in

A 33 años del “No Más”, Durán vs Leonard II

El pasado lunes se cumplieron 33 años de una pelea que quedó tallada en todos los que amamos el arte de los puños. El 25 de noviembre de 1989, en el Louisiana Superdome, en New Orleans, Leonard vs Durán II, fue una amalgama de estilos de pugilismo. Se mezclaron como nunca, dando, en minutos, una escuela de boxeo que, hoy en día, se repite y estudia en cada esquina del deporte.

Los primeros minutos fueron un baile, Leonard se movía constantemente en el ring como haciéndole honor al origen de su nombre. Ambos peleadores medían la distancia de una guerra que debían ganar en un campo de batalla de 21 x 21. Durán parecía difícil de penetrar y Leonard hacía su trabajo cubriéndose y moviéndose. Ray Charles estaría orgulloso.

La primera derecha de Durán sonó en todo el recinto como una piedra en un río que arrastraba historia. Las luces del recinto, por momentos, pegaban en la cara del público, desapareciendo los rostros de los dos gladiadores, permitiendo ver solo los shorts negros de Leonard moviéndose y bailando, y los shorts blancos de Durán persiguiendo.

Un uppercut derecho de Leonard los llevó a un pequeño clinch. Faltaban 30 segundos para terminar un segundo round, cuando una derecha de Leonard se movió con velocidad, una velocidad que solo se logra cerrando los ojos y confiando en la quijada si algo entra. Fue una de las derechas más fuertes que ha sentido el boxeo.

Solo quedaban segundos cuando dos izquierdas de Leonard entraron con poder. Todo el recinto podía escuchar el cerebro de Durán moviéndose dentro de su cráneo, pero su pies, sin embargo, solo seguían moviéndose hacia delante sin miedo. Ya no importaban los rounds, la guerra oficialmente había empezado; Duran, por momentos, lograba empujar al ring a Leonard y conectar en el cuerpo, pero rápidamente Leonard continuaba danzando.

Durán lleva a las cuerdas a Leonard y empieza un intercambio que hacía pensar que ambos hombres estaban hechos de piedra. La fuerza, la velocidad de los regalos de puño cerrado que se daban mareaban a los dioses, mientras Durán movía su cuerpo a la izquierda conectando la parte derecha de Leonard, este otro le devolvía el favor por el lado contrario. Había una mujer llorando en el público, parecían lágrimas de emoción. El dolor no existía en esta pelea.

Leonard le sonreía a Durán, mientras este solo mantenía la actitud evitando contacto. Las cabezas de ambos se adherían y Leonard lograba conectar uppercuts y golpes al cuerpo, el sonido de los guantes mezclado con el sudor y las ganas de ganar de ambos eran increíbles.

Recuerdo un golpe en especial, una derecha al estómago que me hizo pensar que a Durán se le había salido todas las entrañas. Luego de la pelea, Durán comentaría que tenía dolores de estómago por el corte de peso, quizás los golpes trajeron esos dolores a la realidad. Aunque Carlos Eleta siempre dijo que esto era falso, que esos dolores nunca fueron sufridos, que los únicos dolores que sufrió Duran fueron los de la inferioridad ante Leonard.

Una izquierda de Leonard se conecta en la cara de Durán, sonando al mismo tiempo que la campana anunciando que se acababa un round. Uno que parecía ser el primero por la energía y fuerza que ambos aún demostraban.

Dos izquierdas de Leonard entran y los gritos del público retumban como una migraña, pero el golpear a Durán era como golpear al Árbol del Tule. Leonard se resbala y cae al suelo, todos los presentes se ponen de pie pensando que había sido cortesía de un golpe de Durán, pero solo había sido un desliz.

Faltaban 28 segundos para terminar el round cuando Durán se abre camino a un par de golpes que Leonard siente, luego lo empuja a la cuerdas pero los uppercuts de Leonard siguen entrando. Nada de esto le importa a la izquierda de Durán que también entra como haciéndose rey de la noche al menos por minutos. Durán se avalancha contra Leonard cuando este conecta una izquierda. Para ese momento, nadie estaba realmente seguro si fue la cabeza de Durán la que golpeó el puño de Leonard, o al revés. Durán eran un piedra. Comenzaba el round siete y ambos peleadores seguían moviéndose constantemente.

Este séptimo round es, sin duda, uno de los rounds más históricos del boxeo. Sugar Ray Leonard, conectaba izquierdas al cuerpo de Duran y luego movía los hombros y los brazos con rapidez para mantener el ritmo. Leonard empezó a desafiar a Duran, bajando las manos, descubriendo la cara y moviéndose para molestarlo, Durán logra someterlo contra las cuerdas pero la rapidez de Leonard es inmedible y automáticamente Durán le hace señas a Leonard para que se acerque, buscando al demonio.

Los santos se fueron del recinto y el demonio llegó como una mano derecha a la cara de Durán. A los segundos, Leonard hacía movimientos circulares con el brazo derecho solo para conectar una izquierda en la cara de un Durán como un bolo punch que sacudió el mundo del pugilismo. ¿Cómo se lograba una interacción de este calibre en un séptimo round? Había pensamientos, como carros deportivos, que pasaban por mi cabeza  rápidamente. ¿Leonard había sido un niño tímido? ¿Un niño sin mucho qué hacer? Ese niño había dejado de existir hace mucho.

Para el octavo round, ya la historia estaba escrita. Después de un corto intercambio, Roberto Durán se daba la vuelta, despidiéndose de la pelea pero una Sugar Ray Leonard que estaba programado para continuar hasta el final lo golpea en el estómago y la espalda. Octavio Meyrán, el réferi, los separa y vuelve a llamar a la acción, pero Roberto Durán había dicho “No más”.

Algunos criticaron a Durán, otros cuentan que el “No más” es solo una leyenda urbana del pugilismo como disociándose de los actos. Sea como sea, para algunos, ese “No más” representa, no haberse rendido, sino una declaración de que ya habíamos visto todo lo que necesitábamos de ambos y del deporte. Han pasado treinta y tres años de una pelea de la cual aún, los que peleamos, debemos estudiar.

Tor Hamer, el peleador que fue despedido por Twitter

Ruslan Provodnikov quiere a Márquez y en México, ¿será?