Manny Pacquiao y el arte de pelear con un ojo en Vargas y otro en Mayweather

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Con 37 años y un lugar asegurado en el Salón de la Fama de Canastota, la ya legendaria carrera de Manny Pacquiao está más allá del bien y el mal. No tiene nada más que demostrar ni ningún nombre que falte en su lista de victorias, excepto Floyd Mayweather Jr.

Un triunfo sobre Jessie Vargas difícilmente le ha sumado algo a un historial como el del filipino, pero la pelea le sirvió para decirle al mundo que sigue vigente, que aunque ya no es el Pacquiao de antes, sigue teniendo suficiente capacidad para derrotar a los contendientes del momento. Y le sirvió también para reiterarle al propio Floyd Mayweather Jr. que quiere una revancha.

Fue Manny Pacquiao quien invitó a Mayweather a asistir al Thomas and Mack Center de Las Vegas para ver su pelea. Y Mayweather aceptó, y acudió. Lenguaje diplomático al más alto nivel, pues Mayweather no regala guiños: va a donde le conviene, con quien le conviene y lanzando las señales que a él le convienen. Y durante la pelea, Pacquiao estaba con un ojo en Vargas y otro en Mayweather sentando en primera fila, enviándole a Money sonrisas, saludos, y dedicatorias.

Al final de la pelea, cuando se anunció la victoria a favor del filipino, Pacquiao buscó el poste más cercano al lugar donde estaba Floyd y ahí festejó. Money dio su aprobación, le devolvió la sonrisa y lo felicitó a la distancia. Pacquiao agradeció.

Nada es coincidencia. Todo parece meticulosamente planeado para generar expectativa, para poner a hablar y a pensar a la industria del boxeo sobre una revancha.

Pacquiao salió de un cortísimo retiro. Y en una carrera como la del filipino donde no hay nada que demostrar, solo regresa aquel que tiene un pendiente por cumplir. Para Manny, ese pendiente es volver a enfrentarse a Mayweather. El filipino asegura que en la primera pelea estuvo lastimado del hombro, pero que en una revancha, ya sin la lesión, derrotará a Floyd. Hay algo de orgullo, y por supuesto, mucho de negocio, pero Pacquiao no se quita la revancha de la cabeza 

Floyd Mayweather, por el otro lado, jura y perjura que está muy bien en el retiro, que no le hace falta nada, pero le entra al juego. Hace unas semanas volvió a entrenar al gimnasio, se le ha visto haciendo sesiones de sparring en el ring, y en el acto máximo de provocación mediática, asistió a ring side a la pelea de Pacquiao, sabiendo de antemano que los reflectores estarían sobre él y que se reactivarían las especulaciones sobre una posible revancha. Quizás eso era precisamente lo que Floyd buscaba.

Y es que, más allá del atractivo obvio que habría en una revancha desde el lado económico, también lo hay desde el deportivo. Manny Pacquiao insiste en que subió lesionado del hombro a su primera pelea, que se lastimó el manguito rotador del hombro poco tiempo antes del combate, que tuvo que pelear con un solo brazo, y que por eso merece la revancha. Según Pacquiao, hay que dirimir quién es el máximo talento de su generación, estando ambos sanos. Y quizás sí quepa su argumento, porque ya en alguna ocasión Floyd Mayweather Jr. tuvo que recurrir a un discurso idéntico para justificar una mala actuación sobre el ring.

Fue el 20 de abril de 2002, el día que Floyd Mayweather fue favorecido por los jueces en el triunfo más controvertido en la carrera de Money, una pelea en que muchos vieron ganar a José Luis Castillo. En aquella ocasión, Floyd también dijo que se había lastimado el manguito rotador del hombro unos días antes de la pelea, que ante Castillo tuvo que pelear con una sola mano, y que pese a que él había resultado ganador, esa pelea merecía una revancha para dejar en claro quién era superior.

“En mi último día de entrenamiento, me lastimé el manguito rotador de mi hombro izquierdo y no pude usar mi jab como quería”, dijo Floyd en la entrevista sobre el ring después de la pelea. “Mi izquierda no era tan fuerte como yo quería. Pero no quería poner ninguna excusa, como otros campeones que se salen de la pelea cuando se lastiman”.

“(Castillo) es un tipo fuerte”, le diría Mayweather en su momento a la revista KO, “pero peleó ante un rival que solo tenía una mano y estuve ahí todo el tiempo. Demostré mucho porque peleé con una sola mano ante un gran campeón y aun así, gané”.

Floyd Mayweather concedió la revancha directa a José Luis Castillo, y esa vez dominó claramente para quedarse con el triunfo. Por casi 12 años fue la única revancha que Floyd Mayweather concedió, hasta que llegó el Chino Maidana.

Dado que Floyd pasó por lo mismo, y dado que tuvo la oportunidad de demostrar que estando sano era superior al rival, no tendría que negarse a una revancha con Manny Pacquiao.

Y el mundo del boxeo, tanto industria como aficionados, necesitan una revancha digna para abrochar la rivalidad entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao. La primera pelea entre ambos fue una monstruosidad desde el lado financiero, vendiendo 4.4 millones de Pagos por Evento, imponiendo récord histórico y superando por más del doble al registro más alto anterior. Sin embargo, sobre el ring, la pelea fue una decepción igual de histórica. Un combate con poca acción, anti climático a la expectativa generada por tantos años de espera, y con un Manny Pacquiao que cada que atacaba tenía que recular por la lesión. La decepción lanzó ondas expansivas a toda la industria, generando escepticismo entre los aficionados y pobres marcas de Pago por Evento en las peleas que siguieron.

El sábado pasado, el rival de Manny Pacquiao no fue Jessie Vargas, sino Floyd Mayweather. Y lo que ocurrió esa noche parece el inicio de una astuta campaña publicitaria para gestar una revancha a la fallida “Pelea del Siglo”. Ellos necesitan esa reivindicación y el boxeo también.

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