar en las gradas), pero que se va cuando la función termina, "porque en el proceso civilizador está en juego el control de la agresividad violenta".
El pugilismo, como una de las ramas del deporte, es civilizador, de acuerdo a la postura de Galindo Cáceres, pues ayuda a la formación de grupos, la búsqueda de objetivos y la firma implícita de un pacto social, donde los integrantes de una comunidad aceptan las reglas del colectivo.

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