El Ring de Alfred Hitchcock

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*Texto original de La Ciudad Deportiva

La historia regala a sus más célebres protagonistas etiquetas con las cuales se les identificará para siempre. Así ocurrió a Alfred Hitchcock, quien será recordado como el maestro del suspense. Esta identificación con el género, sin embargo, hace olvidar aspectos plasmados en su obra que reflejan otras características del director inglés; uno de ellos es su gusto por el boxeo.

Rebobinar la cinta de la vasta ofrenda artística que el cineasta hizo al mundo es llegar a puntos que difícilmente alguien familiarizado con sus filmes más famosos podría imaginar.

Así, casi al principio de su carrera como director, es posible encontrar el deporte de los puños en la única película que escribió de cabo a rabo: The Ring, una película muda que fue el sexto intento de Hitchcock como director.

 

 

 

La presencia deportiva en el filme sienta la base de un triángulo amoroso, argumento central de la obra: Jack “One Round” Sander, el boxeador de circo que entrena duramente para ser competitivo en un nivel profesional; Mabel, su prometida y luego esposa, quien sin la menor vergüenza coquetea y siente atracción por el boxeador de carrera australiano Bob Corby.

El año fue 1927, la época en que el cine mudo dejaba sus últimas huellas históricas antes de que “El cantante de jazz” cambiase la forma de construir y entender el  séptimo arte.

El que Hitchcock hiciera su único guión con una historia que tiene al box como uno de los elementos centrales no es para extrañar al espectador. Una revisión cuidadosa a la biografía del londinense revela que era un asiduo asistente a las funciones de boxeo en los suburbios de la capital británica, donde concibió The Ring.

Fiel reflejo de esta afición es la aparición del peleador profesional Albert Hall en la película, un atleta admirado por el cineasta y a quien varias veces vio lanzar golpes  en pleitos a los que asistió.

 

 

 

Si bien es cierto que dentro de la ilustre carrera de Alfred lo suyo no era escribir argumentos sino dirigir películas, una de sus ideas queda claramente plasmada en el resultado final: “Si una película es buena, el sonido podría irse y la audiencia todavía tendría una idea perfectamente clara de lo que pasa”; la cinta no recurre mucho a los letreros, el símil del sonido de las palabras en esa etapa, para guiar al espectador por la trama; la música, elemento muy explotado por el cine mudo, tampoco hace acto de presencia.

Aunque el filme se conduce a través del deporte, lejano al suspense de sus otros trabajos, en éste se pueden encontrar unos cuantos elementos que caracterizarían a Hitchcock el resto de su carrera, como el humor negro o el voyerismo. El mismo título es un juego de palabras: ring, la superficie donde se dirimen los pleitos boxísticos, el anillo de matrimonio, la forma circular de la carpa del circo y un brazalete que juega un papel importante a lo largo de la cinta como elemento de infidelidad.

Uno de sus ocasionales finales felices, esos que de vez en cuando se asomaban en su cine, cierra un cuadro totalmente anormal para el seguidor de la obra del londinense; el cirquero que pasa a sparring para dar el salto a campeón mundial, recuperando el favor de su esposa durante una pelea que tenía cuesta arriba ante el poseedor del título.

El rollo original de la película, en un estado deplorable, fue entregado al Instituto Británico del Cine en 1959. Los restauradores hicieron un trabajo muy duro para poder hacer una copia digna del material histórico, que se proyectó apenas el año pasado en Cannes.

Hoy, a 33 años de la muerte de Hitchcock, el maestro del suspense, rememoramos una de sus primeras obras, única escrita enteramente por él y cuya trama revela la muchas veces olvidada parte deportiva de un director que admiraba el mundo del boxeo tanto como a los libros de Edgar Allan Poe.

 

 

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