Manny Pacquiao lejos de ser un libra por libra del PPV, Bob Arum se burla (otra vez) del boxeo

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"Este artículo fue publicado originalmente en VICE Sports.

Forbes coloca al "Peleador de la Década" lejos del top 5 de boxeadores que mejor venden por televisión. Su próximo rival podría empeorar su situación y la de Bob Arum. El boxeo, otra vez, el mayor perdedor.

"Creo que tengo velocidad, tengo un estilo similar al de él, me muevo bien. Le será difícil conectarme golpes porque ha peleado con algunos tipos que no se mueven del todo". El argumento central de Jeff Horn, próximo rival en la lista de Manny Pacquiao, se basa en el atributo que la edad nos niega paulatinamente a todos, pero que se ensaña particularmente con los deportistas de alto rendimiento: la juventud.

Sin embargo, cuando se cuenta con un promotor tan audaz y descarado como Bob Arum, y con un grupo de fanáticos ilusos que no se valoran como consumidores, el desgaste físico natural pasa a segundo plano; el cuerpo puede esperar, pero no la chequera, y mucho menos el morbo. Jeff Horn, segundo mejor clasificado wélter de la OMB, es el trampolín ideal para lo que podría ser la última aparición de "Pac-Man" ante un boxeador de renombre -se habla mucho de Lawrence Crawford-. Y es que la realidad nos muestra a un Pacquiao más afuera que dentro del ring, empecinado por acrecentar su leyenda y obligado a hacer un hueco en su ocupada agenda como senador de las Filipinas.

El modus operandi de las peleas innecesarias posee el mismo aire de algarabía y cinismo. Lo vimos hace un par de semanas en Las Vegas. Óscar de la Hoya se cansó de repetir que "Canelo", su peleador, y el rival en turno, Julio Chávez Jr., lo darían todo por engendrar una nueva rivalidad en el vasto historial de contiendas entre mexicanos. Lo que vimos después de 12 tristísimos y desvergonzados rounds fue la prueba fehaciente de que la retórica (barata) adornada con una deslumbrante producción siguen engañando a los sentidos; en el boxeo, el peso del carácter dionisíaco del espectador presume una superioridad inquebrantable e inquietante sobre lo apolíneo.

Para Glenn Rushton, entrenador de Jeff Horn, la estrategia de Bob Arum, es decir, el hecho de enfrentar a su superestrella filipina ante un desconocido -no se vale presumir las "credenciales" del australiano para justificar la contienda; las cosas hay que decirlas como son- tiene una lógica. "Desde la perspectiva de Bob Arum [la pelea] tiene una lógica económica porque si Jeff gana se quedará con otra superestrella que posiblemente pueda pelear unos siete años más. Si no gana, pero da una grandísima pelea, Manny Pacquiao seguirá agrandando su imagen y, probablemente, obtenga una pelea contra Terence Crawford a finales de año; un negocio más", comentó Rushton para The Ring.

Es evidente que a Bob Arum le importa poco acrecentar el legado de Pacquiao. Lo que busca es empachar su cartera y hambre de poder. El filipino podría retirarse ahora mismo, sin previo aviso, y nadie le reclamaría absolutamente un carajo. Todo lo contrario, el boxeo le extrañará -después de su inminente retiro-, pues pasarán varios años, quizá décadas o, incluso, siglos, para encontrarnos en el camino de un boxeador que redefinió el concepto del temerario fajador y forjó a base de carisma y compromiso la diáspora de peleadores filipinos en busca de una nueva vida. ¿Ahora entienden por qué le resulta a "Pac-Man" una tarea casi imposible retirarse a sus labores como servidor público en su tierra natal?

Arum se aprovecha de la gratitud que Pacquiao siente por este deporte. Lo de Arum es mera avaricia. Porque si se tratase de lo contrario, el empedernido mandamás de Top Rank habría pavimentado el camino para un choque entre Manny y Crawford desde ya, sin pausas innecesarias (porque el tiempo apremia) o ante algún rival de élite de la división con más talento en la actualidad. El aplazamiento de una posible despedida a la altura del legendario filipino sólo demuestra el poco o nulo interés y respeto de Arum por el boxeo y sus seguidores.

Para contestar a Rushton, el sitio Forbes publicó hace unos días el ranking de los "libra por libra en ventas", listado que se modifica mes con mes con base en el desempeño de los mejores boxeadores de la actualidad. Si la función es entretenida habrá más demanda y, por ende, más plata. Pero en el caso de Pacquiao, Forbes lo ubica en la novena posición detrás de Vasyl Lomachenko -la nueva sensación de la estética boxística-, luego de que el acuerdo (de palabra) con Amir Khan no se respetara y Arum tuviese que recurrir a un plan alterno; sinceramente, un plan B vergonzoso.

Los clichés y demás adornos han comenzado a poblar la Pacquiao-Horn en un intento por vender algo que a primera vista es una tomada de pelo: "The Battle of Brisbane" ya aparece como metonimia de la contienda, y se calcula que hasta 55 mil fanáticos acudirán al Suncorp Stadium de Queensland, Australia para ver a un consumido Pacquiao quitarle el invicto a un no tan joven rival (para los estándares del boxeo) vía decisión unánime.

De resultar una pelea a la Chávez Jr-Canelo, Pacquiao se hundiría aún más abajo en la lista de ventas PPV, y con ello su imagen tan cerca del retiro. Nos podríamos ahorrar este tipo de malabares fallidos para "revivir" la carrera de un boxeador que no necesita salvación. En cuanto a Jeff Horn, su invicto quedaría mancillado, pero qué mejor que ante uno de los titanes del deporte mundial.

La redención del boxeo quedará a manos de un nocaut o una pelea competitiva, sangrienta, el 2 de julio próximo. Pero Horn no posee esas cualidades; Pacquiao sí, pero se necesita un gran rival para dar una gran pelea. Arum tendrá que replantear qué hacer con su mina de oro o, mejor dicho, contra quien enfrentarlo la próxima vez para no pasar más bochornos y regresar a las listas de mayores ventas de PPV que, después de todo, es lo que más le seduce y satisface.

 

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