Mike Tyson y el condón que no desinflamó su ojo

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El 11 de febrero de 1990 pasó a la historia del boxeo como el día que se consumó una de las más grandes sorpresas sobre un encordado: James “Buster” Douglas noqueó a Mike Tyson.

Era la primera derrota en la carrera de Tyson, un peso completo y campeón unificado, que era una auténtica fuerza brutal de la naturaleza. Ese día, en Tokio, fue un día de locura, de sorpresa, de incredulidad.

Era también la primera muestra de humanidad que daba un Mike Tyson que hasta entonces parecía invencible, pero también era un Tyson que ya había entrado a un tobogán en su vida personal. Era el objeto de una lucha de poder entre sus primeros manejadores, Don King y su esposa Robin Givens. Era también un Mike Tyson arrastrado por los excesos.

Para ese 11 de febrero, Tyson se había deshecho de sus primeros entrenadores, y tenía en su esquina a un grupo de peones de Don King que no tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Al final del quinto round, eso quedó claro.

El ojo izquierdo de Mike Tyson comenzó a inflamarse seriamente, pero cuando terminó el round y Tyson volvió al banquillo, en su esquina se dieron cuenta que no tenían la “Enswell”, la famosa herramienta metálica en forma de plancha que reposa sobre hielo y que se le aplica a los peleadores en las inflamaciones para contenerlas y reducirlas. Una esquina sin esta herramienta, es como un médico sin su maletín. Para tratar el ojo de Tyson, los hombres de su esquina, Aaron Snowell y Jay Bright, llenaron de agua fría un aditamento de látex para ponerlo en la inflamación.

Mucho se ha debatido con el paso del tiempo si realmente fue un condón lo que llenaron de agua fría en su esquina para tratarle la inflamación o si se trató de un guante de látex, como han asegurado quienes acompañaron a Tyson aquel día.

El periodista Joe Layden escribió en 2007 un excelente libro, “The Last Great Fight”, donde explora todo lo acontecido durante y alrededor de aquella pelea. Layden le planteó el tema al propio “cutman” de Tyson, Aaron Snowell: ¿Era un condón?

“No”, le respondió Snowell entre risas. “Era un guante (de látex), y aún me sorprendo de que no se haya roto. Lo llenamos de agua fría de la cubeta. Algo teníamos que hacer”.

Sin embargo, otra persona bastante cercana en la esquina, el propio Mike Tyson, relata en su recién publicada autobiografía “Undisputed Truth” lo siguiente:

“Durante el quinto round, mi ojo se empezó a inflamar, pero cuando regresé a la esquina, ni siquiera tenían la Enswell para mantenerme el ojo abierto. No lo podía creer cuando llenaron lo que parecía ser un condón extra grande con agua helada para ponérmelo en el ojo”, relata Tyson.

El testimonio de Tyson de que aquello parecía un condón es el más reciente que ha abordado el tema. Y el ya mencionado periodista Joe Layden parece coincidir con la versión de Tyson.

“De hecho, el aditamento, aparentemente sin dedos, parece más un profiláctico que un guante de látex”, señala el autor en su libro.

Y efectivamente, en el video de la pelea, que puede ser encontrado en YouTube, solo se ve un globo de látex lleno de agua tratando la inflamación. Por ningún lado se le ven los dedos como para pensar que es un guante, como aduce Snowell, quien siguió tratando el ojo de Mike Tyson en los rounds siguientes hasta que llegó el desenlace en el décimo, cuando Tyson cayó noquead

La anécdota del guante, o el condón, está llena de simbolismos para entender la caída de un Mike Tyson que nunca volvió a ser el mismo después de aquel día en Tokio. La esquina inexperta, impuesta por un Don King que en ese momento estaba enfrascado en una lucha de poder con Bill Cayton, su promotor de toda la vida, para hacerse del poder de promocionar y hacer negocio con Tyson, pasó factura. El equipo que llevó Tyson a su esquina fue la burla por mucho tiempo en el ambiente boxístico.

Poco más de un año después, la carrera de Tyson sufrió un revés letal cuando el peleador fue acusado de violación sexual y encarcelado. Su última pelea antes de ir a prisión fue en junio de 1991 y no volvería a pelear hasta agosto del 95. Y el nuevo Mike Tyson, después de prisión, fue apenas una grotesca sombra del gran peleador que llegó a ser el campeón mundial más joven en la historia de los pesos pesados. El condón, la noche de su derrota más importante, fue casi un epitafio boxístico: “Aquí yace un hombre derrotado por los excesos”.

 

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