Los "traidores" de Fidel Castro

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En medio de la noche y en medio del océano, ahí está el cubano Erislandy Lara en una lancha rápida. Es 2008 y el peleador está en su segundo intento buscando escapar de su país y llegar a México para luego trasladarse a Europa para iniciar una carrera en el boxeo profesional. En Cuba, Lara está vetado del boxeo y considerado, en palabras del propio Fidel Castro, un “traidor”.

Unos meses antes, Erislandy Lara junto al bicampeón olímpico Guillermo Rigondeaux intentaron la deserción por primera vez en los Juegos Panamericanos de Rio en 2007. Se fugaron del hotel en que se alojaban, no se presentaron al pesaje de su respectiva pelea, y fueron ayudados por un promotor alemán con la promesa de un contrato profesional. Fidel Castró rabió cuando se enteró de la noticia y escribió en sus reflexiones que ambos peleadores habían sido noqueados con “un golpe directo al mentón, facturado con billetes norteamericanos. No hizo falta conteo alguno de protección”.

En aquella ocasión, Fidel Castro fue especialmente severo con Erislandy Lara.

“La mayor responsabilidad, a mi juicio, corresponde a Erislandy Lara, quien era el capitán del Equipo de Boxeo, y aun así incumple normas y va a parar directamente a las manos de los mercenarios. Tiene 24 años y es estudiante universitario de Educación Física y Deportes”, apuntó Castro en sus escritos publicados en la prensa cubana.

Esa noche, Lara y Rigondeaux habían logrado eludir a los agentes cubanos que resguardaban el hotel y se perdieron entre la multitud carioca, donde fueron abordados por el promotor alemán, que los llevó a una casa de seguridad y les prometió salir rumbo a Alemania esa misma noche, cosa que nunca sucedió.

Ambos boxeadores estuvieron ausentes tres semanas, sin poder viajar a Alemania y siendo buscados por el gobierno brasileño. Al final ambos decidieron entregarse a las autoridades y luego fueron deportados de regreso a Cuba.

Ya de vuelta en la isla, Fidel Castro, en otra de sus acostumbradas reflexiones indicó que ni Lara ni Rigondeaux serían arrestados. En el mismo escrito explicó que ambos peleadores habían sido “trasladados provisionalmente a una casa de visita donde tienen acceso sus familiares''.

Sobre el futuro de ambos, indicó que les serían ofrecidas “tareas decorosas y en favor del deporte de acuerdo con su conocimiento y experiencia''.

"A estos ciudadanos no les esperan arrestos de ningún tipo ni mucho menos métodos como los que usa el gobierno de Estados Unidos en las cárceles militares de Abu Ghraib y Guantánamo, jamás utilizados en nuestro país”, finalizó Castro.

Sin embargo, ni Erislandy Lara ni Guillermo Rigondeaux volvieron a boxear representando a Cuba, fueron vetados del deporte y durante el tiempo que vivieron suspendidos en la isla sus retratos fueron borrados de los gimnasios y su historia olvidada. La sentencia: ambos quedaban condenados al ostracismo.

El cineasta Brin-Jonathan Butler conoció a Guillermo Rigondeaux en La Habana cuatro meses después del intento de deserción en Brasil.

“La suya fue la cara más triste que vi en Cuba durante mi estadía”, recordó Butler a ESPN, “y ese país tiene muchas caras tristes”.

Rigondeaux estaba de visita en el gimnasio pero nadie le dirigía la palabra. Ese día, en palabras de Butler, Guillermo “era completamente radioactivo políticamente”.

“Yo quería entender por qué los otros entrenadores no le dirigían la palabra y se veían tan asustados de que (Rigondeaux) se hubiera atrevido siquiera a pararse en el gimnasio”, recuerda Butler. “Al final, me enteré de que ese verano Guillermo había sido el protagonista de una historia de telenovela nacional, estaba diariamente en los noticieros y de que Fidel lo había calificado como un traidor”.

Butler intentó conversar con Rigondeaux quien con una sonrisa dejó escapar un destello de su diente reparado con pedacería de oro y el cineasta, intentando sacar plática, le preguntó por el diente de oro y la respuesta del bicampeón olímpico fue un chiste amargo, mitad broma y mitad en serio.

“Fundí mis medallas olímpicas”, respondió Rigondeaux.

La pesadilla de Guillermo Rigondeaux terminó en 2009 cuando logró escapar y llegar a Miami para volver su vida como boxeador, aunque ahora a nivel profesional. Un año antes, Erislandy Lara había logrado escapar en la lancha rápida para llegar a México y luego partir a Europa para empezar en el profesionalismo. Ambos diamantes del boxeo cubano, desterrados por su gobierno, volverían a brillar en el terreno profesional.

Pero si Guillermo Rigondeaux se decía capaz de fundir sus medallas de oro olímpicas para convertirlas en un diente, Yuriorkis Gamboa, otro campeón olímpico cubano, estuvo dispuesto a hacer algo parecido cuando vivía en Cuba.

“Vendí la medalla de oro para hacerle su primera fiesta de cumpleaños a mi hija”, expresó Gamboa que dijo haber vendido la medalla en 1,500 dólares. “Mi principal problema es que no me sentía valorado. Había ganado el oro olímpico pero no tenía suficiente dinero ni siquiera para comprarle un regalo de cumpleaños a mi hija. Me pregunté: ‘¿por qué quedarme en un país donde el gobierno no se preocupa por mí a pesar de que represento al país en la mejor forma posible?”

Y es que, a pesar de ser boxeadores formados al más alto nivel y que en el libre mercado podrían ganar millones de dólares, en Cuba los peleadores mantienen un estatus de amateur donde no pueden ganar grandes cantidades de dinero. Al contrario, viven en condiciones modestas y sometidos a un ritmo severo de entrenamiento y presión. Los deportistas de élite cubanos son un ariete en la propaganda del gobierno cubano, y el éxito de su sistema deportivo es una de las virtudes que tienen para presumirle al mundo. Pero no todos los atletas comparten la ideología o el deseo permanente de sacrificio.

Yuriorkis Gamboa también desertó de Cuba. Lo hizo junto a otros dos peleadores cubanos, Odlanier Solís y Yan Berthelemy en Venezuela, en diciembre de 2006 en un campo de entrenamiento rumbo a aquellos mismos Juegos Panamericanos de Rio 2007. La técnica fue la misma, salir en la oscuridad de la noche, eludir a los agentes cubanos que los cuidaban en el hotel, y luego cruzar la frontera rumbo a Colombia para luego viajar a Europa con el mismo promotor alemán.

 

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