El pugilato en la antigüedad

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La primera referencia escrita sobre el pugilismo —πυγμαχία, pygmakía: lucha de puños— de que se dispone data del siglo ocho antes de Cristo, y se debe al poema homérico de la Ilíada (XXXIII, 651-699), en traducción del poeta Rubén Bonifaz Nuño, a partir del 683, en que se narra la lucha entre Epeo y Euríalo:

Primero le presentó el cinturón, y enseguida le donó bien cortadas correas de toro salvaje. Y ambos, en ciñéndose, fueron a mitad de la liza, y en alzando al frente las robustas manos a una, arremetieron, y se les mezclaron, pesadas, las manos. Terrible estruendo de quijadas se hizo, y corría el sudor doquier de sus miembros; y se alzó Epeo divino, y la mejilla, al que en torno miraba, golpeó, y ya no mucho se sostuvo, pues se le rindieron los miembros preclaros. Como cuando un pez es volteado, al hincharse el mar bajo el Bóreas, en la orilla cubierta de algas, y lo envolvió una gran ola, así él se volteó al ser tundido. Empero, el magnánimo Epeo lo alzó, asido en sus manos, y sus compañeros, cercándolo, lo guiaron, arrastrando él los pies, a través de la liza, sangre densa escupiendo, echando a un lado la testa, y guiándolo desvanecido, lo pusieron entre ellos, y ellos mismos, en yéndose, la copa doble cuidaron.

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Ánfora panatenaica con escena de pygmaquia, la “lucha de los puños”. Aproximadamente del 336 a. C.

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Detalle de púgiles. Uno de los adversarios levanta el dedo en señal de rendición.

La tradición apunta que esta práctica se introdujo en el programa de los Juegos Olímpicos en el año 688 a.C. —la primera Olimpiada se sitúa históricamente en el 776, aunque hay elementos que señalan un origen anterior—, siendo Onomastos de Esmirna el campeón inaugural, y a quien se atribuye su reglamento básico: la prohibición de abrazar, rasguñar y morder. Si alguien violaba dichas reglas, un oficial blandía a la distancia una larga vara bifurcada para fustigar al infractor.

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Detalle de ánfora en que, al igual que en la ilustración anterior, uno de los combatientes se rinde al levantar el dedo índice. Aproximadamente del año 500 a. C.

Al tratarse de un evento sin límite de tiempo establecido, el pugilato era una actividad extenuante en que los contrincantes terminaban seriamente lastimados, después de combatir incluso durante un día entero. El resultado dependía de la rendición —levantando el dedo índice— o la pérdida de sentido —cuando no la muerte— de uno de los participantes: refiere un proverbio griego que “una victoria de pugilato sólo se logra con sangre”.

Al igual que el pancracio, el pugilato se llevaba a cabo sobre una skamma, superficie de tierra batida cuya dimensión determinaban los jueces.

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Fresco de los Niños púgiles, originalmente ubicado en el sector B de la casa Xeste 3 de Akrotiri, Santorini.

Museo Arqueológico Nacional de Atenas.  

Los hymantes, correas de cuero curtido de cuatro metros de longitud, fungían como precursor de los guantes. Cada púgil decidía su uso: unos se envolvían las manos, otros los nudillos, e incluso algunos otros peleaban sólo con una mano enrollada tal como lo muestra el fresco de los Niños boxeadores, hallado en Thera: Santorini.

Los púgiles combatían desnudos. Esparcían sobre su cuerpo una delgada capa de arena, una vez que se habían untado con aceite.

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Detalle de escultura donde se muestra el antecedente del guante de boxeo.

En el siglo IV a. C. los griegos desarrollaron unos guantes con mayor dureza exterior, pero acolchonados en el interior, a los que llamaron sphairai o episphairai, empleados originalmente para entrenar, y que después usaron en el combate. El entrenamiento se llevaba a partir del golpeo de korykos, sacos llenos de arena, mijo o harina.

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Caestus, modelo antiguo de guante, con incrustaciones de metal, con que los púgiles infligían gran daño a sus oponentes.

 

En la época romana, los pugilistas, quienes ya usaban calzoncillo, se enrollaban correas de piel en las manos, a las cuales se les denominaba “hormigas” —Lucilio alude a ellas en el epigrama 78 del Libro XI de la Antología Palatina— por las dolorosas picaduras que causaban, y le incorporaron piezas de metal. A este modelo se le llamó caestus.

El historiador Dion Crisóstomo, en sus Discursos 28 y 29, elogió al púgil Melankómas —con quien el emperador Tito sostuvo una escandalosa relación, según Temistio.

Los epigramas pugilísticos de la Antología Palatina

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El pugilista, Púgil en reposo Púgil de las Termas. Museo Nacional Romano.

El epigrama es una forma que surgió en Grecia y cuya esencia se manifiesta en su etimología: inscripción. Originalmente se trataba de epitafios, inscripciones sepulcrales que se grababan en piedra. El escritor hispanorromano, Marco Valerio Marcial, consolidó el género en la Antigua Roma.

Como otros epigramas dedicados a atletas que figuran en el libro XI de la Antología Palatina, estos textos sobre pugilistas, que van del 75 al 81 —el único que no traduje fue el 78, dedicado a Apolófanes por considerarlo soso y que requeriría de más notas explicativas que superarían en extensión al poema mismo—, son parodias de las fórmulas e inscripciones agonísticas —es decir aquellas dedicadas a los certámenes, luchas y juegos públicos—, donde se exaltaban las cualidades de los vencedores. Las asociaciones atléticas solían erigir dichas estatuas —el geógrafo e historiador griego, Pausanias, ofrece una descripción de las estatuas dedicadas a los atletas en el Libro VI de su Descripción de Grecia. La efectividad de estos “epitafios imaginarios” estriba en que en vez de enumerar sus triunfos, se repasan sus fracasos y pérdidas.

Lucilio

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Detalle de las manos de El púgil, cubiertas por ἱμάντες, hymantes, correas de cuero.

Algunas hipótesis identifican a nuestro autor con el destinatario de las Cartas de Lucio Anneo Séneca, y otras con el gramático Lucilo de Tarra. Lo cierto es que la información más fidedigna es la que ofrecen sus propios epigramas, de los cuales se infiere que vivió en la época de Nerón —siglo I d.C.—, y que era uno de los muchos graeculi —término peyorativo, acuñado por el orador Cicerón, para los griegos que buscaban dinero y protección de las clases pudientes romanas, ofreciendo sus servicios como instructores de poesía y filosofía— a los que favoreció el emperador.

Si bien Lucilio exagera los rasgos de los personajes y sus acciones, prestando atención a los detalles pueden extraerse elementos cotidianos de la sociedad de su tiempo.

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Detalle de la cara de El pugilista.

  Epigramas pugilísticos de Lucilio 75. οὗτος ὁ νῦν τοιοῦτος Ὀλυμπικὸς εἶχε, Σεβαστέ, ῥῖνα, γένειον, ὀφρῦν, ὠτάρια, βλέφαρα: εἶτ᾽ ἀπογραψάμενος πύκτης ἀπολώλεκε πάντα, ὥστ᾽ ἐκ τῶν πατρικῶν μηδὲ λαβεῖν τὸ μέρος: εἰκόνιον γὰρ ἀδελφὸς ἔχων προενήνοχεν αὐτοῦ, καὶ κέκριτ᾽ ἀλλότριος, μηδὲν ὅμοιον ἔχων.   75. [A Olímpico] Éste que ahora ves como Olímpico, Augusto, tenía nariz, mentón, cejas, orejitas, párpados: después se inscribió en el pugilato, y lo perdió todo, de modo que no pudo hacerse de su parte de herencia. Así pues, su hermano presentó un retrato suyo como prueba, y los jueces fallaron que era un extraño que ni siquiera se parecía.   76. ῥύγχος ἔχων τοιοῦτον, Ὀλυμπικέ, μήτ᾽ ἐπὶ κρήνην ἔλθῃς, μήτ᾽ ἐνόρα πρός τι διαυγὲς ὕδωρ. καὶ σὺ γάρ, ὡς Νάρκισσος, ἰδὼν τὸ πρόσωπον ἐναργές, τεθνήξῃ, μισῶν σαυτὸν ἕως θανάτου,   76. [A Olímpico] Con semejante hocico, Olímpico, no te puedes dirigir hacia la fuente, ni allegarte cerca del agua diáfana. También tú, sin duda, como Narciso, al ver tu rostro real, sucumbirás, odiándote a ti mismo hasta la muerte.   77. εἰκοσέτους σωθέντος Ὀδυσσέος εἰς τὰ πατρῷα ἔγνω τὴν μορφὴν Ἄργος ἰδὼν ὁ κύων: ἀλλὰ σὺ πυκτεύσας, Στρατοφῶν, ἐπὶ τέσσαρας ὥρας, οὐ κυσὶν ἄγνωστος, τῇ δὲ πόλει γέγονας. ἢν ἐθέλῃς τὸ πρόσωπον ἰδεῖν ἐς ἔσοπτρον ἑαυτοῦ, ‘οὐκ εἰμὶ Στρατοφῶν’, αὐτὸς ἐρεῖς ὀμόσας.   77. [A Estratofonte] Cuando Odiseo regresó a salvo a su patria después de veinte años, su perro, Argos, lo reconoció al ver su aspecto. Pero tú, Estratofonte, después de pelear cuatro horas, no te volviste irreconocible para los perros, aunque sí para las personas. Si quisieras mirar tu propio rostro en el espejo, tú mismo dirías: “Juro que no soy Estratofonte.”   79. πύκτης ὢν κατέλυσε Κλεόμβροτος: εἶτα γαμήσας ἔνδον ἔχει πληγῶν Ἴσθμια καὶ Νέμεα, γραῦν μαχίμην, τύπτουσαν Ὀλύμπια, καὶ τὰ παρ᾽ αὐτῷ μᾶλλον ἰδεῖν φρίσσων ἤ ποτε τὸ στάδιον. ἂν γὰρ ἀναπνεύσῃ, δέρεται τὰς παντὸς ἀγῶνος πληγάς, ὡς ἀποδῷ: κἂν ἀποδῷ, δέρεται.   79. [A Cleómbroto] El púgil Cleómbroto se retiró. Pero, después de casarse, recibe en su hogar los golpes de Istmia  y Nemea de una vieja combativa que pega como en Olimpia; y al sentir lo que soporta junto a sí se estremece más de lo que lo hizo alguna vez en el estadio. Si descansa, lo despelleja a golpes para que pelee, y si rehúye el combate cuerpo a cuerpo, lo desuella.   80. οἱ συναγωνισταὶ τὸν πυγμάχον ἐνθάδ᾽ ἔθηκαν Ἆπιν οὐδένα γὰρ πώποτ᾽ ἐτραυμάτισεν.   80. [Al pugilista Apis] Los compañeros de batalla erigimos aquí una estatua al púgil Apis, pues nunca golpeó a nadie en modo alguno.   81. πᾶσαν ὅσαν Ἔλληνες ἀγονοθετοῦσιν ἅμιλλαν πυγμῆς Ἀνδρόλεως πᾶσαν ἀγωνισάμαν. Ἔσχον δ᾿ ἐν Πίσῃ μὲν ἓν ὠτίον, ἐν δὲ Πλαταιαῖς ἓν βλέφαρον· Πυθοῖ δ᾿ ἄπνοος ἐκφέρομαι· Δαμοτέλης δ᾿ ὁ πατὴρ καρύσσετο σὺν πολιήταις ἆραι μ᾿ ἐκ σταδίων ἢ νεκρὸν ἢ κολοβόν.   81. [A Androleo] En todos los Juegos que los griegos organizaron con pruebas pugilísticas, yo, Androleo, contendí: En Pisa gané una orejita, en Platea perdí un párpado; en Pitón se me levantó exánime. Mi padre, Damóteles, y mis conciudadanos, anunciaron que siempre salí del estadio en hombros: muerto o maltrecho.    

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