Ward vs. Golovkin, un sueño ¿posible?

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Hoy en día, los seguidores al boxeo tenemos un problema que en ocasiones es harto complicado de superar: la no formalización de grandes combates. Para los aficionados de otras disciplinas deportivas, debe ser difícil entender por qué en ciertas ocasiones, los dos mejores peleadores de un determinado estadio pugilístico, pueden llegar a no enfrentarse nunca, independientemente de los deseos de los aficionados. Es un sinsentido que los mejores no se batan en duelo, y es también una circunstancia que solo despierta desazón en el aficionado, quien eventualmente, termina perdiendo interés.

No es menos cierto que en muchas de estas negociaciones, el dinero suele sellar los acuerdos, pero dejar en manos de intereses económicos aquello que debería estar fundado únicamente en intereses deportivos, mancha esta disciplina que tanto amamos. Debería existir un organismo, por encima de todos los demás, que tuviera la potestad de decir: tú y tú, aquí y ahora. Uno que por ejemplo cogiera al campeón AMB del súper medio Andre Ward y lo enfrentara al campeón AMB del peso medio Gennady Golovkin. Para premiar a ese aficionado, gracias al cual, el boxeo todavía existe hoy en día.

Creo que mi punto de vista no está exento de lógica. El noble arte se ha convertido en una intrincada red de promotoras y organismos en la que los aficionados son el último mono de la lista. Entiendo, por otra parte, que determinado campeón pueda escoger un número limitado de defensas opcionales, pero no concibo la carta magna que tienen, por ejemplo, boxeadores como Floyd Mayweather. La libertad sin coto es una aberración, y que el mejor libra por libra de la actualidad pueda escoger al rival que se le antoje pensando solo en lo réditos económicos, es un esperpento. Esto mata la competición, y si el boxeo quiere sobrevivir al inexorable paso del tiempo, debe hallar la fórmula de aunar la capacidad de decisión de los campeones, con los organismos, con las promotoras, y con los aficionados. No voy a escribir de la necesidad de acabar con personajes como Bob Arum, ni del evidente requerimiento de una unificación de organismos, ni de la obligada revisión de la excesiva cantidad de divisiones. Me centraré centrar en elucubrar sobre un combate que, si este deporte estuviera mejor organizado, ya estaría firmado.

Por un lado Andre Ward. Con 29 años, es el campeón invicto del súper medio. Tras una larga lesión ha regresado a los cuadriláteros, y demostró contra un buen boxeador como Edwin Rodríguez, que es uno de los púgiles con mayor inteligencia y mejores aptitudes defensivas sobre un ensogado de la actualidad. Al otro, Gennady Golovkin, 31 años, campeón invicto del peso medio. Probablemente el pegador más furibundo del momento. Un asesino del ring que por unas razones u otras, se está quedando sin rivales en su categoría. Ambos tienen problemas para encontrar rivales siendo, hoy por hoy, los mejores de sus divisiones. Un enfrentamiento entre estos dos tremendos peleadores sería espectacular para la afición y por contra, malo para los bolsillos.

El primer obstáculo que nos encontramos para la firma de esta pelea, es la diferencia de peso. Golovkin combate en el medio, entre 69 y 72 kilos más o menos, Ward por su parte lo hace en una categoría superior, entre 72 y 76 kilos. Siendo francos, ¿realmente sería tan difícil hallar un punto intermedio que no fuera demasiado incómodo para ninguno de los dos? Creo que pactar la pelea entre los 70 y los 74 kg no sería nada descabellado, ni supondría una diferencia decisiva sobre el cuadrilátero. No hace falta recordar que no sería ni la primera ni la última vez en la que se podría llegar a un "acuerdo" en este sentido. Superado el problema físico, vayamos con el tema que verdaderamente impide que se pueda producir este combate, el económico. Tanto Golovkin como Ward son estrellas, pero ninguno es una figura mediática. Esto se traduce en bolsas menores de las que en otras condiciones corresponderían a su talento. Ambos son referentes de sus promotoras (K2 Promotions y Goosen Tutor Promotions, respectivamente), y sin ninguna inversión ajena, el combate no generaría el suficiente dinero como para correr el riesgo de sumar una posible derrota en sus records invictos.

Por último, el factor de los propios boxeadores. Más allá de lo manipulados que estén o no por sus promotoras, al final son ellos los que combaten y los que, si así lo desean, pueden enfrentarse al rival que crean conveniente. Un verdadero campeón es aquel que no rehúye a nadie. Aquel que se entrega a su público. En cambio, los que se mueven por otros intereses son astutos estrategas, pero no merecen ser considerados como campeones de la afición. Desconozco si Ward no quiere ponerse en riesgo con un pegador tan temible como Golovkin, o si por su parte, el kazajo prefiere evitar quedar en evidencia contra un boxeador de las condiciones técnicas del americano, pero si hubiera una voz que se dejara de tonterías, y los pusiera frente a frente, todo esto no importaría. Solo tendríamos a dos talentos de la naturaleza, un ring, unos focos, y una afición. Nada más. Desconozco si los avatares del sino llevarán a estos dos increíbles púgiles a verse las caras, pero lo que sí puedo aseverar es que este deporte debe cambiar. Este deporte merece ser honrado por los mejores combates, las batallas más grandes, los duelos más apasionantes. Sin eso, el noble arte pierde su nobleza.

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