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¿De qué se cuida tanto Floyd Mayweather?

Al día siguiente de la “revancha” entre Floyd Mayweather y Marcos Maidana, un amigo me dijo un poco ofendido por lo sucedido en el MGM Grand de Las Vegas el pasado 13 de septiembre: “Yo no entiendo cómo te puede gustar ese deporte”. Resentí su queja, casi como si yo tuviera la culpa. Y después remató: “Aparte siempre es lo mismo con ese guey”, refiriéndose, claro, al estilo de boxear que tiene Mayweather Jr.

Mi amigo nunca se amarró unos guantes ni ha estado en un ring. Ni siquiera es asiduo a ver las peleas los sábados por la noche. Y es ahí donde reside la importancia de su opinión. Es la perspectiva del ojo público, que en eventos tan magnos como los que realiza Mayweather Jr., es exactamente a quien se trata de llegar para que consuma lo que se vende por pago por evento, y en el mejor de los casos, captar la mirada de ese ojo público -todavía neutro- para futuros eventos y convertirlo en una parte más de la demografía que tiene el boxeo como negocio. En este caso, así como a la mayoría de quienes vieron la pelea del sábado pasado desde esa perspectiva neutra, los alejaron tanto que algunos, como mi amigo, culpan al deporte en sí de ser tan “malo”, o “aburrido”.

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Yo fui siempre de los que defendía a Mayweather Jr. de las críticas. Él ha actuado como verdadero genio mientras pelea. Esa genialidad, su disciplina, la longevidad y el talento innato es algo que nadie le va a quitar pase lo que pase. Todo eso permanece inmune al desmérito. El legendario entrenador Nacho Beristáin alguna vez lo calificó como “de otra galaxia”. Yo era de los pensaba que las críticas a su estilo, a pesar de comprenderlas, venían de una falta de sensibilidad o experiencia previa en el deporte para poder apreciar y deleitarse con lo que Mayweather Jr. es capaz de materializar en una pelea. Y lo sigo pensando así. Pero el sábado pasado algo cambió. Al boxeo lo definen como el arte de “pegar y que no te peguen”. Sin embargo, el sábado pasado, como dijo Eduardo Lamazón: Mayweather hizo uso del no tan sublime arte de “no pegar y que no te peguen”. 

Veía al estadounidense rehuir cualquier contacto en el doceavo round y me preguntaba: ¿“De qué se defiende tanto”? No soy ningún experto pero a ningún boxeador he seguido tan de cerca como a Mayweather Jr. Es irónico y raya en lo increíble, pero desde mi óptica, hay veces que Mayweather Jr. parece no confiar siquiera plenamente en sus facultades, que tiene de sobra. Creo que es más fuerte de lo que la gente percibe. Y aguanta también más; la prueba está en ese derechazo seco que le propinó Maidana en el tercer round. Sí, lo lastimaron, pero aguantó, y puedo afirmar que varios boxeadores de clase mundial se hubieran ido a la lona de ese golpe por sí solo. Aún así, siempre empieza temeroso. Como en los primeros rounds contra Ricky Hatton, ó De la Hoya. Shane Mosley estuvo a punto de noquearlo en el segundo. En esta última con Maidana, vi, según yo, que Mayweather no tenía los pies firmes en el primer round. No estaba bien plantado y lo que yo aprecié fue que por eso se cayó al inicio de la pelea cuando intentaba salirse de las cuerdas evitando el intercambio. Nerviosismo. Falta de confianza. Increíble.

La mayoría de los jóvenes que deciden empezar en un deporte de contacto, el que sea, generalmente llevan el pensamiento primerizo de “aprender a partir madres”. Ya sea para defenderse de un abuso, para ganar respeto o para sentirse más seguros. Pero el común denominador es que se quiere aprender a tirar golpes. Mayweather pareciera que empezó a boxear para exclusivamente aprender a esquivarse golpes desde cualquier ángulo. Pero, para ser justos, Floyd, aunque siempre defensivo, antes no abusaba constantemente de ese estilo.  En divisiones inferiores como superpluma y ligero, Mayweather Jr. era un bestia. Impresionante. Para pruebas están: las pelea del 2005 contra Arturo Gatti, a quien masacró con ofensivas irrepetibles en esta generación. Y también la paliza que le dio en el 2001 al gran Diego Corrales a quien lograba mandar a la lona de un solo gancho de izquierda a la mandíbula. Dos auténticas obras maestras en donde la capacidad que Mayweather Jr. tiene para pelear está expuesta en uno de sus puntos más culmines.

Floyd Mayweather parece siempre estar cuidándose de algo. Da esa sensación. Adentro y afuera del ring. Su sequito de enormes guardaespaldas lo siguen hasta en su caminata al ring en las noches de pelea, en un hecho inédito, al menos para mí. Siempre parece estar a la defensiva en donde sea; como evitando algo. Tal vez un intento de agresión en su contra. Irónicamente, y justo como suele pasar, las cosas que intentamos evitar a toda costa terminan por alcanzarnos. Tal es el caso de Mayweather. Sus guardaespaldas están para obstruir algún conflicto en la calle, y Mayweather se ha visto por lo menos en uno muy famoso con el rapero T.I. Así también se ha visto en problemas legales, burlas de ex amigos y otro tipo de altercados.

En un programa de HBO 24/7 previo a la pelea con De la Hoya en 2007, Mayweather Jr. dio a entender que él y su madre sufrieron violencia doméstica por parte de su papá durante un tiempo. Él mismo declara ahí: “Siempre le tuve miedo a mi papá, hasta los veinte años le seguía teniendo miedo”. Es bien sabido que Floyd Mayweather padre fue atacado a balazos cuando su hijo era un niño, y al momento del ataque, el pequeño Floyd se encontraba en brazos de su padre, por lo que presenció todo en primera persona. No se trata de hacer un “sicoanálisis” de “Money May” a distancia. Es solamente una curiosidad mía, ya que para mí no es casualidad que Mayweather Jr. pelee así. Se defienda así. De Mike Tyson decían que exorcizaba sus demonios en cada nocaut. Y cuando veíamos a Tyson todos estábamos de acuerdo con eso. De esa manera Mayweather Jr. puede estar esquivando no sé qué cosa. Todos tenemos nuestros fantasmas. Y más allá de la excelsa técnica; para mí, es inevitable pensar cuando lo veo escurrirse sobre el ring de esa manera, que Mayweather Jr. se está defendiendo de algo más que los violentos golpes que van directamente hacia él.

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