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El arquetípico villano del boxeo: Luis Resto y los guantes con yeso contra Billy Collins

Luis Resto es el arquetípico villano del boxeo y quizá el más infame, en aquella noche trágica contra Billy Collins.

Luis Resto es el arquetípico villano del boxeo y quizá el más infame, en aquella noche trágica contra Billy Collins.

El exboxeador puertorriqueño vive en la paradoja de ser quizá el villano menos conocido de esta generación de aficionados y boxeadores, pero a la vez el más citado cuando alguna autoridad ‘atrapa’ a un peleador antes o después de hacer trampa con sus puños.

En el verano de 1983, Resto fue asignado para enfrentar a un prospecto de peso super welter de origen irlandés que parecía encaminado a peleas de campeonato mundial: Billy Collins Jr, de 21 años de edad.

Resto entró al profesionalismo precedido por una carrera amateur medianamente exitosa en la cual en dos ocasiones ganó los Guantes de Oro en peso welter del estado de Nueva York. Sin embargo en el plano profesional batalló acumulando una marca de 20-8-2 y 8 nocauts.

Collins Jr marchaba con marca de 14-0-0 y 11 nocauts. Venía acompañado de carisma, provenía del seno de una familia de clase trabajadora muy católica y estaba comenzando a ser bien promocionado.

El 16 de junio de 1983, Billy Collins Jr enfrentó a Luis Resto en el Madison Square Garden en un combate previo a la pelea por el título mundial welter AMB de Roberto ‘Manos de Piedra’ Durán contra Davey Moore.

Resto era un peleador conocido en Nueva York, que a pesar de no tener pegada de respeto, hacía peleas atractivas gracias a su aguante, estilo fajador y actitud combativa.

Para su mala suerte tenía un entrenador muy ambicioso y corrupto en la persona de Carlos ‘Panamá’ Lewis que sabía de la débil mentalidad de Resto y su frustración como un retador en declive cuya carrera se estaba yendo al ocaso.

Lewis se vio involucrado en una red de apuestas previo a la pelea y momentos antes del combate removió el cojín de los guantes de Resto para llenarlos con yeso con el consentimiento del propio peleador. Tuvo también la complicidad de la firma de un funcionario de la Comisión de Boxeo del Estado de Nueva York, como indican documentos de la corte.

Resto usó sus guantes cargados de yeso endurecido para que sus nudillos tuvieran mayor poder de perforación. Y también para que lucieran con mayor fuerza cada vez que acertaba un puñetazo sobre los ojos de su rival. Así, logró alzarse con una efímera victoria por decisión unánime en 10 asaltos de manera por demás inesperada.

Collins Jr. terminó con su rostro desfigurado. Presentó fractura del hueso orbital en ambos pómulos, sus párpados estaban grotescamente hinchados y la piel de su cara se tiñó de color morado. Es una escena que resulta escalofriante de ver, aun a casi 40 años de distancia.

Segundos después de ser anunciado el resultado, Luis Resto se acercó a felicitar a Billy Collins y su esquina. El padre de Collins, quizás sospechando la trampa, tomó la mano derecha de Resto, y notó algo raro en los guantes. De inmediato, Resto reaccionó tratando de zafarse y alejarse, mientras el padre de Collins no le soltaba la mano y llamaba al comisionado diciéndole que los guantes no tenían acojinamiento.

Ahí se extendió una espiral de tragedia y drama que arruinó la vida de ambos peleadores. Marcó con tristeza eterna a la familia Collins y acabó con Lewis como entrenador.

Un año después del pleito Collins Jr. se había refugiado en el alcoholismo incapaz de obtener una licencia para boxear debido a que había sufrido severo daño en las retinas de sus ojos. En términos técnicos estaba ciego.

Collins Jr. perdió la vida en un accidente automovilístico en Tennessee, el 6 de marzo de 1984, cerca de su hogar. La policía concluyó que conducía en estado de ebriedad; tenía 22 años de edad.

Resto y Lewis fueron sometidos a investigación por fiscales de Nueva York en 1983. En 1986 ambos pasaron dos años y medio en la cárcel por haberse comprobado que cometieron varios delitos. Los cargos fueron agresión, conspiración y uso de un arma mortal para provocar lesiones severas: sus guantes.

Todo fue resultado de las demandas que la familia Collins entabló contra la Comisión de Boxeo de Nueva York, el promotor Bob Arum (Top Rank), el fabricante de guantes Everlast, y el referí Tony Pérez.

Resto fue suspendido de por vida para volver a boxear; Lewis tenía prohibido participar como entrenador en la esquina del ring durante peleas profesionales. Sin embargo, volvió a gozar de relativo éxito como preparador físico de campeones mundiales como Zab Judah, a quien entrenó para su combate contra Miguel Cotto en el verano de 2007.

‘Panamá’ falleció el 19 de septiembre de 2020 a la edad de 74 años, en el exilio boxístico. Sufrió la condena moral por ser el autor intelectual de esta agresión ilícita detectada en el ring.

Pero previo a esto, Lewis obtuvo reconocimiento como entrenador del legendario Aaron Pryor. Lo  convirtió en campeón mundial y lo elevó como miembro del Salón de la Fama de Canastota. No sin antes protagonizar una trampa en su pelea contra Alexis Argüello.

En el documental de HBO, Assault In the Ring, Resto revela en entrevista al director de la película Eric Drath que ‘Panamá’ le proporcionó agua con aspirinas a Pryor previo al round 14. Eso, porque estaba apunto de ser detenido por el gran campeón nicaragüense, que defendía su título mundial de la AMB peso superligero.

Tras revisar el video de la pelea es perfectamente audible la orden de Lewis a su second: “No esa botella (de agua), la que mezclé”.

Luego, en el round 14, un Pryor rehabilitado noqueó a Argüello para alzarse con la mejor victoria de su carrera en ese momento.

El efecto del agua mezclada con aspirinas le habría abierto más el tracto de los pulmones a Pryor para que así pudiera procesar más oxígeno y aire. A la par, podría hidratarse mejor en lo que había sido una pelea extenuante al nivel del mar en el Orange Bowl, de Miami. Era un 12 de noviembre de 1982.

Lewis, quien fue discípulo del entrenador Chickie Ferrara, también estuvo en la esquina de Roberto Durán, cuando perdió, por decisión, ante Wilfred Benítez, esa misma noche de 1982. A la fecha no ha surgido una polémica o alguna revelación de trampa sobre esta pelea, y ojalá no la haya.

Resto tiene 66 años de edad. Deambula en calidad de desamparado por las calles del Bronx, donde vive en las cañerías de esa ciudad neoyorquina. De vez en cuando funge como instructor de boxeo para jóvenes prospectos y de ahí gana algunos dólares.

Según el documental, durante casi un cuarto de siglo, Luis Resto negó públicamente saber que Lewis había manipulado sus guantes previo a la pelea con Billy Collins. Sin embargo, en 2007, Resto se disculpó con la viuda de Collins. Andrea Collins-Nile intentó demandar nuevamente al estado de Nueva York por no proteger a su difunto esposo en una pelea sancionada por la Comisión Atlética de dicha entidad.

Resto también reveló a la señora Collins-Nile que además de quitarle el acolchado de los guantes, Lewis empapó sus envolturas de mano en yeso. Esto causó que las envolturas se endurecieran en moldes similares a los utilizados para quebrar huesos.

En el mismo documental, Resto también visitó la tumba de Collins y dijo: “Lo siento por lo que te hice”.

En una conferencia de prensa de 2008 en Nueva York, Resto reconoció que sabía que Lewis había sacado el relleno de sus guantes. Aceptó también que lo había hecho al menos dos veces antes, pero no dijo cuáles peleas o cuándo fueron.

Resto reconoció que no protestó en ese momento a pesar de que sabía que las cosas eran ilícitas. “En ese momento, yo era joven. Seguí adelante”, dijo lacónicamente al director del documental.

Ahora como anciano su vida sigue en la infamia.

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