El Canelo y una pelea contra su propia historia

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A lo largo de la historia, pocos peleadores con el currículum de triunfos de Saúl “Canelo” Álvarez han batallado lo que el mexicano para obtener el reconocimiento unánime, sin regateos. En el peleador tapatío, esa ha sido la constante a lo largo de su carrera. Siempre parece haber un asterisco, ya sea una ventaja o una debilidad del oponente, o algo, siempre hay algo, que no permite otorgarle el crédito completo. Contra Gennady Golovkin, parece la oportunidad perfecta de obtener el reconocimiento unánime como un gran peleador.

Quizás el triunfo más importante en la carrera del Canelo haya sido el que consiguió sobre Miguel Cotto, pues el boricua conservaba habilidad y experiencia. Sin embargo, Cotto era muy chico físicamente en comparación con el Canelo, y el día de la pelea, las diferencias físicas pesaron enormemente. Los golpes de Cotto se topaban con una pared. El mexicano mostró un avance en sus habilidades boxísticas, en su capacidad de contragolpeo y evasión de golpes, pero el tema de la diferencia de pesos a la hora de la pelea hizo que ese triunfo no obtuviera el reconocimiento completo a pesar de lo que representa en la carrera del Canelo.

El triunfo contra Liam Smith es otro interesante, pues el británico era un campeón establecido en la categoría súper welter y peleando en su peso. El Canelo lo doblegó con mucha superioridad y enseñando un golpeo al cuerpo muy efectivo. Sin embargo, aunque Smith no tuvo la calidad suficiente contra el Canelo, fue un triunfo bien obtenido por el Canelo ante un rival que era fuerte físicamente, agresivo, y competitivo en la categoría.

Pero si revisamos cada triunfo del Canelo, efectivamente, encontraremos algo que lo priva del reconocimiento completo. Contra Chávez Jr., Julito subió amarrado de manos, no quiso tirar golpes en toda la pelea y fue como un entrenamiento. Contra Amir Khan, la diferencia de pesos era abismal. A James Kirkland le aplicó un nocaut brutal, pero Kirkland venía de una larga inactividad de casi año y medio. Su victoria sobre Erislandy Lara fue una decisión dividida que sigue generando polémica hasta hoy. La victoria sobre el Perro Angulo fue como otro Chávez Jr., que subió sin la agresividad que lo había distinguido en su carrera. A Austin Trout le ganó con cierta facilidad, aunque Trout había sido flor de un día cuando le ganó a Miguel Cotto, y ni antes ni después figuró. A Josesito López lo aventajaba horriblemente en peso. Shane Mosley era ya un peleador muy veterano con más de 40 años.

Esos fantasmas de los triunfos con asterisco han perseguido al Canelo a lo largo de su carrera. Tampoco le ayudaba que vivía acusado de ser un protegido de las televisoras y las promotoras y que quizás por eso, decían sus detractores, le concertaban esas peleas en las que subía al ring con una u otra ventaja importante. 

Si juzgamos la percepción pública que hoy existe sobre Saúl usando el termómetro de las redes sociales, encontraremos que, al menos en cierto grado, las cosas han cambiado. Las críticas ya no son tan furiosas. Parece haber el consenso de que Álvarez ha mejorado como peleador, y se ha ganado algo o mucho de respeto, al pactar la pelea contra Gennady Golovkin en condiciones de igualdad: en las 160 libras.

En su momento no se le reconoció, pero él pidió pelear contra Floyd Mayweather Jr., y aceptó condiciones desfavorables para enfrentar al mejor. Fracasó en ese primer intento, pero hoy vuelve a tomar el toro por los cuernos frente a Golovkin. Va contra el mejor peleador al que podría enfrentar, en condiciones de igualdad física, y tomando la pelea que todos le pedían.

No cabe duda que este es el momento definitorio de la carrera de Saúl Álvarez. No hay en el horizonte otra presa que tenga el mismo valor que Golovkin. No parece haber nada interesante en el futuro de Saúl, después del kazajo. Este es el punto más alto de su carrera.

Una derrota honrosa, en una pelea competitiva, le daría respeto al mexicano, y podría abrir la puerta a una saga histórica. Demostraría que el Canelo tenía razón y que su talento está para pelear con los mejores. 

Pero una derrota clara derrumbaría todo. Saldrían los críticos nuevamente a decir que ellos nos lo advirtieron. Que por algo le concertaban esas peleas con ventajas, que por algo están los asteriscos en su historial. 

Sin embargo, un triunfo ganado a la buena por el Canelo sería una de las grandes victorias en la historia del boxeo mexicano, sería su boleto para entrar a la lista de los mejores mexicanos de la historia (en un lugar que sería discusión para otro momento) y sería también, el tardío reconocimiento a su valor como peleador. 

El Canelo sube al ring en una cita no solo contra Gennady Golovkin, sino también contra la historia, contra su propia historia.

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