Con instinto asesino, el Vaquero Navarrete noqueó a Santísima en pelea que se complicaba
Con instinto asesino, el Vaquero Navarrete noqueó a Santísima en pelea que se complicaba
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Con instinto asesino, el Vaquero Navarrete noqueó a Santísima en pelea que se complicaba

En una pelea en la que fue de menos a más, Emanuel “Vaquero” Navarrete noqueó a Jeo Santísima en el undécimo round para hacer la quinta defensa exitosa del campeonato mundial súper gallo de la OMB.

No fue una pelea fácil para el Vaquero, más porque batalló para darle el peso en la previa y eso le afectó visiblemente en su potencia. En la mayor parte de la pelea, Navarrete no fue el peleador explosivo que suele ser, y eso ocasionó que la pelea se le extendiera innecesariamente hasta el penúltimo round.

Por grandes lapsos del combate, Navarrete se vio cansado y lento. Lanzaba los golpes con pesadez, muy largos y abiertos. Estuvo frecuentemente expuesto al contragolpe y eso hizo que se llevara varios golpes peligrosos de Santísima.

Sus lapsos de agresividad se terminaban pronto, porque parecía vaciarse con mucha facilidad en lo físico. Caminaba el ring constantemente para recuperar aire.

La pelea avanzaba y los golpes seguían viéndose lentos y suaves, sin poder. Por momento dejaba de tirar combinaciones, y se dedicaba a lanzar golpes aislados. Quería noquear de un golpe.

Tras los primeros nueve rounds parecía una pelea destinada a la decisión, pues conforme avanzaba la pelea, el Vaquero Navarrete se veía más consumido.

Sin embargo, algo cambió a partir del décimo round. Ahí recurrió al tanque de gasolina de reserva que le quedaba, y que nadie sabíamos que lo tenía. En ese round encontró precisión, ritmo y poder.

La sensación de que podía noquear volvió a estar latente. Esos ataques de Navarrete eran con buen volumen de golpeo. Tiraba muchos golpes, con poder y precisión. Parecía cuestión de tiempo para que le detuvieran la pelea a Santísima.

Ese ataque llegó hasta el final del round. Con su la mala condición física parecía hacer que Navarrete fuera inconstante, que pasa gran parte del round descansando y recuperando aire. Y que solo apretara en el último minuto.

El undécimo round empezó Navarrete en la misma tónica en la que cerró el anterior. Y lo mejor es que Navarrete sacó ese instinto asesino que lo hace un peleador tan especial. Rápido percibió en Santísima todo el lenguaje corporal de un peleador herido, y fue por él hasta acabarlo.

Comenzó una andanada de golpes a dos manos, con precisión y contundencia, buscando la detención. Y el referí intervino correctamente. Le detuvo un combate a Santísima en el que el filipino aya estaba fundido, sin respuestas y recibiendo todo.

Fue una noche de complicación autoinflingida para el Vaquero Navarrete. Él se metió en sus propios problemas, y resolvió cuando supo salir de ellos. A pesar de la complicación, el Vaquero demostró lo que lo vuelve especial y vendedor: el instinto asesino.

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