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El avionazo en que murió Rocky Marciano mató también una era en el boxeo

El avionazo en que murió Rocky Marciano mató también una era en el boxeo

La noche del avionazo, cuando se precipitó a tierra la avioneta que transportaba a Rocky Marciano, matándolo al instante, terminó de caer también el telón del boxeo antiguo. Había iniciado ya, una época convulsionada, la de los 60, e iniciaba otra, aún más revuelta: la de los 70.

El 31 de agosto de 1969 era un día antes del cumpleaños de Rocky Marciano. El gran campeón de los pesados, que se había retirado invicto, estaba en Chicago y tenía programado volar a su casa en Fort Lauderdale para festejar por la noche. Un amigo tuvo la desafortunada idea de pedirle que diera un discurso en un restaurante de Des Moines, Iowa. Marciano accedió a posponer el viaje a su casa y hacer la presentación.

Temprano esa noche, él y su amigo abordaron una avioneta pequeña de un solo motor piloteada por Glenn Belz. El clima era malo, con un cielo cerrado de nubosidad baja y visibilidad limitada. Belz no era el más experimentado de los pilotos. Cuando la aeronave volaba por encima de Newton, Iowa, perdió potencia y altura, golpeó un árbol, y se precipitó a tierra. Los tres pasajeros en la aeronave murieron de forma instantánea. El cuerpo maravilloso de Rocky Marciano fue encontrado prensado debajo de los restos del avión. Algunas versiones aseguran, incluso, que el accidente le provocó una decapitación. Así había caído finalmente el campeón, que no conoció la derrota en 49 combates.

Con él, cayó la época de la inocencia, la Edad de la Simpleza, como la describe su biógrafo Russell Sullivan. Una época donde los valores que solía enaltecer la sociedad estadounidente, y por consiguiente la prensa, eran los de la clase trabajadora, las del inmigrante que salía adelante en el llamado “Sueño Americano”, los que eran patriotas e iban a la guerra a servir a su país, los que vivían los lujos con los grandes autos estadounidenses de manera sobria, que eran hombres de familia, alejados del escándalo, que respetaban la autoridad.

En una década cambió todo. Rocky Marciano murió al final de una década acelerada, donde nació la adolescencia. Antes, los niños pasaban a ser adultos a cierta edad. En los 60, surgió la rebeldia, el cuestionamiento, la libertad. Fue la década en que Muhammad Ali se convirtió en el negro que levantaba la voz, que no se dejaba, que reclamaba lo que era suyo. Atrás quedó la época en que los héroes negros se caracterizaban por una dignidad silenciosa, eran buenos negros en la medida en que no hablaran, no se inconformaran. En los 60, Muhammad Ali se negó a ir a la guerra.

La filmación casi secreta de una pelea entre Muhammad Ali y Rocky Marciano

De la última defensa del campeonato pesado de Rocky Marciano a la obtención del mismo título por parte de Muhammad Ali (entonces llamado Cassius Clay), pasaron tan solo 8 años y 5 meses. Pero en términos de cambios sociales en Estados Unidos, pareció un siglo.

La muerte de Rocky Marciano en 1969, generó una oleada de reflexión, de retrospectiva.

“En los periodistas que cubrieron las glorias de Rocky Marciano en los años 50 había algo más que nostalgia”, explica el biógrafo Russell Sullivan en su libro Rocky Marciano:The Rock of his Times. “A finales de los 60 ya se vivía un mundo deportivo totalmente diferente. El impacto de la televisión era innegable. El boxeo ya no era el deporte predominante. Los atletas estaban más politizados, más despiertos socialmente, más sensibles racialmente, y eran mas controvertidos que antes. El mundo había cambiado considerablemente desde la Edad de la Simpleza y se había vuelto mucho más complejo. Los viejos periodistas deportivos como Red Smith, Arthur Daley y Jimmy Cannon, así como sus viejos lectores, intentaban entender todo lo nuevo. Para ellos, la muerte de Marciano era un indicativo más de que su viejo orden mundial se estaba desmoronando”.

En 1968, los músicos Simon y Garfunkel habían reflexionado sobre lo mismo en su célebre canción Mrs. Robinson. “¿A dónde te has ido Joe DiMaggio? Una nación voltea su solitaria mirada hacia ti”. Al igual que Rocky Marciano, Joe DiMaggio era una estrella del deporte, beisbolista y descendiente de italianos, que se había arraigado en el corazón de la sociedad estadounidense.

“(Simon y Garfunkel) Bien podían haber sustituido el nombre de DiMaggio por el de Marciano“, reflexiona Sullivan. “Rocky Marciano, al igual que Joe DiMaggio, fue uno de los últimos héroes que se hicieron más que grandes que su propia existencia. Para finales de los 60, los cambios se habían esparcido en la sociedad estadounidense y muchos añoraban los años y los héroes que eran más simples. Aquellos que habían madurado antes de los 60 intentaban entender a las nuevas generaciones que apenas unas semanas antes de la muerte de Rocky Marciano, se habían reunido masivamente en Woodstock. Como un auténtico hombre de los 50, Rocky Marciano probablemente no entendía el amor libre, el pelo largo, la falta de patriotismo, la falta de respeto a la autoridad y el sentido de la rebeldía. Lo tiempos, realmente habían cambiado”.

El día que murió Rocky Marciano, el boxeo también confirmó el paso a una nueva época.

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