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Crónica de una muerte anunciada

¡Imposible pedirle otra Mona Lisa a Leonardo da Vinci! irrepetibles son los Cien años de Soledad de García Márquez o la genialidad Azul del príncipe Rubén; tampoco habrá otra Capilla Sixtina porque no podríamos clonar a Miguel Ángel.

Las obras maestras son producto de un destello, pequeños instantes que a veces suelen prolongarse pero que no duran una eternidad y Chocolatito no esta exento de ello. Leonard, Durán, Hagler también Alí y Foreman al igual que Tyson encontraron en su camino retadores que exigieron de ellos una cuota extra para descifrarlos,rivales tan evasivos como intentar atrapar con la mano un pez en el agua.

La grandeza de González continúa intacta y su nivel no ha disminuido ni un milímetro después de 12 rounds frente a un corajudo y escurridizo McWilliams  Arroyo, que tras probar los golpes de Román decidió resistir tomando distancia, evitando con amarres el cuerpo a cuerpo sabiendo que solo así podría sobrevivir el resto del combate y así fue.

Quedó claro que la vasta experiencia del puertorriqueño en el terreno amateur le sirvió de gran escuela-su caminata en el ring lo sustenta-sumándole una gran condición física suficiente para alargar una pelea con overdrive en los pulmones.

Sin caídas ni nocaut, el pináculo de Chocolatito en el box es tan real como el juego maravilloso de Messi con el Barcelona o las canastas sumando puntos que dejó Kobe Bryant para la historia en los tabloncillos y si no pregúntenle a Jean-Claude Van Damme precisando una instantánea con el ídolo en camerinos.

El chavalo nacido en el barrio la Esperanza de Managua solicitado por las estrellas de Hollywood sigue siendo el rey como diría José Alfredo Jiménez. ¡Y no hay nada que discutir!

Después de su victoria 45 sin derrotas, Chocolatito González queda a solo 4 de empatar el récord histórico de 49/0 que ostentan Rocky Marciano y Floyd Mayweather ¿se imaginan eso?

Mientras algunos paisanos míos en Nicaragua calumnian a Román, desvirtuándole méritos y resta de poder en sus puños les diré como lo haría Darío:

Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor oscurecer;
pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante
por más que lo manche el cieno.

                                   

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