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Con claros signos de mejoría, Jaime Munguía demolió a Gary O’Sullivan en su debut en 160 libras

Con claros signos de mejoría, Jaime Munguía demolió a Gary O'Sullivan en su debut en 160 libras
Con claros signos de mejoría, Jaime Munguía demolió a Gary O'Sullivan en su debut en 160 libras

Jaime Munguía demolió a Gary O’Sullivan hasta forzar a la esquina del irlandés a izar la toalla blanca en el round 11 y llevarse el nocaut técnico la noche del sábado en el Alamodome de San Antonio.

Para su debut en la división de las 160 libras, Jaime Munguía y su entrenador Erik Morales habían prometido muchas cosas nuevas en el estilo del peleador. Y la mayoría de ellas, las cumplieron.

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El peleador tijuanense escaló uno o dos peldaños en su boxeo. Sigue presentando fallas técnicas y tácticas, pero se ve un peleador mucho más desarrollado que lo que era hace unos meses.

Más velocidad, inteligencia y lectura

Se le vio con más velocidad, con más inteligencia y lectura. Y también lució una condición física mucho más sostenida hacia la segunda mitad de la pelea. Todo ello, resultado también de pelear en una división en la que su gran físico se siente más cómodo y sin tener que hacer tanto sacrificio como lo tenía que hacer para llegar a las 154 libras.

Desde el campanazo inicial vimos a un renovado Jaime Munguía. En el mismo primer round, notamos un trabajo sistemático con el jab, que era rápido, punzante y pesado. Sus ataques eran más organizados, más planeados, menos impulsivos que antes. Lanzaba combinaciones para abrir blancos. Y de pronto, lanzaba embates arrebatados que recordaban al viejo Munguía. Sin embargo, hasta esos arrebatos parecían más dosificados, y estratégicamente localizados en los rounds. No eran improvisados.

Mayor movimiento de cintura

Otra mejoría importante que presentó Munguía fue su movimiento de cintura y de cabeza. Lo hizo, sobre todo, en los primeros rounds de la pelea, y eso hacía que no fuera un blanco tan fijo. El principal problema en ese renglón es que Munguía era inconsistente en esa tarea, y por momentos se quedaba estático. En esos momentos de pasividad es cuando O’Sullivan más lucía.

En el irlandés, Munguía y Morales encontraron lo que esperaban. Fue un gran calador. Mostró corazón, astucia, y logró exhibir las debilidades que Munguía sigue teniendo. Por ejemplo, O’Sullivan leía bien la impulsividad que por momentos tenía Jaime Munguía cuando quería ir por el nocaut.

Debe seguir controlando su impulsividad

En el tercer round, por ejemplo, Munguía logró lastimar al irlandés. Lo arrinconó herido en las cuerdas y quiso acabarlo, metiéndole un envión excesivo a sus golpes. O’Sullivan lo leyó y respondió con un mano que se impactó seca en la quijada de Munguía. Lo paró en seco, y sonó la campana. Munguía se fue sacudido a su esquina. El mensaje estaba claro. Munguía tenía que ser muy cuidadoso a la hora de querer liquidar la pelea, pues O’Sullivan leía bien esos impulsos noqueadores y contragolpeaba.

El mismo Munguía diría al final de la pelea que esos momentos lo hacían confundirse. Cuando creía que tenía al irlandés al borde del nocaut, O’Sullivan contestaba. Dijo que eso lo había hecho dudar entre ir al ataque o ir sobrellevando al irlandés hasta rendirlo.

Otra de las falencias que mostró Munguía es que había lapsos en que abandonaba la estrategia inicial de ir con el jab, castigar al cuerpo y mover la cintura. En esos momentos, Munguía se veía muy lento. Todo lo hacía en cámara lenta. En esas fases, volvían los fantasmas del pasado.

A partir del séptimo round, la pelea se abrió con claridad en favor de Jaime Munguía. Empezó a fincar su estrategia en el jab, y todo le entraba a O’Sullivan. El jab se sentía pesado, como golpe de poder. Y con esa arma, empezó su tarea de demolición sobre el irlandés.

Mejorado golpeo al cuerpo

Entre las mejoras más evidentes de Munguía se pudo notar un consistente trabajo de golpeo al cuerpo. El tijuanense fue incisivo, punzante sobre el hígado del irlandés. Ese ataque fue crucial para ir demoliendo poco a poco a O’Sullivan.

A esas alturas de la pelea, ya después del octavo round, O’Sullivan se veía fundido, sin piernas. Parecía cuestión de tiempo para que se cayera o le pararan la pelea. Munguía seguía trabajando el jab con eficacia, y medía bien a su rival. Llegaba incluso a abrir con el jab y rematar con la derecha con fuerza sobre el rostro del irlandés.

Ya para el décimo round se veía que Munguía estaba para liquidar la pelea en cualquier momento. Sin embargo, cuando el tijuanense iba a buscar el nocaut, O’Sullivan seguía sacando manos peligrosas que hacían a Munguía cuidarse un poco.

Munguía apretó el acelerador en el undécimo round, y fue por el nocaut. Lanzaba máquinas de golpes que ya el irlandés no respondía. Todos miraban al referido que no intervenía, y tuvo que ser la esquina del irlandés la que lanzó al ring la toalla para comunicar la rendición.

Fue una excelente pelea para Jaime Munguía, no solo por lo que él demostró, sino por lo que Gary O’Sullivan le exhibió. Será una pelea didáctica para Munguía, que mostró mejoras evidentes en su desarrollo boxístico.

Gary O’Sullivan solo había perdido ante claros contendientes de las 160 libras como Billy Joe Saunders, Chris Eubank Jr. y David Lemieux. Y de ellos, solo Lemieux había podido mandarlo a la lona y dejarlo ahí noqueado. Saunders le ganó la decisión, Eubank lo hizo rendir en la esquina, y ahora Munguía obligó a la rendición. No era un rival que fuera a entregar una derrota fácil.

Jaime Munguía enfrentó a un rival sólido que lo exigió y lo pudo resolver.

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