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Edwin Valero y la leyenda del sparring en que “noqueó” a De la Hoya

En su laptop, Edwin Valero tenía el video de una sesión de sparring donde supuestamente noquea a Óscar de la Hoya durante la preparación del Golden Boy para su pelea con Manny Pacquiao de diciembre de 2008. Así lo recuerda Duglexer González, “Musampa”, persona cercana y encargado de la seguridad del “Inca” en declaraciones al periodista Alexis Rosas, autor del libro El último combate, la tragedia del Inca Valero. Segun Musampa, Valero “se vanagloriaba de esa grabación y la tenía entre sus posesiones más preciadas”.

Edwin Valero, que para entonces acumulaba 24 triunfos con 24 nocauts, ya había ganado el campeonato mundial súper pluma de la AMB, cetro al que renunció en septiembre de ese 2008 para subir a peso ligero, donde también se coronaría campeón mundial.

En ese momento el venezolano era una atracción de las transmisiones ilegales por internet donde miles de aficionados se agolpaban en sus computadoras para ver a esa brutal máquina del récord perfecto que había noqueado a sus 18 primeros rivales en el mismo primer episodio. Y era visto por internet porque rara vez se le otorgaba una licencia para pelear en Estados Unidos, pues en 2004, en un exámen médico, le fueron encontradas lesiones cerebrales derivadas de un accidente en motocicleta ocurrido tres años antes.

Pero además de la brutalidad sobre el ring, que era del dominio público, Valero también estaba construyendo una leyenda en los círculos más íntimos del boxeo: los de los gimnasios.

Y es que, aunque a Valero se le cuestiona la calidad de rivales a los que enfrentó, es indudable que en los sparrings sí enfrentó a peleadores de leyenda como Óscar de la Hoya o Erik “Terrible” Morales, a quienes hizo pasar apuros.

Además, esa leyenda se cimentaba en las grabaciones de las brutales sesiones de sparring que circulaban en internet desde que Valero comenzó a despegar en su carrera. Las múltiples sesiones que sostuvo con Urbano Antillón siguen siendo objeto de culto en la red, especialmente aquella en que el venezolano sacude la cabeza de Antillón, quien está a punto de irse a la lona, queda noqueado de pie y la sesión tiene que ser finalizada en ese mismo momento.

Valero sacude a Urbano Antillón en sesión de sparring

Y de las legendarias sesiones de sparring, la historia más contada es precisamente la del supuesto nocaut a Óscar de la Hoya en 2007. Esta versión era refrendada por varios miembros del entorno de Valero.

Además de la versión de Duglexer González, también está la de Francisco Rojas, asistente del venezolano en cuestiones publicitarias, quien asegura para el libro El último combate, la tragedia del Inca Valero que Valero fue intenso en esos entrenamientos y noqueó a De la Hoya “para demostrar que era buen boxeador y porque necesitaba darse a conocer en los Estados Unidos”.

El supuesto nocaut a De la Hoya también fue confirmado por Diógenes Carrillo, comentarista venezolano de boxeo y amigo personal de Valero, en el mismo libro, donde Carrillo recuerda que “en las sesiones de entrenamiento, Valero le dio verdaderas golpizas a De la Hoya e incluso lo noqueó en una ocasión, por lo que este decidió prescindir de sus servicios. Le pagó y lo sacó de los entrenamientos”.

Efectivamente, Óscar de la Hoya se presentó a un día de medios en aquella preparación con un moretón en el ojo derecho. Del lado del Golden Boy nadie se atreve a confirmar el nocaut, pero sí aceptan que Valero fue violento y tuvo que ser despedido del campamento.

Ignacio Beristáin, el entrenador mexicano que preparó al Golden Boy para la pelea con Pacquiao, confirma que Edwin Valero fue el sparring que castigó a Óscar y que le lastimó el ojo, aunque aclara que fue un golpe tardío. Beristáin no detalla que el venezolano lo haya noqueado, como relatan los allegados al Inca. Al final, luego de ese incidente, fue el propio Beristáin quien ordenó que despidieran a Valero como sparring.

 

Óscar de la Hoya con el ojo morado, supuestamente después del sparring con Edwin Valero
Óscar de la Hoya con el ojo morado, supuestamente después del sparring con Edwin Valero

Óscar de la Hoya con el ojo morado, supuestamente después del sparring con Edwin Valero

“Sí, lanzó un golpe después de que se acabó el tiempo”, recuerda Beristáin en entrevista concedida a Gabriel Montoya de Max Boxing en 2011. “Al día siguiente, lo corrí. Por eso (Valero) no me soportaba. Cada vez que me veía, no me saludaba. El hermano de Óscar dijo, ‘(Valero) No se va’. Le dije, ‘Sí se va, se va ahora mismo’. Así que Joel fue a quejarse con Óscar. Y Óscar le dijo a Joel, ‘Tienes que obedecer. Si Don Nacho dice que se va, se va”.

Aunque en privado Edwin Valero aseguraba a sus allegados que había noqueado a Óscar de la Hoya, en público se moderaba y solo se atribuía que había sido él quien le lastimó el ojo a Óscar en los sparring, y no Víctor Ortiz como también se especuló en la prensa.

“Yo fui el que le dejó el ojo morado a Óscar. Pregúntale quién fue”, declaró Valero al diario filipino Phillipine Daily Inquirer el 6 de diciembre de 2008 horas antes de la pelea entre De la Hoya y Pacquiao. “Por eso me corrieron de Big Bear. Solo hice ocho rounds de sparring con Óscar, porque después de esos ocho rounds, Óscar ya no quiso hacer sparring conmigo. Lo lastimé mucho”. Fue también en esa declaración cuando Edwin Valero lanzó su famosa predicción sobre el desenlace de la pelea entre Pacquiao y De la Hoya: “A Óscar no le gusta entrenar. A Óscar no le gusta correr. Pacquiao va a noquear a Óscar“.

Y horas después de la pelea entre Pacquiao y De la Hoya, cuando se confirmó el pronóstico de Valero, pues Pacquiao arrasó al Golden Boy, Boxeo Mundial volvió a entrevistar a Valero. “La predicción mía fue pública ayer, no salió hoy. Yo se lo dije a Doug Fischer de Max Boxing. Yo hice sparring con Óscar de la Hoya. Se lo dije a la prensa filipina. A mi me gusta Manny Pacquiao por nocaut. Hice sparring con Óscar, duré casi cuatro semanas en Big Bear, donde solo me dejaron hacer ocho rounds. Me corrieron. Dos semanas antes me dijeron, ‘No puedes estar aquí, Óscar necesita un hombre menos fuerte'”.

Las cualidades de Edwin Valero como sparring para Óscar de la Hoya provocaban discrepancia en el seno del equipo del Golden Boy. La decisión de correr al venezolano del campamento, una decisión de la cual Nacho Beristáin se ha hecho responsable, no tuvo unanimidad.

Edwin Valero es lo más cercano que verás a Manny Pacquiao. Valero tenía el estilo correcto”, dijo el entrenador de acondicionamiento físico de De la Hoya, Rob García, a Boxing Scene, días después de la pelea. “Por alguna razón Nacho pensó que Valero era demasiado rudo. Mi argumento era que si logras resolver a Edwin Valero, resuelves a Manny Pacquiao. Si ves cualquier video de los que tenemos, (Valero) lo estaba haciendo tan bien en el sparring como Pacquiao lo hizo en la pelea. Valero entraba y salía con su velocidad; lo confundía con su estilo zurdo. Pero lo mandaron a casa, pues Nacho tenía otros planes”.

Y Nacho Beristáin agrega que, además del ojo morado que Valero le marcó a De la Hoya, era la actitud del Inca lo que le provocaba incomodidad y lo que también lo convenció de prescindir de él. Valero había entrado ya a un fuerte problema de adicciones al alcohol y la droga que se sumaban a un comportamiento por momentos errático y violento derivado de las secuelas del accidente en motocicleta de 2001.

“(Valero) estaba algo loco”, recuerda Beristáin en la entrevista con Gabriel Montoya. “Como peleador era malo, pero cuando pegaba, pegaba muy duro. Yo lo corrí del campamento de Óscar. Le dije que le pagaran su dinero y lo botaran. En el campamento se quedaba hasta la madrugada jugando billar y bebiendo”.

Y es que Edwin Valero en los sparring era un peleador diferente al de las peleas. Parecería una obviedad, pues los sparrings son muy diferentes a las peleas, siempre. Pero en el caso de Valero bien vale el análisis.

El Valero de las peleas era brutal, desorbitado, urgido. Salía a despedazar al rival, se lanzaba sobre él, tiraba golpes a dos manos, como un muñeco de cuerda. Sus ataques lo dejaban abierto, vulnerable, llegó a irse a la lona, y se levantaba a seguir en la misma tónica. Con una violencia así, y con una pegada así, es normal que haya terminado sus combates pronto como lo demuestra su récord. El Valero de las peleas era crudo.

Edwin Valero, el de los sparrings era sutil, magistral. El de los sparrings era aún más parecido a Pacquiao que el de las peleas. Era pensante, calculaba su distancia, entraba, pegaba y salía para ponerse nuevamente en la distancia justa. Su mano izquierda confirmaba su tarea destructiva, pero su manejo de la mano derecha era fino, natural, como si fuera un diestro convertido. Su upper de derecha era preciso, directo, plástico. Castigaba también abajo con naturalidad.

El Valero de los sparrings se quitaba golpes, movía la cabeza, la cintura, contragolpeaba con una velocidad relampagueante. Ese Valero de los sparrings, el que vemos en las grabaciones contra el Terrible Morales, contra Urbano Antillón, contra los hermanos Santa Cruz, o Jesús Soto Karass, por encima del Valero de las peleas, es el que anima a pensar que el venezolano pudo llegar a grandes alturas de no haber sido por sus propios demonios.

Ese Valero confirma que con un entrenador que refinara esa crudeza brutal, podía ser una historia similar a la del día en que Manny Pacquiao conoció a Freddie Roach.

Los videos de esas sesiones de sparring entre Valero y De la Hoya existen, o existieron. Valero las tenía en su laptop, y Rob García confirma su existencia. Sin embargo, esas grabaciones no han visto la luz pública, y solo así se sabría la dimensión de lo que le hizo Valero a De la Hoya. Mientras tanto, la duda alimenta la leyenda.

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