Días de aprendizaje en el gimnasio Wild Card de Freddie Roach
Días de aprendizaje en el gimnasio Wild Card de Freddie Roach
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Un día de entrenamiento en el gimnasio Wild Card de Freddie Roach

En un arranque de heroísmo, hace ya varios años, pasé un día en el gimnasio Wild Card, de Freddie Roach. Un día de entrenamiento, de combate, de sparring. De vivir por un día como es la vida de un peleador en uno de los gimnasios más prestigiados del mundo.

Miércoles 8:30 am Hollywood

Entre fatiga y nerviosos jadeos vi mi chaquetín blanco, teñido de rojo por la sangre que escurría de mi nariz, y frustrado pensaba: “Chingadamadre, es esta pinche guardia que no me deja, solamente los negros pueden boxear así”. Y es que Bo, mi entrenador, me instruía forzosamente a pararme a lo Mayweather. Con la guardia de cruceta, la famosa Concha de Philadelphia, el “shoulder roll”: parado de lado, con la izquierda en la cintura y la derecha arriba en la barbilla. Vuelve a sonar la campana y muy desobediente salgo ahora con las dos manos arriba, adoptando otra postura, pero me entran los mismos golpes. Bo me grita que qué carajos estoy haciendo (“¡What the fuck are you doing?!”) y vuelvo “a lo Mayweather”, sin poder esquivar un-solo-jab…

Minutos antes estaba vendándome las manos sin que el día tuviera algo extraordinario, pero Bo se encargó de mandarlo todo a la mierda: “¿Quieres hacer sparring?” – “sí”. Un fuerte chico afroamericano de mi edad (19 años) sería mi primer guanteo, él era algo intimidante pero bajo de estatura, de mi estatura. Alguna vez leí de una celebridad que dijo medir 1.70 en “un buen día” y eso mido yo, alcanzo el 1.70 en un buen día. Nos pusimos la coquilla, la careta, los guantes de 16 onzas, y subimos al ring. Lo observé más de cerca y pude ver un cuerpo mucho más atlético que el mío; cuadros en el abdomen, hombros ensanchados, brazos marcados: era como un pequeño 50 cent. Bo me dijo: “Muévete y jabea”,  y el round comenzó…

Me entraba un jab y luego otro, después una derecha. El uno-dos más anunciado… que vio todo el gimnasio menos yo, me pegó de lleno en la cara. De pronto me vi en la lona poco antes de que terminara el round. Así empezó el segundo y me tumbó dos veces más. Empecé a oír murmullos y sentir miradas que venían desde abajo del ring. Apenas comenzaba el día y yo era ya el sangriento show de medio tiempo. Tal vez un canguro boxeador de circo hubiera presentado mayor amenaza que yo esa mañana.

Muhammad Ali decía que cuando le pegaban fuerte y lo “tocaban”, estando mareado, veía tipos tocando el saxofón y escuchaba jazz en su cabeza. Yo quería escuchar mariachi o lo que fuera pero el silencio tenso del gimnasio era la única melodía que acompañaba las agitadas respiraciones, los golpes y los gemidos. En la esquina Bo me dice que el tercero será el último round pero si me siguen pegando igual lo va a parar antes de que termine. Pude terminar el round que pareció de diez minutos y al final me di un abrazo con mi compañero de sparring y le dije (en inglés) que estuvo muy bien y que deberíamos de hacer esto otra vez. Con la mirada confundida, sólo respondió: “Yeah”.

Wild Card, el gimnasio de Freddie Roach
Wild Card, el gimnasio de Freddie Roach

El Wild Card Boxing Club es el segundo piso de una plaza comercial ubicada a unas calles del boulevard Santa Monica en pleno Hollywood, y su propietario y entrenador,  Freddie Roach, ha trabajado con más de 20 campeones del mundo. Amir Khan, James Toney, Mike Tyson, Miguel Cotto, Chávez Jr, y la lista sigue pero siempre regresa y termina con Manny Pacquiao, de quien Roach se ha referido como lo mejor que le pasó en su vida.

El gimnasio abrió en 1994 después de que Roach abandonara su trabajo en telemarketing. Se mudó de Las Vegas a California para entrenar al actor Mickey Rourke. Trabajaron juntos en algunas peleas, hasta Rourke regresó a la actuación. Sin embargo, le dejó algo de equipo de boxeo a su amigo el entrenador, y el resto es historia.

Freddie Roach peleó 53 veces como profesional. Fue contendiente, sin embargo, se retiró en 1986 a los 26 años sin haber ganado un título mundial y perdiendo 5 de sus últimas 6 peleas. Años después, Roach empezó a tener temblores, dolores en el cuello, pérdida de equilibrio y otros síntomas. Anunciaban el Parkinson que habría adquirido por los golpes recibidos en el ring. A sus 54 años, la progresión de la enfermedad no le ha impedido realizar lo que para él es “el mejor trabajo del mundo”. Aunque acepta que en un mal día cuando las reacciones del cuerpo se agudizan y la enfermedad lo aflige se pregunta: “¿Por qué, carajos, yo?”

Jueves 8:30 am – Hollywood.

Regreso al Wild Card con la nariz y los labios hinchados después de la paliza en mi primer sparring. Algunos entrenadores me miran como sorprendidos. Les respondo con una mirada firme. Con ella, les intento notificar que sí. Que desde luego estoy aquí porque “si bien no tengo una buena defensa, soy mexicano y creo tener dos huevos que me cuelgan pesado”. Escucho un voceo al otro lado del gimnasio que dice “¡Hey guey!, ¡heeey guey!”. Me está llamando Bo, mi entrenador, un afroamericano de 1.90 con una panza muy prominente, pelón, y de brazos gruesos. A sus veintitantos ya está retirado. Siempre usa unos shorts tipo cargo de cuadros y los adorna con un glamoroso accesorio: un aparatito negro que va en el tobillo de criminales que están en “probation”, un período de prueba en donde ellos están restringidos a no moverse fuera de un área determinada.

Le digo que me llamo Ivánn y contesta que no importa, él me llamará “guey”. Ingreso al pequeño vestidor para cambiarme y veo una cartera encima de unos shorts kaki, yo soy el único ahí, entonces, naturalmente que me pongo a hurgarla, encuentro docenas de billetes de 100 dólares e instintivamente quiero tomar uno pues creo que nadie lo notaría. Y pues sí soy mexicano pero cuando dije que tenía “unos huevos que me colgaban pesado” estaba exagerando y mejor opto por salir a entrenar.

El Wild Card puede albergar en un espacio pequeño (aproximadamente tres rings) a más de 50 personas en una buena tarde, y muchos de ellos atraídos, por el aura de Freddie Roach. Los miércoles y viernes al mediodía hay sesiones de sparring de los profesionales, llegan campeones del mundo, prospectos, promotores y managers ambiciosos. Se respira talento y negocio. Aquí puedes encontrar desde una celebridad de Hollywood hasta un pandillero de East L.A.

Se abre de lunes a sábado y se cobran 50 dólares la mensualidad o 5 el día. Si quieres un entrenador te tienes que arreglar con él. Yo, a Bo le doy 10 dólares semanales para que me entrene y la cuota mensual decido ahorrármela hasta que alguien me diga algo. En tan solo unas semanas vi a boxeadores reconocidos como: Peter Manfredo Jr hacer abdominales, a Vanes Matisroyan demoler el costal, y he saltado la cuerda a un lado de Israel Vázquez. Y vi al mismo Freddie Roach llevar café a sus empleados.

Bo me manoplea y en un español chistoso y deficiente pero muy entendible me dice que pego como maricón, ordena que pegue más fuerte, “pinche maricón”, dice. Le comento que no fui bendecido con una buena pegada, y sonriendo me contesta que cualquiera puede pegar fuerte, efectuando la técnica correcta, “pinche maricón”, repite entre sonrisas. Termino mi entrenamiento y al bajarme del ring veo al ex campeón mundial pluma, Vicente Escobedo, recién bañado, vistiendo esos shorts kaki que encontré en el vestidor, debajo de la cartera, su cartera.

Cuando uno llega a Hollywood es imposible escapar de ahí, sus luces llenas de fantasía encandilan y fácilmente te envuelven sus mentiras con olor a perfume. El Wild Card no está exento de esto, aún así, se siente como un lugar más real, lleno de memorabilia y pureza boxística. Afiches cubriendo las paredes, flyers, fotos de boxeadores, posters, cuadros, una recepción y una oficina. Alfombra azul marino y un ring. Cuatro costales, peras y caretas, etc. El olor a sudor impregnado en las vendas y los guantes se alcanza a percibir desde la entrada.

El glamour acá no sirve y a todos se les trata igual, menos a Manny. El actor Mark Wahlberg dice que esa igualdad en el trato lo hace sentir cómodo y por eso visita el gimnasio. Cristian Bale también ha asistido a ver los entrenamientos de Manny Pacquiao. Inclusive, pude ver a Mario López, aquel odiado personaje, “AC Slater”, de Salvados por la Campana, entrenar todos los días y hacer sparring con boxeadores, mostrando una habilidad nata que algunos profesionales envidiarían. En la vida real se sigue quedando con las mujeres.

Viernes 8:30 am – Hollywood.

Llego al Wild Card e inmediatamente Bo me avisa que voy a hacer sparring, así que empiezo a calentar. Esperando mi momento intento entretenerme con la pera fija, le pego a una de tamaño pequeño y muy amarilla. De pronto llega Macka Foley, un viejo ex contendiente de los pesos pesados que trabaja ahí, me dice que me entretenga con otra pues esa es la pera del campeón y me enseña donde viene escrito el nombre de “Manny”. Ya en el ring, observo el largo ventanal que está a un costado, abarca toda la pared y está lleno de banderas: Puerto Rico, Cuba, México, Italia y claro, Estados Unidos y Filipinas.

Las banderas en el gimnasio Wild Card de Freddie Roach
Las banderas en el gimnasio Wild Card de Freddie Roach

Roach dice que se le ocurrió ponerlas para tapar el sol que entraba por ahí, cualquiera que traiga una bandera, esta será colgada sin problemas. En la parte de en medio de esa ventana está un letrero azul con letras blancas, “Wild Card Boxing Club”, debajo del letrero hay un recordatorio muy exacto que reza: “Aín’t easy”, no es fácil. En la esquina, mientras Bo me pone vaselina en la cara, le comento que no es queja pero que todavía traigo la nariz muy inflamada con coágulos de sangre adentro y batallo para respirar. Bo solo me responde: “Welcome to boxing”, bienvenido al boxeo. Y me da un último sabio consejo: “No dejes que te pateen el culo esta vez”, don´t let your ass get whooped this time. Se apaga la música del gimnasio, suena la campana y comienza el round…

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