Emile Griffith, matar a un hombre y amar a un hombre

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Emile Griffith era un boxeador afroamericano, peleador welter y después mediano. Campeón mundial del CMB en ambas divisiones y monarca no totalmente reconocido de la entonces inaugurada división de los medianos junior. Enfrentó, entre muchos otros, a grandes de Latinoamérica como Carlos Monzón y Mantequilla Nápoles. Griffith, era bisexual.

En esa época declarar preferencias sexuales distintas era un suicidio profesional y un estigma social que no se lavaba ni disimulaba. Era otra época, más dura, menos tolerante con ciertas cosas. No importaba que el señalado fuera un rudo campeón mundial. No importaba nada, ni entonces ni después. En 1992, inclusive fue atacado al salir de un centro nocturno gay en Nueva York. Se dice que estuvo al borde la muerte,  y aunque nunca se confirmó que se tratara de un crimen de odio homofóbico – ¿Si lo hubieran atacado por ser negro habría sido más o menos grave?-, fue un episodio que coronó una vida desarrollada en el mundo de la violencia. Aunque no fue el más doloroso para Griffith.

Él carga una muerte en su conciencia.

Era 1962. El rival: el cubano Benny Kid Paret. Era su tercer enfrentamiento. En el segundo choque Paret le había arrebatado el título a Griffith. Pero las furiosas embestidas del retador aquella noche no fueron provocadas por el deseo de recuperar su cinturón. Había algo más doloroso.

En la ceremonia de pesaje, el cubano le gritó “maricón” a Griffith. Dicen que lo tuvieron que detener para no empezar la pelea ahí mismo. ¿Conocía el cubano la vida privada de su oponente? No sabemos. Aunque no es raro que entre vestidores se corran rumores.

“Estaba harto que la gente me llamara maricón (faggot)”, dijo el anciano Griffith años después  a una entrevista al New York Times, "lo que me dijo tocó algo dentro de mí”.

En el sexto round la campana salvó a Emile de perder. Si hubiera caído unos segundos antes ahí habría acabado todo. Pero la pelea llegó al round doce. Emile acorraló a Paret contra una esquina, sus puños volaban por el aire para estrellarse en la cabeza del Kid. El cuerpo del cubano se desconectó, podemos verlo en las imágenes que la ABC transmitía esa noche por televisión. No caía porque los golpes de su rival lo mantenían de pie contra las cuerdas. Emile arremetía  poseído por algo. Tiempo atrás el americano diseñaba sombreros para mujeres, le gustaba hacerlo, esa noche sus manos no eran ya las que tejían accesorios, eran mazas de guerra, garras de tigre que destrozaron la vida de Peret. El réferi tardó en parar el combate. Cuando interrumpió por fin el frenesí de Emile, el cuerpo de su rival fue resbalando lentamente hasta el piso. Diez días después había muerto.

Griffith nunca se recuperó. No volvió a pelear con la misma convicción. Él mismo dice que no podía evitar tratar a sus rivales con más cuidado. Golpeaba menos y es comprensible, boxear es difícil cuando se carga a un cadáver en la espalda.

Muchos años después recibió el perdón del hijo de Paret. Griffith rompió en llanto al abrazarlo pidiendo perdón. El momento fue captado en el documental Ring of Fire de Dan Klores y Ron Berguer.

Benny Paret no fue el primer boxeador que acabó su vida en el ring. Emile Griffith no fue el primer boxeador que convirtió sus manos en verdugos. Desgraciadamente eso pasa a veces en el box, ¿no? Para Griffith esto no tenía sentido: “Mato a un hombre y la mayor parte de la gente me comprende y me perdona. Pero amo a un hombre y mucha gente dice que es un pecado imperdonable, que eso me hace una persona perversa”.

EL FINAL DE GRIFFITH VS PARET III

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