Los problemas del "Problema"

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En la letanía de artículos que han salido desde que Adrien Broner fuera humillado por las pesadas manos de Marcos Maidana, la victoria del argentino parecer estar descrita invariablemente como una “gran sorpresa”. No suscribo esa opinión. La única sorpresa, para mí, fue que Broner no terminara noqueado de mala forma.

El estadounidense merece el gran crédito de tener la bravura para mantenerse de pie hasta el campanazo final. Tristemente para él, su impresionante resistencia al golpeo y razonable poder de recuperación son las únicas cosas positivas que puede presumir como saldo de su primera derrota como profesional.

Desde que vi las fotos de un muy hinchado Adrien Broner parado junto a un Maidana cincelado y de aspecto maleante, pensé que el Chino derrotaría a Broner en gran forma. Era claro que el retador iba a lo que iba y que estaba listo para pelear en cualquier momento. El campeón Broner, mientras tanto, parecía listo para reventar. Estaba en pésima forma física apenas seis semanas antes de la pelea más difícil de su carrera. Esa imagen evidenció con perfecta claridad el contraste con el que ambos peleadores trataron esta pelea.

Y cito mi propio artículo, escrito antes del combate, donde dije: “Uno podría deducir a partir de la actitud de Broner en cuanto a ponerse en forma física, que está demasiado confiado en su propia habilidad o que no tiene ningún tipo de respeto por la habilidad de Maidana.

“Creo que se puede creer en la convicción de que Maidana podría hacer que Broner pruebe por primera vez una taza de su mismo chocolate, y arrebatarle de su, cada vez más voluminoso estómago, el cinturón welter AMB, especialmente luego de ver su transformación, de ser un fajador crudo a un pegador-boxeador más pulido bajo la tutela del ‘Entrenador del Año 2012’, Robert García”.

Como muchos llamados expertos, Adrien Broner también cometió el fatal error de dudar sobre la credibilidad del reto de Maidana. Basaron sus juicios en la opinión de que es un fajador unidimensional que sería desarmado por la clase y la sofisticación de la habilidad boxística de Broner. Esos escritores, que como Broner mismo, basaron su fe en ese popular prejuicio de que Maidana era unidimensional (alguna vez lo fue) obviamente han prestado aún menor atención al cambio drástico en el estilo de Maidana, como tampoco prestaron atención a la insípida actuación previa de Broner frente a Paulie Malignaggi.

Igualmente, mucha gente que predijo la caída de Maidana sobrestimaron también el talento de Adrien Broner. Como dijo Noel Gallagher de Oasis: “Si le sigues diciendo a todos que eres el mejor, la gente empezará a creerlo”.

Que Adrien Broner proclamara constantemente que él era el futuro del boxeo cuando se retirara su “hermano mayor”, Floyd Mayweather, pareció convencer a mucha gente de que sus palabras eran casi un evangelio. Para algunos, Broner era de alguna manera la segunda venida de Floyd Mayweather simplemente porque copiaba su ritmo de golpeo conservador, su técnica de “shoulder roll” y su habilidad para los comentarios provocadores. Pero al caer en la creencia de que Broner era una semi deidad por las constantes comparaciones entre ambos, perdieron de vista una diferencia entre ambos: aunque pueda hablar como habla Floyd, Broner no puede caminar como camina Floyd. Ciertamente, no en la división welter.

Esto fue abundantemente claro en su poco convincente actuación en que le ganó de forma controversial el cinturón AMB a Paulie Malignaggi a pesar de ofrecer un boxeo muy pobre. Afortunadamente para él, Malignaggi es el más débil pegador entre los welters contendientes y no tuvo el poder de exponerle debidamente sus deficiencias a Adrien Broner aquella noche.

Inmediatamente después de la pelea con Malignaggi, el héroe de Broner, Mayweather Jr., no podía esconder su inconformidad con la actuación de su “hermano pequeño”. Declaró a esnewsreporting: “Hay muchas cosas que él aún tiene que aprender. Creo que debió haber logrado el nocaut. Se vio muy pesado de pies”.

Broner no parece haber aprendido nada de su pelea con Malignaggi. Excepto que en el boxeo, el peleador que tiene más nombre, ese que es predestinado para el estrellato por las televisoras y las promotoras, normalmente tiene el beneficio de cualquier duda en peleas cerradas que se van a la decisión. Esa sensación de ser “el elegido” le permite pensar que puede simplemente subirse al ring y esperar ganar porque está en un “nivel” diferente a su adversario.

Sin embargo, en la primera exposición de su título ante Marcos Maidana, su ritmo conservador de golpeo –un emblema de su estilo desde sus inicios- estaba enfatizado por el temor a iniciar el intercambio porque estaba muy cauteloso de la respuesta de Maidana, un golpeador brutal con ambas manos.

Y es que esta era la primera vez que Broner, que estaba muy acostumbrado a abrumar a sus oponentes cuando peleaba en 130 y 135 libras, enfrentaba a un peleador que no solo tenía un mayor ritmo de boxeo, sino que también poseía un poder de golpeo muy superior. En los rounds intermedios, la mayoría de sus rivales en las divisiones más livianas ya se habían desanimado y se veían obligados a pelear en modo de supervivencia cuando Broner encontraba su ritmo. Pero Maidana nunca se dejó superar. Cuando fue claro que, aún en su período de relativo éxito en la pelea, no podía mitigar el ritmo de Maidana ni repeler los ataques de ese oponente sin reversa, fue igualmente evidente que Broner sería dominado y derrotado.

Hasta un ser humano tan arrogante como Broner, seguramente debió haberse dado cuenta de que estaba en serio peligro de perder su título. Pero aun así, su falta de urgencia era increíble. Psicológicamente, tiró la toalla mucho antes del campanazo final, y aceptó la derrota muy fácilmente, especialmente si consideramos que Broner era un multicampeón mundial invicto.

Ahora que su récord invicto ya no está y nunca regresará, quizás Adrien Broner abandone esa arrogancia nauseabunda y se enfoque en mejorar como peleador en lugar de hacer películas porno o insultar a todos sus adversarios. Ahora el mito de su invencibilidad ha sido roto, en la misma forma en que Maidana le dejó su mandíbula, y quizás despierte a la sobria realidad de que nadie en la división welter está asustado de Adrien Broner. Ya nadie le va a comprar lo que Broner vende. Hoy, que ya no puede depender de su récord invicto, debe regresar a las bases y mejorar.

Primero, debe abandonar esa obsesión por imitar a Floyd Mayweather, y concentrarse en refinar su propio estilo de pelea. Debe lanzar la cantidad suficiente de golpes para ganar o pasará por lo mismo la próxima vez que enfrente a cualquier peleador de élite en la división welter.

El “Problema” finalmente ha sido expuesto como un falso profeta, y todo depende de lo que él logre ver en sí mismo. ¿Podrá el “Problema” solucionar sus propios problemas?

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