Descifrando la obra maestra de Julio César Chávez contra el Chapo Rosario
Descifrando la obra maestra de Julio César Chávez contra el Chapo Rosario
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Descifrando la obra maestra de Julio César Chávez contra el Chapo Rosario

Cuando se habla de la mejor victoria en la carrera de Julio César Chávez, rara vez salta a la mesa su pelea contra Edwin “Chapo” Rosario. Sin embargo, esa pelea bien podría considerarse la obra maestra en la carrera del gran campeón mexicano.

No tiene la épica o el dramatismo del nocaut de último segundo sobre Meldrick Taylor. Tampoco tuvo la resonancia mediática de la pelea contra el Macho Camacho. No tuvo el escenario colosal de la pelea contra Greg Haugen en el Estadio Azteca.

Pero la forma brutal y sistemática en que Julio César Chávez demolió al Chapo Rosario el 21 de noviembre de 1987 en el Hotel Hilton de Las Vegas fue una cátedra.

Y aquí desciframos las razones por las que esa noche, ante el Chapo Rosario, Julio César Chávez consumó la obra maestra de su boxeo.

1. El nivel del rival y el momento de Julio

Edwin Rosario era el primer rival de élite en la carrera de Julio César Chávez. En ese momento, Rosario tenía un récord de 31 triunfos y 2 derrotas, con 24 nocauts. Era un pegador temible, con más de 77 por ciento de sus victorias llegando por la vía del nocaut.

Y las dos únicas derrotas que tenía en su historial en ese momento habían sido dos guerras brutales ante dos miembros de la élite en la categoría: Héctor “Macho” Camacho, y en la revancha con José Luis Ramírez.

Prácticamente, Rosario ya había consumado los logros que lo consagrarían en el Salón de la Fama del Boxeo Internacional de Canastota. En 2003, la revista The Ring enlistaría a Edwin Rosario en el lugar 36 entre los mejores pegadores de la historia.

Por el otro lado, Julio César Chávez había barrido la división súper pluma, con triunfos ante buenos contendientes como Juan Laporte, Rocky Lockridge, Rubén Castillo o Roger Mayweather. Pero el Chapo Rosario era otro nivel.

Era el primer futuro inquilino del Salón de la Fama al que Chavez enfrentaría. Y no solo eso, sino que Chávez subía de peso súper pluma a ligero retando a un campeón que era uno de los más duros pegadores de la categoría.

La pelea ente Edwin Rosario era de altísimo riesgo para Chávez. Era un campeón, fuerte pegador, y bien curtido en la categoría. Frente a un Chávez que había enfrentado a oposición de menor calidad, y subiendo a una nueva categoría.

2. La Brutalidad

Julio César Chávez le dio una golpiza a Edwin Rosario. El boricua terminó desfigurado, con el ojo izquierdo completamente cerrado, y el derecho severamente inflamado; sangrando de nariz y boca. Su esquina terminó lanzando la toalla para detenerle el combate en el round 11.

Antes de que llegara el nocaut en el round 11, el ilustre juez de la transmisión de HBO, Harold Lederman le había dado 9 de los 10 rounds previos al mexicano.

Chávez, por el otro lado, terminó con el rostro prácticamente intacto. “Vean el rostro de Chávez. Parece que puede ponerse ahorita a saltar la cuerda por otros 15 rounds. Se ve tan fresco. Este hombre vas a ser muy, muy duro de vencer”, decían los narradores de HBO al terminar la pelea.

La forma brutal en la que Chávez noqueó a Rosario esa noche fue un golpe de autoridad. Y no podía ser de otra forma, cuando un peleador con el historial de Chávez vencía así a un peleador que había enfrentado a mejores rivales.

El rostro desfigurado del Chapo Rosario tras su pelea con Julio César Chávez
El rostro desfigurado del Chapo Rosario tras su pelea con Julio César Chávez

3. La radiografía de un peleador completo

Julio César Chávez hizo lo que quiso ese día frente al Chapo Rosario. Lo mismo boxeó en la media distancia, que se metió a la guerra de trincheras contra el pegador.

Cuando tenía quedarse a medio camino entre el boxeador y el fajador, Chávez se convertía en un cazador. Al acecho, le cortaba magistralmente el ring a Rosario para arrinconarlo y castigarlo.

Demolió con ambas manos. Lo mismo arriba que abajo. Su ataque al cuerpo fue sistemático y crucial para detener a Rosario.

Cuando quedaba en la guerra del terreno corto, Chávez estuvo utilizando con efectividad el upper para levantarle el rostro a Rosario. La nariz y la boca del boricua terminaron sangrando profusamente.

Y cuando Rosario esperaba el ataque abajo, Chávez iba con rectos y volados al rostro del boricua. La brutal inflamación en ambos ojos de Rosario fueron testimonio de ello.

Chávez ha sido superior en cada renglón de lo que solemos evaluar: golpes limpios, agresividad efectividad, comando del ring y defensa”, sentenció Harold Lederman en la transmisión.

4. La defensa

El pináculo de un gran peleador defensivo se alcanza cuando es brillante lo mismo quitándose golpes, que resistiendo los que le llegan. Y esa noche Julio César Chávez fue un virtuoso en los dos renglones. Lo hizo, no olvidemos, ante un temible pegador que tenía un porcentaje noqueador  de casi el 80 por ciento, como Edwin Rosario.

En el tercer round de la pelea, Chávez recitó un poema con su boxeo. Ya dominaba con amplitud a Rosario, pero el boricua lanzaba ataques esporádicos. En algún momento, Chávez se retiró a la media distancia y Rosario quiso ir por él.

Sin embargo, Julio con sus contorsiones de cintura, logró quitarse todos los 15 golpes que Rosario le tiró en los últimos 20 segundos de ese tercer round. Y se los quitaba con cadencia, con ritmo, como un oleaje que iba y venía, haciendo que los golpes del boricua recorrieran el aire vacío en la arena del Hilton de Las Vegas.

Esa pincelada de la cintura de goma de Julio César Chávez levantó una ovación en la arena. Arte puro. Y para finiquitar, Julio decidió terminar el round como el agresor. En el último par de segundos del round, se le metió al terreno de corto a Rosario, y le levantó la cabeza con un poderoso upper de derecha.

Antes de que empezara la pelea, el comentarista de HBO había alertado que esa noche Chávez se enfrentaría a un pegador de verdad. La primera prueba verdadera para su mandíbula.

“Creo que descubriremos muy pronto qué tan bien asimila Chávez un golpe”, decía Merchant segundos antes de que empiece la pelea.

En el cuarto round, Merchant obtuvo su respuesta. Y es que Rosario apretó en la pelea. El boricua fue al frente y empezó a tirar golpe tras golpe. Pero Julio no reculaba a la media distancia. Se quedaba en el terreno corto y ponía a prueba su propio mentón.

Por momentos buscaba mover la cintura para quitarse golpes, y cuando lo lograba, Rosario fallaba prácticamente la mitad de sus golpes. Sin embargo, veíamos otra faceta de Julio. Estaba arriesgándose a recibir golpes para poder conectar los suyos. en ese capítulo, Rosario conectó varios golpes importantes en el round que sacudían la cabeza de Chávez, pero el mexicano lo absorbió sin chistar.

En esa pelea, vimos las dos caras de la extraordinaria defensa que caracterizaría la carrera de Julio César Chávez. Boxeando, Chávez era un artista para quitarse golpes en la media distancia danzando en las puntas de los pies. Y cuando se ponía en plan de cazador, Chávez iba al frente absorbiendo golpes sin chistar, para poder meter los suyos.

El Chapo Rosario entendió muy temprano en la pelea que su poderosa pegada no hacía mella en Julio. “Cuando un noqueador como Rosario se da cuenta de que sus golpes no están moviendo al rival, tiene que recurrir al plan B. Pero Rosario no sabe qué hacer, y ya debe ir como en el plan G”, decían los comentaristas.

Al final, los mismos comentaristas de HBO que habían enfatizado la prueba que Chávez enfrentaría en su mandíbula, quedaron convencidos de lo que vieron.

Chávez tiene una mandíbula que está hecha de algún tipo de metal que no conozco”, decía el narrador. “Ha absorbido muy buenos golpes de un peso ligero que pega muy fuerte”.

Las cifras de CompuBox dieron cuenta de la extraordinaria defensa de Chávez esa noche. Rosario solo pudo conectar 264 de los 731 golpes que lanzó, apenas el 34 por ciento.

Las cifras de Compubox de la pelea de Julio César Chávez contra Edwin "Chapo" Rosario
Las cifras de Compubox de la pelea de Julio César Chávez contra Edwin “Chapo” Rosario

5. La inteligencia

Para darle una correcta dimensión al comportamiento anímico y táctico de Julio esa noche tenemos que situarnos en entender quién era Chávez en ese momento de su carrera.

Había enfrentado buena oposición, pero no de élite. Había enfrentado a fuertes pegadores, pero no del poder de Rosario. En ese momento de su carrera, Julio no sabía qué tanto podía aguantar su mandíbula.

Tampoco sabía Julio qué tanto podía castigar su golpeo a los rivales, y menos peleando en una nueva división como ocurría esa noche en que Chávez debutaba en peso ligero.

En ese momento, Chávez no sabía de la amplia superioridad que tenía sobre todos sus rivales desde súper pluma hasta súper ligero. Era un Julio César Chávez que aún tenía que exprimir al máximo su boxeo y sus habilidades para llevarse el triunfo. No pecaba de confiado.

Y sin embargo, pese a esa inexperiencia, Julio se comportó como un veterano. Empezaba los rounds peleando a la media distancia, midiendo el poder de manos de Rosario. Y conforme se daba cuenta de que podía resistir la pegada del boricua, se metía al terreno corto para demoler al Chapo resistiendo su pegada.

Eso también lo consignaron los narradores esa noche.

“Debieron haber visto la expresión de Chávez antes de que sonara la campana. Era tan intensa que parecía que sabía exactamente lo que tenía que hacer en el round”, decía el narrador.

Nunca se asomó la duda, el dolor o el miedo, en el rostro de Julio César Chávez. Parecía que siempre se sintió favorito y que siempre se supo mejor que Rosario. Daba la impresión de que la noche anterior había soñado la pelea tal como se daría, y salió a ejecutar lo que ya había visualizado en su sueño. Y todo salió como lo pensó.

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