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Ali y Frazier: Política, raza, polarización y el entramado detrás de la Pelea del Siglo

Ali y Frazier: Política, raza, polarización y todo que hubo detrás de la Pelea del Siglo

A medio siglo del más grande combate del siglo XX, la Pelea del Siglo, aquel primer encuentro entre Joe Frazier y Muhammad Ali, lo superlativo pervive más allá del boxeo.

Esa noche del 8 de marzo de 1971, hace 50 años, Frazier (26-0) defendía sus títulos AMB y CMB de peso completo ante Ali (31-0). Un duelo épico que contó con ingredientes de coyuntura política y cultural, los cuales elevaron la condición del enfrentamiento a un evento de masas.

Frazier fue el primer campeón pesado que se coronó durante la suspensión que el gobierno de Estados Unidos le impuso a Ali por rehusarse a ser reclutado por el Ejército para combatir en Vietnam en 1967.

Smokin Joe encaró la pelea como el campeón del establishment, pro-guerra, con inclinación hacia el ala ideológica de centro-derecha, cristiano. Y además, bajo control del grupo corporativo Cloverlay Inc, integrado por 40 socios (la gran mayoría blancos), cobijado con el favoritismo de la prensa deportiva.

Ali llegó reconocido como campeón lineal de la revista The Ring, el legítimo. Era el rival antibélico, polarizante por su activismo civil, de izquierda. Era visto con recelo incluso por un sector de afroamericanos, por no tener creencias cristianas y usar tácticas racistas para vender su pelea con Frazier. Y es que empleaba con soltura la expresión “Tío Tom“; un ‎‎epíteto‎‎ despectivo para una persona extremadamente subordinada o ‎‎negra,‎‎ particularmente una consciente de su estatus racial de clase baja‎. A Frazier, Ali lo calificaba como tal.

El choque entre ambos se gestó de manera tan fascinante que la promoción nacional no tuvo mayores contratiempos. Sin embargo, cabe destacar que tanto Frazier como Ali habían forjado una amistad durante el exilio forzado de Muhammad. Incluso, durante la inactividad de AliSmokin llegó a apoyarlo financieramente en más de un par de ocasiones.

Ali y Frazier: adiós a la amistad para la Pelea del Siglo

La amistad en el boxeo es uno de los peores ingredientes posibles que pueda haber y un dolor de cabeza para los promotores porque no permite vender antagonismo, menos drama. Algo tenía que ocurrir para hacer de esta la más grande pelea de la historia, no solo en Estados Unidos sino en el mundo entero. Había que encontrar la forma de hacer dinero, para pagar de manera justificada el récord, entonces estratósferico, de 2.5 millones de dólares a cada uno.

Ali entendió el juego. Por cuenta propia, decidió erradicar su lazo amistoso con el campeón reconocido y crear una narrativa de enemistad, odio e insultos que marcaron para siempre sus vidas.

Joe Frazier era el campeón mundial que Estados Unidos quería en plena guerra de Vietnam. Un muchacho poderoso, vibrante, bien portado y bajo control de una entidad corporativa. Ali, con su habilidad boxística y atlética en duda, era la antítesis de todo eso: rapero incipiente, extravagante, rebelde y líder de una corriente del islam anti-integracionista.

Sus grandes diferencias personales fueron exacerbadas por la narrativa que Ali encabezó para humillarlo ante el público. Denigrando la negritud de Frazier, y cuestionaba en todo momento la legitimidad de sus títulos, otorgados por el ‘hombre blanco’.

Duelo verbal

Las frases aún resuenan en la cultura popular: “Joe Frazier es un Tío Tom. Trabaja para el enemigo”, espetaba Ali, una y otra vez.

Frazier respondía con frases más preparadas: “Un abogado blanco lo mantuvo fuera de la cárcel, y él va a ir con el Tío Tom. ‘El Más Grande’, se llamó a sí mismo. Bueno, él no era el más grande. Se convirtió en mi misión demostrarle el error de su tonto orgullo”.

El duelo estaba hecho. Estados Unidos ya de por si polarizado, estaba incluso más ansioso por ver la culminación de esta rivalidad.

Previo a la pelea, Frazier había ganado el título mundial AMB y CMB (vacante) ante Jimmy Ellis en 1970 por nocaut técnico en cuatro asaltos, los cuales defendió una vez ante el campeón de peso completo ligero Bob Foster (KO 2).

Previo a eso, sólo era reconocido con el respetado título mundial de peso completo otorgado por la Comisión Atlética del Estado de Nueva York, mismo que llegó a defender ante el mexicano Manuel “Pulgarcito” Ramos (Hermosillo, Sonora) en 1968, quien fue vapuleado en menos de seis minutos.

Ali acababa de regresar, luego de ganar su caso en la Suprema Corte de Justicia y derrotó en 1970 a Jerry Quarry (KOT 3) y Oscar Bonavena (KO 15).

Los antecedentes de ambos. Frazier siendo además el sucesor de Ali como campeón olímpico en 1964, y la creciente avidez del público por ver a los dos mejores pesos completos del mundo definir en condiciones inéditas al verdadero campeón. Esa relación de héroe contra villano hizo del Madison Square Garden el lugar perfecto para el combate titulado hábilmente como la “Pelea del Siglo”.

Valor histórico de la Pelea del Siglo entre Ali y Frazier

El consenso general entre historiadores es ponderar la primera pelea entre ‎Ali y Frazier, la Pelea del Siglo, como uno de los combates de boxeo más grandes de la historia. Y posiblemente, el evento deportivo más esperado y promocionado para ese entonces, incluso superando al combate de 1938 entre Joe Luis contra el alemán, y favorito de Hitler, Max Schmeling, el segundo de sus dos duelos, donde Louis reclamó su título pesado por nocaut en el primer round.

La ocasión que reunió a Ali y Frazier en la Pelea del Siglo fue la primera vez que dos boxeadores invictos disputaron el título mundial de peso completo, un hito para la máxima división. Además, inauguró la llamada ‘era dorada’ de esta categoría que se popularizó como nunca en los años 70.

‎La pelea tuvo un amplio atractivo para muchos estadounidenses, incluyendo aficionados que no seguían el boxeo y otros deportes. El musulmán Ali se había convertido en un símbolo anti-establishment, ‎‎mientras que Frazier, originario de la cuna del Ku-Klux-Klan (Carolina del Sur, EEUU) fue adoptado por el movimiento conservador.

Antes de la pelea, el legendario periodista Mark Kram escribió en Sports Illustrated:‎‎ ‎

“‎El empuje de esta pelea en la conciencia pública es incalculable. Ha sido un torbellino incesante que parece haber crecido en decibelios con cada nuevo soliloquio de Ali, con cada promesa tranquila de Frazier. Ha magnetizado la imaginación de los teóricos del ring, y ha expulsado a los polémicos de toda persuasión. Además, ha cortado profundamente en el matorral de nuestras actitudes nacionales, y es un imperativo conversacional en todas partes, desde la algarabía de salones de grandes ciudades y pausas para el almuerzo de fábricas plagados de etiquetas injustificadas, hasta salones de gueto con sus propias etiquetas falsas”‎.

El boxeo había dejado de ser una competencia para convertirse en un poderoso fenómeno social unificador de clases, razas, creencias y lenguajes con el magnetismo forjado entorno a la más grande rivalidad.

Tanto fue el éxito que celebridades como Frank Sinatra tuvieron que pedir acreditaciones de periodista para poder asistir al evento ante la falta de boletos. Icónicos siguen siendo los momentos de “The Voice” captados para la revista LIFE a color y blanco y negro, así como las fotos que varios reporteros gráficos le tomaron esa noche al cantautor de “My Way”.

Junto a Sinatra otras luminarias como Woody Allen, Diane Ross, la familia Kennedy, los astronautas del Apollo 14, entre otros miraban ansiosos el ring previo al encuentro.

El Madison Square Garden se transformó en una fiesta deportiva y de patriotismo, con gente de Hollywood vestida al último grito de la moda, portando abrigos de piel largos, pantalones de terciopelo y sombreros con plumas. También había numerosas mujeres en minifaldas o vestidos largos en las secciones VIP.

La gente fue un espectáculo aparte en esa noche inolvidable que mezcló a ricos con clase media.
Pero la moda y Hollywood solo eran un elemento para un evento político y social forjado alrededor del boxeo, como bien dijo Larry Merchant (el decano analista de HBO Boxing durante 35 años): “Nunca es un tiempo largo, pero nunca habrá otro evento cósmico como Ali-Frazier I”.

Y nunca lo ha habido.

Trabajo verbal

En la última semana, Ali aceleraba sus labios para calentar aún más el ambiente y molestar a Smokin Joe, esta frase terminó por enfadar al campeón: “Frazier será más fácil que Quarry o Bonavena. Yo solo le sostendré la cabeza en alto y le diré: Ven encendido campeón, solo jugaré contigo en el infierno. Estaré probando todos esos ganchos cortos y no me alcanzará, y me estaré moviendo y diciéndole: “Vamos, campeón’”.

Por su parte, en la tensión de cara a la Pelea del Siglo, Frazier cada vez dejaba a un lado las frases preparadas y expresaba lo que le nacía en el corazon, molestando a Ali llamándolo por su nombre de esclavo: “Clay es un tipo alto, pero he peleado con tipos altos antes que se saben mover. Él dice que no lo alcanzaré, pero eso es una declaración atrevida. Él encontrará que el ring se hará más pequeño y yo me haré más grande. No veo que el trabajo me tome más de diez rounds. voy a estar hablando con Clay allí. Siempre hablo de mis peleas y tengo algo especial para decirle después de toda esta mierda sobre mí de ser un Tío Tom”.

Así el campeón humillado en su negritud y el retador con nombre de esclavo llegaron al pesaje de la pelea el mismo día listos para el choque que por siempre marcaría la historia.

Frazier era el favorito con momios de 6 a 5, en una pelea que cautivó al mundo y que se esperaba generase 25 millones de dólares, pero terminó generando 45 millones de dólares (el equivalente a 300 millones con inflación ajustada al día de hoy), una cifra increíble para entonces.

La pelea fue transmitida desde Nueva York a más de 50 países en doce idiomas vía pago por evento, radio, cines y circuitos cerrados de televisión para generar una audiencia mundial mayor a los 300 millones de personas.

Los asientos pegados al ring costaron 150 dólares (950 dólares al día de hoy) y los de las tribunas más altas 20.

Para el comentarista de Box Azteca, Eduardo Lamazón, este evento es singular:

“Ese acontecimiento único e irrepetible, sería fantástico poder verla en TV otra vez y contarle a la gente los pormenores. Pocas veces, o nunca vivió el deporte algo así. Pero la vida de hoy tritura el pasado y lo reemplaza por fruslerías. Uno de los grandes días en la historia del boxeo, Frazier derrotaba a Ali en el Madison Square Garden en una pelea inolvidable por el impacto mundial. Nada tan grande había sucedido desde que Luis Firpo sacó del ring a Jack Dempsey medio siglo atrás”, publicó en Twitter en el marco del 47 aniversario de la pelea.

En estado de shock

Luego de tratar de bailar como mariposa y picar como abeja en los primeros dos rounds para sacar ventaja en las tarjetas, Ali sintió el fuego sobre el final del tercer round con la famosa presión de Frazier y su poderoso gancho de izquierda.

Frazier estableció este patrón de agresión con una combinación de gracia, precisión y destrucción despiadada que obligaron a retroceder a Ali del cuarto al octavo round con claras muestras de castigo recibido.

El público en shock miraba como el pequeño peleador zurdo estaba opacando a un boxeador brillante y más rápido, que no tenía idea de cómo detener el implacable ataque de Frazier, quien hizo a un lado el estreno de la famosa estrategia de Ali para evadir golpes: ‘Rope a Dope’, la cual le reventó en la cara al musulmán.

Un respiro llegó en el noveno round cuando Ali prendió a Frazier con un gancho de izquierda y lo obligó a retroceder por primera vez.

El décimo round de la Pelea del Siglo fue para Frazier, y de nuevo en el onceavo Ali dio muestras de un segundo aire bailoteando, jabeando y acertando más golpes sabedor que ambos encaraban el final del combate y que probablemente se irían a las tarjetas.

Del round doce al catorce el torrente de la pelea fue frenético, con Frazier siendo más efectivo acertando la mayoría de sus golpes de poder, pero estaba muy agotado y le costaba más trabajo poder lanzar combinaciones. Ali lanzaba más golpes, respondiendo a cada andanada tirada con malas intenciones de Smokin.

Para el inicio del round quince era claro quién era el peleador confiado en tener la delantera y quién era el más castigado.

La cereza en el pastel vino a los dos minutos del asalto. Frazier conectó un hermoso gancho de izquierda sobre la cabeza de Ali que entró pleno sobre su mentón. Lo derribó de espaldas en una esquina neutral, como si alguien le hubiese pegado con un marro.

Con el Madison Square Garden a punto de derrumbarse y Frazier festejando, Ali se reincorporó lentamente ante el conteo del referí Arthur Mercante para terminar de pie una pelea que ya había perdido.

La caída de Ali a manos de Frazier en la Pelea del Siglo, lo ayudó a retener sus títulos de la AMB y el CMB en Nueva York, la imagen se convirtió en uno de los momentos seminales en la historia de todos los deportes y en la más grande tragedia para Ali esa noche, que perdió el invicto y el derecho a ser considerado campeón lineal.

La victoria fue una decisión unánime para Frazier con tarjetas 9-6, 11-4 y 8-6-1, el peleador con residencia en Filadelfia hacía honor a la fama de ‘cuello azul’ de esa cuna urbana de grandes fajadores en el este de EEUU.

Al termino de la pelea Ali dijo a la prensa: “No voy a llorar. Hice infeliz a mucha gente cuando los vencí, así que ahora es mi momento. Muchos grandes peleadores son azotados. Nadie puede golpear tan fuerte como Frazier. Estoy satisfecho con la pelea a pesar de que perdí. Sé que perdí ante un gran campeón, pero tal vez en otra ocasión en la que los dos hubiéramos peleado con regularidad, el resultado habría sido diferente. No lo sé, pero tal vez”.

En cuanto a Frazier este fue incluso más elocuente: “Recuerdo que cuando escuché la campana final, miré a Ali y le dije: “Sí, te pateé el trasero’”.

La revancha entre ambos tendría que esperar tres años, los dos ya no fueron los mismos.
En este tiempo, Frazier fue detenido en dos rounds por George Foreman, entregando así sus títulos AMB y CMB. Ali había ganado diez peleas consecutivas antes de ser superado por Ken Norton en doce asaltos, una derrota que inmediatamente vengó.

Se volvieron a encontrar en el Madison Square Garden el 28 de enero de 1974.

En juego estaba el título de peso completo de la Federación de Boxeo de América del Norte (NABF). Era un cinturón de poca relevancia, una pelea sin glamour en abundancia.

Ali se vengó en un pleito sostenido a paso más lento. Obtuvo una decisión unánime en doce asaltos sobre Frazier, ninguno tuvo la chispa de su primer encuentro.

Suspenso en Manila

Los dos pelearon por tercera y última vez el 1 de octubre de 1975 en Quezon City, Filipinas. Ali, ahora de 33 años, había logrado una impresionante victoria sorpresa sobre George Foreman once meses antes en 1974 (“Rumble in the Jungle”) para alzarse con los títulos AMB y CMB y recuperar su estatus como el campeón lineal legítimo de RING Magazine.

Frazier, de 31 años, venía de detener a los ex contendientes mundiales Jerry Quarry y Jimmy Ellis, luciendo poderoso en ambas demostraciones.

El momento político había cambiado en Estados Unidos con el fin de la guerra de Vietnam. La aceptación de Ali por parte del público creció como un gran campeón y un líder civil respetado que luchaba contra la desigualdad racial; Frazier seguía siendo una atracción y altamente considerado como el mejor rival que Muhammad podía enfrentar.

La pelea fue promovida por Don King y dada la proclividad de este por la hipérbola, la receta del odio y la humillación reapareció ante un público incluso más grande que el de su primer enfrentamiento.

Joe Frazier debería dar su rostro al Fondo para la Vida Silvestre. Él es tan feo que los ciegos van por el otro lado. Frazier es tan feo que cuando llora, las lágrimas se dan la vuelta y le bajan por la nuca. No solo se ve mal, puedes olerlo en otro país. ¿Qué pensará la gente de Manila?”, dijo Ali en su primera rueda de prensa en Filipinas.

Y eso marcó la dinámica, Frazier tenía que aumentar la expectativa diciendo cosas como: “Es odio real. No quiero dejarlo inconsciente. quiero hacerle daño. Si lo derribo, retrocederé y le daré una oportunidad de respirar. Es su corazón lo que quiero. Quiero sacarle el corazón”.

Ali y Frazier dejaron una parte de ellos mismos dentro del ring en la noche del tercer episodio (“Thrilla en Manila“). Ninguno parecía dispuesto a ceder. Después de catorce salvajes rounds se dejó que Eddie Futch, el entrenador principal de Smokin, tomara la decisión. Evitó que Frazier saliera para el round quince y final.

Pese a que la pelea fue sumamente reñida y Frazier tuvo varios buenos momentos lastimando a Ali, Futch había presenciado el deterioro gradual en la salud de su peleador. No soportó ver el rostro grotescamente hinchado de Smokin y lo detuvo en contra de su propia voluntad. Ali, a duras penas podía estar sentando en su banquillo y tardó en reaccionar cuando se anunció que su acérrimo antagonista ya no saldría.

Les tomó 41 rounds de carnicería poner fin a esta rivalidad de manera anticlimática.

Ali dijo inmediatamente cuando todo acabó: “Fue como la muerte. Lo más parecido a morir que yo conozca”.

Frazier más tarde expresó: “Me sacudió en Manila. Éramos gladiadores. No le pedí ningún favor y no me pidió nada. No me gusta él pero debo decir que en el ring era un hombre. En Manila, lo golpeé con golpes que hubieran derribado un edificio. Y los absorbió. Él los tomó y regresó, y tengo que respetar esa parte del hombre. Pero lo envié a casa peor de lo que vino. Él era el que habló de estar casi muerto en Manila, no yo”.

Epílogo

Lo cierto es que ambos hoy están muertos.

Smokin murió el 7 de noviembre de 2011. Tenía 67 años, amargado todavía en sus últimos días por la manera en cómo fue tratado por Ali.

En el día de su fallecimiento, Ali dijo, mediante un publicista: “El mundo ha perdido una gran campeón. Siempre recordaré a Joe con respeto y admiración. Mi más sentido pésame para su familia y seres queridos”.

The Greatest falleció el 3 de junio de 2016. Tenía 74 años y el Parkinson le quitó la capacidad de hablar los últimos años de su vida.

A cincuenta años de su primer combate el mundo sigue hablando de éste y recordando a sus principales protagonistas. Dos personajes que cambiaron el curso dentro del boxeo, alzando a este deportes a niveles de trascendencia que nunca ha vuelto a tener.

Ali y Frazier podrán estar muertos, pero la “Pelea del Siglo” como su obra maestra está más viva que nunca en la conciencia del público y los anales de la historia.

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