La noche en que Jhonny González impidió el duelo Mares-Santa Cruz

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El 24 de agosto del 2013 en el StubHub Center de Carson, California, Abner Mares y Leo Santa Cruz no estaban compartiendo cartelera por casualidad. El plan de Richard Schaefer y Golden Boy Promotions era que ambos boxeadores californianos ganaran sus respectivos combates de la noche de manera sobresaliente para después empezar a construir un evento que difícilmente pasaría desapercibido en el estado de California y en el mundo del boxeo.

Leo Santa Cruz demolió en tres rounds al campeón súper gallo del CMB, el tapatío Víctor Terrazas, quien se suponía que iba a dar algunos problemas para que Santa Cruz los resolviera dentro del ring, pero el púgil nacido en Michoacán se sorprendió él mismo con un nocaut tan prematuro. Tal despliegue de habilidades dejaban todo para la pelea estelar de la noche; si tan solo Mares podía verse la mitad de imponente, la pelea entonces tendría mucho sentido: dos jóvenes mexicanos -californianos por adopción- disputando el campeonato mundial pluma del CMB, el cinturón que Mares estaba defendiendo en esa función.

Sin embargo, el capitalino Jhonny González, que llegaba con 46 nocauts en 62 peleas, sabía bien que su rol era el de la potencial víctima. Era un boxeador molesto y motivado por tal hecho. “Me estaban tratando como un escalón y haciendo planes para una pelea con Santa Cruz antes de que [Mares] peleara conmigo. Nadie daba un peso por mí”, dijo el nacido en Pachuca, Hidalgo, después del encuentro. González venía de dos victorias al hilo frente a Eusebio Osejo y Akihiko Katagiri, luego de haber perdido su título peso pluma del CMB con Daniel Ponce de León en septiembre del 2012.

Abner Mares se presentó esa noche de agosto del 2013 cuando justamente le había quitado el cinturón peso pluma del CMB a Ponce de León en mayo de ese mismo año, con una victoria por nocaut técnico en el noveno episodio. La mesa estaba servida, entonces, para que Mares cenara. Según Jhonny González, lo hicieron vendarse dos veces las manos momentos antes de la pelea para intentar sacarlo de concentración y darle un poco de ventaja al peleador que esa noche jugaba para la casa.

Pero sabemos que por más medidas de precaución que se tomen, hay detalles que escapan de cualquier control. “Simplemente hay que disfrutar las peleas. Todos pensamos que sabemos lo que va a pasar”, dijo Schaefer, entonces Director Ejecutivo de Golden Boy Promotions, al finalizar la pelea. “Creemos que sabemos todo, pero la verdad es que no. Y por eso es que el boxeo es tan emocionante.”

Faltando cuarenta segundos para que terminara el primer round, González conectó un perfecto gancho de izquierda a la mandíbula de su adversario para mandarlo a la lona. Mares alcanzó a vencer el conteo de diez segundos pero seguía en muy malas condiciones cuando se puso de pie. González tiró todo lo que tenía y derribó otra vez al peleador que en el guión debía de haber acabado con su carrera esa noche. Mares tenía la mirada perdida mientras intentaba levantarse, tan desencajada, que el réferi Jack Reiss contó nada más un par de segundos antes de parar la contienda. Quedaban algunos segundos en el reloj. ¿De haberlo dejado continuar, Mares habría podido, por lo menos, concluir el round inicial? 

El registro en los libros apunta que la pelea se detuvo a los 2 minutos con 55 segundos de haber arrancado. Se puede decir que esa noche Santa Cruz y Mares estuvieron quizá a cinco segundos de poder enfrentarse, porque de Mares haber terminado el round, cualquier otra cosa podría haber sido escrita. Pero en una pelea basta un solo golpe para arruinar los planes de la maquina corporativa, o por lo menos de retrasar su reloj por algunas cuantas noches. 

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