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Boxeando a la distancia, Anthony Joshua gana con amplitud a Andy Ruiz

Boxeando a la distancia, Anthony Joshua gana con amplitud a Andy Ruiz
Boxeando a la distancia, Anthony Joshua gana con amplitud a Andy Ruiz

La épica no viajó a Arabia Saudita. Lo que sí viajó fue Anthony Joshua y su determinación de ganar como fuera esta revancha a Andy Ruiz. Quería quitarse ese pendiente y seguir su camino. Y así ocurrió. Joshua ganó con amplitud, por decisión unánime: dos tarjetas de 118-110 y otra de 119-109. La tarjeta oficial de IZQUIERDAZO fue de 116 a 112, también para Joshua.

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Anthony Joshua salió a pelear en la distancia, desde lejos, caminando el ring, usando el jab, y rehuyendo a casi cualquier tipo de conflicto. Y Andy Ruiz tuvo muy poca respuesta para ese tipo de pelea. Pero eso, no era sorpresa ni misterio.

Que Joshua iba a hacer ese tipo de pelea estaba cantado desde la previa. El propio Ruiz lo había advertido desde su preparación: en la revancha esperaba a un Joshua así. Lo habíamos dicho también desde el análisis previo. Y aun así, Andy Ruiz no tuvo respuesta para ello, porque Ruiz erró su preparación.

Andy Ruiz marcó 283 libras en el pesaje previo. Le apostó a subir más pesado, para estar más poderoso en su pegada. Pero como decía Muhammad Ali, no le puedes pegar a lo que no está ahí. Y Joshua nunca estuvo ahí. Nunca se paró a pelear. Su plan de pelea era estar todo el tiempo sobre la punta de los pies y ganar los rounds con dos o tres golpes.

El boxeo corporativo estaba detrás de Anthony Joshua. Y estaba urgido de que Joshua ganara esta pelea, se quitara ese pendiente, y pudiera seguir su camino para enfrentar a Deontay Wilder en esa mega pelea que de tanto marinarla, casi se les está salando.

Por eso se llevaron la pelea a Arabia Saudita, a tierra de nadie, a donde el único aficionado mexicano que pudiera llegar como apoyo fuera el Canelo Álvarez. A un ring gigantesco como zócalo, enorme, desértico. A una arena que la armaron para esa pelea, y la desarmarán después de ella.

Joshua y su equipo apostaron a hacer todo diferente. A retomar el rumbo extraviado, y con atajos si fuera necesario. A romperle el ritmo y la dinámica a Andy Ruiz y lo consiguieron. Anthony Joshua fue el Sugar Ray Leonard de la revancha contra Manos de Piedra Durán. Salió a rehuir el combate, a desquiciar al rival, a ganar como fuera.

Los primeros rounds fueron complicados de puntuar, porque había poca acción. Joshua caminaba el ring sobre la punta de los pies, basándose en el jab como única arma. Rara vez había una derecha que le diera continuidad a ese jab. Lo usaba para marcar golpes y para mantener a Ruiz a la distancia.

P U B L I C I D A D

Lo más extraño de toda la pelea fue que Joshua cortara el ojo izquierdo a Ruiz con el primer golpe que le conectó. Pocas veces en el boxeo se ve algo así. Nuevamente, un detalle curioso, por decir lo menos, en aquel callejón oscuro a donde llevaron la pelea.

Pero lo que le tocaba hacer a Andy Ruiz no lo pudo hacer. Nunca pudo reducir esa distancia que le imponía Joshua, y nunca pudo meterse con comodidad al terreno corto. Cada que lo hacía, Anthony Joshua se amarraba astutamente y anulaba al mexicano.

La mitad de la pelea se le fue a Andy Ruiz en pensar cómo meterse al terreno corto. Cuando parecía que iba a entrar, dudaba y se quedaba pasmado. Cuando encontraba las respuestas, Joshua ya no estaba ahí.

Los mejores rounds del mexicano llegaron en la parte intermedia de la pelea. Entendió, por fin, que la única estrategia de Joshua era pelear desde lejos y abrazarse cuando el mexicano se acercara. Fue entonces que Ruiz pudo hacer algo de provecho. Porque entonces, cuando Joshua intentaba abrazarse, Ruiz le rompía el abrazo y lograba conectar a la cabeza. Fue la única forma en que Ruiz pudo llegarle a Joshua en esta revancha.

En el análisis previo a la pelea, habíamos dicho que Anthony Joshua había quedado tocado con la pegada de Andy Ruiz en la primera pelea. Y eso se confirmó en esta revancha. Primero, porque nunca tuvo la gallardía que suelen tener los peleadores ingleses de ganar con honor, peleando, martirizados. Antes el corazón y luego la malicia. No. Joshua fue a ganar como fuera, sin tirar golpes si fuera necesario. Y eso es señal de un peleador tocado. No pararse a pelear, para no correr el riesgo de caer.

Y segundo, porque cada vez que Ruiz lograba conectar con solidez, las piernas se le entumían a Joshua y mostraba algún síntoma de terror en la mirada. Pero Ruiz no lograba darle continuidad a esos ataques, y Joshua volvía a su distancia.

Las libras de más le pesaron a Ruiz. No mostró la velocidad de manos que lo caracteriza, y que necesitaba en la pelea. Se preparó para noquear y pegar fuerte, contra un rival que siempre fue esquivo.

Ante el mediano éxito que tuvo Ruiz en los rounds intermedios, Joshua pudo recuperarse y volver a la distancia. La condición física le alcanzó al inglés para mantenerse en la punta de los pies hasta el campanazo final. Haciendo lo mínimo para ganar los rounds. Hizo una pelea austera y económica.

Ruiz se veía derrotado desde el noveno o décimo round. Por momentos, impotente, se quedaba parado en el centro del ring, mientras Joshua orbitaba a su alrededor danzando sobre las puntas de los pies.

El momento más irónico de esta revancha, vino en los segundos finales del duodécimo round, cuando Ruiz se paró en el centro del ring arengando a Joshua a que se parara a pelear. El inglés, desde lejos y sobre la punta de los pies, simplemente le sonreía con cierto cinismo. “Así te gané”, parecía decirle.

A la historia del desfavorecido mexicano que tanto nos enamoró en junio pasado, le ganó hoy la realidad más cínica. En el melodrama de Arabia Saudita, ganó el villano; a su forma y con sus métodos.

Andy Ruiz nos regaló uno de los momentos más emotivos en la historia del boxeo mexicano. Y por más cruel que la cínica realidad parezca hoy, su historia no se ha terminado.

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