La leyenda está de regreso

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Manny Pacquiao dictó una auténtica lección de boxeo en Macao al derrotar por una holgada decisión unánime a Brandon Ríos por tarjetas de 120-108, 119-109 y 118-110.

Mucho se habló previo a la pelea sobre las secuelas que pudiera mostrar Manny Pacquiao tras recibir un nocaut fulminante a manos de Juan Manuel Márquez en diciembre pasado. Y en efecto, Pacquiao mostró esas secuelas, pero no eran las secuelas que se preveían. Y es que lejos de que hubiera una merma de facultades, lo que sí hubo fue un Pacquiao que se prodigó en defensa que hizo lo suyo, su ataque persistente a base de velocidad y manos izquierdas, pero que no se desconcentró un solo momento en defensa, salía rápido del rango, daba sus pasos laterales, hacía girar a Ríos. El Manny Pacquiao post Márquez, era un Pacquiao que por momentos se escabullía como Floyd Mayweather, sin dejar de tirar, y sin dejarse recibir.

Rápido estableció su emblemática mano izquierda Manny Pacquiao en el combate. La usaba recta, a menudo abriendo el ataque con ella y aunque el primer round fue muy especulativo, Pacquiao marcó la ventaja con esa misma mano izquierda conectando con más claridad.

El segundo round fue el mejor episodio de Ríos. Entero físicamente, Brandon cerraba razonablemente bien las salidas, lograba enfrascar a Pacquiao en el combate en corto, y lo castigaba abajo con ganchos a dos manos y arriba con uppers. Hasta ese momento, Manny Pacquiao era precavido y sus combinaciones eran cortas apostándole a la velocidad y saliendo de inmediato. Cuando parecía que era un round para Ríos, Pacquiao apretó en el último minuto, combinando a velocidad, metiendo izquierdas rectas con solidez y nivelando el round. Fue un episodio muy parejo, donde Ríos logró el objetivo de meter a Pacquiao a la guerra de trincheras por momentos. Si hubo un round con el que Ríos evitó la blanqueada en la tarjeta, ese solo pudo ser el segundo, y fue muy parejo.

Pacquiao era todo energía, siempre sobre la punta de los pies, con una dinámica total. El tercer round fue una clara definición de la estrategia del filipino. Entrar, pegar combinaciones de dos o tres golpes, y salir con pasos laterales para hacer girar a Brandon Ríos. El mexico americano se veía entonces obligado a usar los pies, a girar, y rearmar su posición. Veneno puro para un fajador que piensa de la cintura para arriba porque cuando lo hacían girar, Ríos intentaba lanzar sus golpes pero para entonces lo hacía ya en ángulos incómodos, forzados y sin potencia.

Cuando Ríos logra arrinconar a Pacquiao contra las sogas y busca pegarle abajo, el filipino contragolpea con velocidad a la cabeza y sale del terreno corto.

Para el cuarto episodio la táctica de Pacquiao empezó a rendir frutos en la mente de Ríos. Sabedor de que era superado en todos los terrenos, que no lograba imponer su fuerza y que era víctima de la velocidad de Pacquiao, empezó a relajar su guardia. La instrucción desde su esquina era clara: ¡Ciérrate! Y es que Ríos no debía salirse de su plan que era no desconcentrarse, tener su guardia bien montada y desde esa coraza buscar acercarse al terreno corto. Pero no era suficiente porque, ya impotente, Ríos se abría para correr riesgos y buscar atraer a Pacquiao, quien aprovechaba para, con las mismas combinaciones cortas, encontrar los huecos en la guardia de Brandon y le metía sus golpes.

Con eso, Manny Pacquiao desgastó a Ríos, que a partir del quinto round empezó a verse más lento, menos vehemente para cerrar las salidas y con menor capacidad de respuesta a los ataques de Pacquiao. Y el filipino, guerrero de muchas batallas, rápido lo leyó, y empezó a alargar sus combinaciones. Si antes, con un Ríos más entero físicamente, Pacquiao metía combinaciones de 2 o 3 golpes, con un Ríos ya más desgastado, el filipino ya iba por 4 o 5 golpes, a dos manos, arriba y abajo y siempre guardándose lo mejor para su mano izquierda.

La encomienda de Pacquiao era boxearlo, no dejarse pegar. El filipino entraba, pegaba y salía. Se escabullía moviendo la cintura por debajo del golpe de izquierda de Ríos para hacerlo girar. Por momentos, esas salidas con pasos laterales recordaban a ese rival a quien no sabemos si algún día enfrentará: Floyd Mayweather.  La cacería de Brandon Ríos ya era un caso perdido, esperanzado solo a un golpe devastador que no llegó porque Pacquiao, lo decíamos, estaba inspirado en defensa, y nunca ofrecía un blanco fijo.

Ya lanzando combinaciones más largas, Manny Pacquiao lucía como en sus mejores noches. Castigando a dos manos a un Ríos que ya no respondía. El filipino solo le daba blanco para el jab, pues cuando Ríos buscaba combinar un segundo golpe, Pacquiao ya no estaba ahí, se había movido hacia atrás de su hombro, y Brandon tenía que girar para recomponer la posición, mientras era castigado por Pacquiao que aprovechaba el ángulo favorable para él.

Así transcurrió el último tercio de la pelea. Pacquiao no se desconcentraba un instante, hacía lo suyo, entraba, pegaba y salía. Nunca se salió de ese guion, fue un cazador pasivo y nunca fue por el nocaut. No vimos el instinto asesino de otras noches en el filipino que se dedicó a sobrellevar los últimos rounds, limitándose a puntuar lo suficiente para no perder el round y sin buscar liquidar a un Ríos que estaba superado física y psicológicamente.

Cuando sonó el campanazo final, ambos peleadores se quedaron en el centro del ring, donde se habían dado el último golpe, Ríos le sonrió en señal de reconocimiento y se fundieron en un abrazo para terminar la pelea.

Manny Pacquiao está de regreso. Con la misma velocidad, con la misma mano izquierda prodigiosa, con la misma dinámica huracanada, con el mismo volumen de golpeo. Pero esta vez con una defensa esmerada, con mucho trabajo detrás, y con una concentración a prueba de todo. ¿Secuelas? Sí, el golpe de Márquez le dolió y esta noche decidió golpear él, como siempre, pero que no lo vuelven a golpear a él.

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