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Cus D’Amato, el padre de la primera vez

Un niño viene a mí con una chispa de interés; alimento la chispa y se convierte en una llama. Hago crecer la llama; y se convierte en fuego. Alimento el fuego; y se convierte en un incendio incontrolable”.

Nueva York. Entre los días del incendio de la Rhoads Opera House en Pensilvania, que matara más de cien personas, y la publicación del Scouting For Boys de Robert Baden-Powell que vendiera más de cien mil copias, nació Cus D’Amato. Justo entre esos días.

El de 1908 fue un año que comenzó un miércoles en el calendario gregoriano, y presentaría al mundo a uno de los más importantes padres del boxeo. No digo entrenadores, porque Cus D’Amato fue mucho más que eso.

El padre de Constantino “Cus” D’Amato, recorrería las calles de Nueva York vendiendo hielo en una carretilla con caballos, mientras su hijo, Cus, se interesaba en la Iglesia Católica. Inclusive pensó en convertirse en sacerdote, pero era otra la pelea que la vida le tendría preparada a D’Amato.

Después de unas cuantas entradas al ring como amateur, el boxeo como peleador tampoco sería la batalla de Cus D’Amato, en vez, su misión sería enseñar a muchachos generalmente pobres y sin futuro, a convertirse en campeones. Cus D’Amato logró que muchos jóvenes pasaran de ser reyes de la calle a reyes del ring, y eso era más que un trabajo de pelea, D’Amato era un padre que creía fielmente que el boxeo era el camino para enderezar a la humanidad.

En 1933, abrió, junto a Jack Barrow, lo que sería conocido como el Empire Sporting Club. D’Amato pasaba horas viendo entrar y salir peleadores, sus mejores atletas iban y venían, uno de los que no se quedó llegó a ser Rocky Graziano.

Poco después de esto, D’Amato sería el hombre que conseguiría la “Primera vez” en muchos aspectos del boxeo. Su primera vez fue con Floyd Patterson; este lograría conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952 y luego se convirtió, por primera vez, en el campeón de los pesos pesados más joven del momento, siendo entonces, el primer campeón olímpico en convertirse en campeón profesional también.

La segunda ’primera vez’ de D’Amato llegó con José Torres en 1965, Torres vencería a Willie Pastrano en el Madison Square Garden convirtiéndose en el primer latino en ganar el título de campeón de los semi pesados y el tercer puertorriqueño en ser campeón.

La última ‘Primera vez’ de D’Amato, lamentablemente, sería después de su muerte. A comienzos de los años 70, D’Amato se mudaría a un pueblo en el condado de Greene, en Nueva York, llamado Catskill, y como dijo Alberto Barrera Tyszka; “¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad?”; esto sería al mismo tiempo que un pequeño de doce años llamado Michael Gerard Tyson también se mudaría a ese pueblo.

Después de muchos problemas en el colegio y en la calle, el pequeño Tyson de doce o trece años ya había sido arrestado más de 30 veces y sería llevado de la mano por Bobby Stewart, un trabajador social y antiguo practicante del deporte, a la academia de D’Amato.

La madre de Tyson fallecería pronto y su padre no estaría alrededor, así que D’Amato se convertiría en el modelo a seguir de un pequeño Tyson que tendría todo el talento del mundo para el arte de los hematomas. Aquí vendría la última primera vez; Tyson se convertiría en el campeón de los pesos pesados más joven del momento con 20 años y cuatro meses, con su increíble defensa, fuerza, timing y ese estilo Peek-a-Boo que le había enseñado su mentor Cus D’Amato, quien había fallecido poco antes de neumonía a los 77 años.

Estas historias son solo algunas de las que salieron del bolsillo de Cus D’Amato, un hombre que Mike Tyson llamó padre y aceptó que fue él quien esculpió su confianza y era su ídolo. Un hombre que trabajó duro durante el periodo en el que Muhammad Ali no lograba una licencia para pelear, para lograr la batalla contra Joe Frazier, un hombre que le dio palabras a Wilfred Benitez, Gerry Cooney, Wilt Chamberlain y quien sabe que más. Fue arrestado, suspendido, perseguido, amenazado de muerte por las mafias que circulaban el boxeo. Cus D’Amato lo vio todo, lo hizo todo y le regaló al boxeo muchas de sus ‘primeras veces’. Por ello, gracias Cus.

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