Maidana habló sobre el ring

Compartir en:


Soy de la opinión, que si uno abraza la osadía de tomar una postura altanera, irrespetuosa con el contrario, impertinente e incluso soez, debe saber diferenciar lo que es el papel a lo que acontece dentro del ensogado. A veces es necesario agregar expectación a los combates, por ello los cruces de declaraciones previos y las provocaciones siempre han ido de la mano del boxeo, pero cuando el profesional se pasa de la raya y menosprecia al rival más allá de lo que es el teatrillo, comete un grave error que se suele pagar en el ensogado.

Anoche en el Alamadone de San Antonio, Adrien Broner (27-1, 22 KO) recibió una lección por parte de Marcos René Maidana (35-3, 31 KO) que jamás olvidará: las payasadas en casa. Desde el tañido inicial de la campana, el argentino borró al entonces campeón AMB del peso wélter con un boxeo agresivo que no encontró respuesta en su rival. Broner aguantó hasta la decisión (117-109, 115-109, 115-110) pero en ningún momento transmitió la sensación de poder alzarse con la victoria, perdiendo su invicto, y lo que es más importante, su cetro AMB. Ganó el guerrero, ganó el profesional, ganó el boxeador. Ganó Maidana.

Me gustaría poder abordar ahora mismo al entrenador de Broner, Mike Stafford, y preguntarle qué es exactamente lo que pretendían con la estrategia de combate blandida durante los 12 rounds. Soy consciente de que no debe ser precisamente camino llano meter en cintura a un hombre del esperpéntico carácter que posee Broner, pero si el señor Stafford pretendía que ganaran el combate sin dar un solo paso lateral, visto está el resultado. Broner no se movió en todo el combate, convirtiéndose en un blanco fácil, muy fácil para Maidana, que solo tenía que esperar y lanzar sus peligrosos ganchos arriba y abajo para conectar al campeón. Este fue el guión de la pelea en sus 12 rounds: Broner estático, prácticamente inarme, y Maidana combatiendo a placer.

El aspirante comenzó la pelea como un toro, asediando al campeón y empujándolo contra las cuerdas en los primeros rounds. Este trabajo dio pronto sus frutos cuando en el segundo round Broner acabó en la lona con una izquierda larga que no fue capaz de eludir. Y es que desde el principio, el americano se vio superado por un rival mejor preparado y más motivado por toda la marejada previa. Broner logró sobrevivir a este momento de crisis, tratando de boxear algo más con el jab, pero recibiendo un castigo impropio de alguien que pretende ser considerado como el discípulo más aventajado de Mayweather. Maidana continuó llevándolo a las cuerdas cuando así lo consideró preciso, y en ese terreno, sobretodo con manos por encima de la guardia en forma de volado, dañaba al campeón con extrema facilidad. Sin piernas, el único resuello que hallaba Broner llegaba cuando lograba empujar a Maidana por el cuello, gesto que repitió durante toda la pelea y que de manera inexplicable, no fue sancionado por el tercer hombre.

Superado el ecuador del combate, Maidana seguía irradiando peligrosidad mientras que Broner, inoperante, aunaba alguna reacción en forma de combinación con momentos de insufrible impasividad. El campeón pareció crecer algo al ver cómo su rival pagaba el esfuerzo realizado, sin embargo todo atisbo de reacción se difuminó en el octavo asalto: dos cruzados sucesivos de izquierda penetraban en la endeble defensa de Broner y lo devolvían de nuevo a la lona. Cuando el final parecía de nuevo cerca, Maidana le propinó un cabezazo deliberado que dio un minuto de respiro a su rival y le hizo perder un valioso punto. El argentino dejó pasar la oportunidad de cerrar la pelea, y afrontó el tramo final claramente por delante a los puntos, pero sufriendo la tímida reacción del todavía campeón. Más con espíritu que con boxeo, Broner buscó combinaciones para invitar así al argentino al intercambio, sin embargo el argentino resistió la embestida y se convirtió por correcta decisión unánime, en el campeón AMB del peso wélter.

Así terminó este cuento, con Maidana abrazando el título y Broner de camino al hospital por una posible fractura de mandíbula en una pelea de gran intensidad pero poco vistosa. El trabajo del argentino fue implacable, y arrastró el combate a un terreno donde su pegada amedrentó desde el primer segundo al rival, sin embargo, no vimos ni mucho menos al mejor Broner. Por mucho talento que uno posea, si no se toma en serio a sus rivales, por bueno que sea, tarde o temprano prueba el amargo sabor de la derrota. Espero que esta mácula en su registro le haga madurar y replantearse mucho, tanto de su trato hacia los rivales como de su estilo de boxeo. No puedes presentarte a una pelea de este nivel sin la voluntad de trabajar. Mayweather podrá ser lo que queramos, pero es un profesional cuya preparación para las peleas siempre es extraordinaria. Si Broner pretende imitarle, que empiece por ahí.

 

¿Te gustó?


39