El boxeo post soviético, la nueva potencia

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A poco menos de 25 años desde la disolución de la Unión Soviética el mundo del boxeo sigue ajustándose al cambio. Los peleadores originarios de las 15 repúblicas resultantes de la fragmentación soviética han ido tomando un lugar de protagonismo en el boxeo mundial. 

Por décadas, a los boxeadores soviéticos se les entrenó y se les adoctrinó para buscar el honor patrio en competencias internacionales y nada más. El máximo anhelo era ganar una medalla olímpica y superar a Estados Unidos. La presea olímpica era la culminación de su carrera, pues en el comunismo estaba prohibido el profesionalismo. Ganar millones de dólares peleando era un objetivo que estaba fuera de la mente de los grandes peleadores soviéticos, pero también de su corazón.

La situación comenzó a cambiar con la llegada de Mikhail Gorbachev al poder en la Unión Soviética en 1985. Gorbachev implementó la Perestroika y la Glasnost, reformas políticas para abrir el país. Como resultado de esta apertura, a un equipo de seis peleadores amateurs soviéticos y a su entrenador se les permitió salir del país para establecerse en Japón, entrenar en el reconocido gimnasio Kyoei y convertirse en los primeros profesionales soviéticos de la historia. La concentración de talento era tal, que de ese pequeño grupo salieron dos campeones mundiales.

Yuri Arbachakov, de Rusia, era parte de ese grupo. Debutó profesionalmente en febrero de 1990, y para mediados de 1992, unos meses después del colapso de la Unión Soviética, se convirtió en el primer campeón mundial ruso de la historia al ceñirse el cetro del CMB en la división mosca. Y el segundo post soviético en coronarse profesionalmente fue Orzubek Nazarov, de Kirguistán, que en octubre de 1993 se coronó campeón mundial ligero por la AMB. De seis peleadores en aquel equipo, dos llegaron a ser campeones mundiales y bien establecidos. La concentración de talento era obvia.

El 25 de diciembre de 1991 se oficializó la fragmentación de la Unión Soviética. A partir de entonces, los países resultantes comenzaron a incorporarse a la economía y al estilo de vida del libre mercado. Para los boxeadores fue una transición muy lenta que, hasta el día de hoy, no termina de superarse.

El primer peleador exitoso en aprovechar la caída de la URSS, y hacer uso de su nueva libertad, fue el ruso Kostya Tszyu, que había participado en los Juegos Olímpicos de Seul 1988 representando a la Unión Soviética y que en su historial tenía dos medallas en campeonato mundial amateur, la última de ellas un oro en el mundial de 1991 que se celebró en Sidney, Australia. Cuando la Unión Soviética se disolvió a finales de ese mismo año, Tszyu decidió marcharse a Australia y hacerse profesional. En enero de 1995, Kostya Tszyu se coronó campeón mundial de peso súper ligero de la FIB y llegó a ser el campeón unificado de la división por la FIB, el CMB y la AMB.

Pero ese primer ímpetu de los boxeadores post soviéticos en el profesionalismo no evolucionó con la velocidad que se esperaba. Desde la disolución de la Unión Soviética, los peleadores de las 15 repúblicas han ganado 58 medallas olímpicas. Sin embargo, solo 15 de esos peleadores optaron por ir al profesionalismo. La calidad de esos peleadores es innegable, pues más de la mitad de ellos llegaron a ganar a campeonatos mundiales en el profesionalismo y uno más llegó a pelear por un cinturón de título mundial, aunque perdió. En estas cifras podemos ver que son muchos los peleadores que no van al profesionalismo, pero que si lo hicieran tendrían amplias probabilidades de éxito. Nuevamente, como en aquel primer grupo de seis peleadores soviéticos, la concentración de talento, es evidente.

En los países ex soviéticos ha existido una aversión al profesionalismo que se ha ido revirtiendo muy lentamente, un cambio casi filosófico, pero inspirado en los éxitos de los últimos años de peleadores como los hermanos Klitschko, Vic Darchinyan o hasta el mismo Gennady Golovkin, o Ruslan Provodnikov, entre otros.

Los hermanos Klitschko se apoderaron de la división de los pesados y son un éxito económico en Europa, pero tuvieron que salir de su país, Ucrania, para poder ser rentables. Sus carreras las hicieron en Alemania, donde son celebridades. Ocurrió lo mismo con la gran mayoría de los otros peleadores post soviéticos, y es que la industria del boxeo en la ex URSS sigue estando subdesarrollada a pesar de la abundancia de talento. Esa es una de las razones por las que pocos peleadores de la región pasan al profesionalismo a pesar de sus éxitos amateurs y de su innegable calidad.

Ese es un tema que han atacado los promotores locales, que han buscado potenciar la industria en Rusia, Ucrania, Kazajistán y los países exitosos en términos boxísticos de la ex URSS. La mejor prueba de ello es el promotor ruso Vladimir Hryunov, quien ofertó 23 millones de dólares para ganar, por mucho, la subasta para organizar la pelea entre el ucraniano Wladimir Klitschko y el ruso Alexander Povetkin en Moscú, que fue un evento histórico y crucial para desarrollar el boxeo profesional en la región.

Esto nos da una idea clara de la potencia que viene. Mientras los promotores ex soviéticos sigan empujando por desarrollar la industria local, más peleadores de incuestionable calidad, pasarán al profesionalismo y el resultado puede ser abrumador. Ya Ruslan Provodnikov y su estilo frontal y guerrero cautivaron al público para coronarse campeón súper ligero OMB. Y Gennady Golovkin, con su estilo poderoso y contundente, además de ser una promesa comercial en occidente, será una inspiración para encontrar al próximo Klitschko o Golovkin.

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