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El bochorno Yildirim: Las 5 reflexiones que los organismos deben hacerse hoy

El bochorno Yildirim: Las 5 reflexiones que los organismos deben hacerse hoy

La pobrísima actuación que dio Avni Yildirim en su pelea contra Saúl “Canelo” Álvarez el pasado sábado fue criticable a tantos niveles, que debió haber encendido las luces de alerta en toda la industria del boxeo, pero principalmente, en los organismos.

Yildirim subió al ring sin tirar golpes, tímido, aterrado, paralizado. El Canelo lo tiró en el tercer round, el turco se levantó. Y al llegar al banquillo al terminar el round, su propia esquina optó por pararle la pelea. En la mayor oportunidad de sus vidas, optaron por entregar la rendición al primer susto, renunciando rápido al combate sin presentar batalla. A lo que no renunció fue al jugoso cheque de 2.5 millones de dólares.

1. Las luces de alarma ya estaban encendidas

Tenía dos años sin pelear. Para cuando Avni Yildirim subió a su combate con el Canelo, el 27 de febrero de 2021, tenía exactamente dos años y cuatro días sin pelear. Su último combate había sido el 23 de febrero de 2019. ¿Cómo puede un peleador mantener un estatus de retador mandatorio con dos años sin pelear?

Se entiende que en tiempos pandémicos, la actividad puede ser un tema complicado. Pero la pandemia lleva un año, y su inactividad lleva dos. ¿Qué pasó todo el primer año de inactividad de Yildirim?

2. ¿Contra quién había peleado Yildirim?

Avni Yildirim no le había ganado a nadie como para merecerse una oportunidad así. Los dos nombres más notables en el historial de Yildirim eran Chris Eubank y Anthony Dirrell, y con los dos perdió.

Ante Chris Eubank Jr sufrió un contundente nocaut en el tercer round. Ese nocaut debió ser el parámetro adecuado para saber las limitantes del turco cuando llega a enfrentarse a cierto nivel de oposición. Un par de días antes de la pelea de Yildirim contra Canelo, Chris Eubank planteó una pregunta en sus redes sociales que muchos debieron hacerse.

“¿Como y por qué Canelo está peleando con un sujeto al que noqueé en tres rounds hace tres años?”, preguntó Chris Eubank en su cuenta de Twitter. “Creo que si es el mejor libra por libra, como dicen muchos, deberá noquearlo en el primer round, así que ya veremos”.

Contra Anthony Dirrell también perdió, en condiciones controversiales si se quiere, pero perdió. Dirrell sufrió un corte por cabezazo accidental, no pudo seguir en el combate, y la pelea se fue a las tarjetas. Dos de los tres jueces vieron ganar a Dirrell, ante las protestas de Yildirim.  Es decir, ni siquiera fue un triunfo claro lo que le valió a Yildirim el mantener un boleto durante dos años para ser el rival mandatorio. Fue una derrota dudosa.

En las dos únicas peleas ante contendientes reales al título mundial, Dirrell y Eubank, Yildirim perdió. Parecía claro que Yildirim había alcanzado su techo.

3. ¿2.5 millones de dólares?

Avni Yildirim se embolsó 2.5 millones de dólares por subirse al ring para rendirse a las primeras de cambio.

Es cierto que la bolsa va correlacionada a todo lo que una pelea genera. Y en este caso, el que genera cantidades estratosféricas de dinero es el Canelo, y eso crea un campo magnético para todos. El Canelo genera lo suficiente para que todos ganen, y ganen más que en toda su carrera completa.

Pero el hecho de que un peleador como Yildirim gane 2.5 millones de dólares por hacer nada debe generar una reflexión.

A ver: la posición de retador mandatorio existe en un afán democratizador. Es decir, el ideal es que todo aquel peleador que acumule los méritos suficientes, tenga en algún momento, la oportunidad de retar al campeón. O sea, que exista siempre la posibilidad de la sorpresa.

La idea se gesta desde el romanticismo. Que el desfavorecido derrote al campeón, siempre será una historia inspiradora, esencial para el boxeo. Es una idea fundacional del imaginario boxístico. Pero esa sorpresa, esa historia de cenicienta, va impulsada desde el hambre. Desde el no tener nada, y soñar con tenerlo todo. De eso están hoy llenos los gimnasios en México, en Filipinas, en Nicaragua, en Puerto Rico. De hambre y de sueños.

Yildirim renunció a las primeras de cambio porque sin tirar un solo golpe, ya había ganado todo lo que soñaba ganar. Tenía garantizado un cheque de 2.5 millones de dólares. Subió al ring sin hambre, porque subió al ring con la vida resuelta.

La idea de que un retador mandatorio gane toda esa cantidad de dinero rompe con el ya citado ideal romántico y democratizador con el que se creó el estatus del rival mandatorio.

4. El Canelo no tiene la culpa

Al Canelo se le puede culpar, y con razón, de muchos otros pecados en la industria del boxeo, pero no de la penosa noche con Yildirim.

El propio Canelo lo dijo después de la pelea: aceptó pelear con Yildirim solo para cumplir el compromiso de hacer la mandatoria, pues si no peleaba con él, el CMB le quitaba el cinturón. Y Canelo quiere el cinturón, porque su objetivo es ser campeón súper medio por los cuatro organismos. De lo contrario, el Canelo ni se hubiera subido contra Yildirim. Saúl hizo lo que tenía que hacer.

Esa culpa, de lo que ocurrió con Yildirim, debe recaer en los organismos, y en este caso, en el Consejo Mundial de Boxeo. Al día siguiente, Mauricio Sulaimán se veía visiblemente decepcionado. Esperaba más de Yildirim. El organismo apostó por el turco y le conservó sus derechos como retador mandatorio, a pesar de la controversia, la inactividad y todo lo demás. Pero Yildirim cobró y se fue, dejando a todos, el CMB incluido, con el rancho ardiendo.

Cuando en la entrevista al día siguiente le pedían que elaborara más en su sentir hacia Yildirim, Sulaimán parecía molesto. No quería dar más explicaciones. Y es que no se puede dar más explicaciones a algo que es inexplicable, como tampoco se puede defender lo indefendible. La misma molestia se percibió en Sulaimán en meses pasados cuando le pedían que justificara el hecho de que haya tres campeones mundiales de peso ligero en su organismo. Tampoco podía defenderse con solidez entonces, porque también parece algo que desafía la lógica.

Quizás sea una buena oportunidad para que Mauricio Sulaimán reconduzca al CMB hacia las bases. Hacia aquellos años en que los organismos nacieron para darle orden a aquella selva, donde todos se comían a todos, en manos de la mafia y los gangsters que tenían secuestrado al boxeo. Hoy, los cuatro organismos, no solo el CMB, han generado el desorden y la confusión. Se convirtieron en la enfermedad y dejaron de ser la medicina. Es hora de encontrar la vereda de regreso en esta nueva selva.

5. Los organismos deben tomar nota del caso Yildirim

Que las reglas de uno de los organismos hayan impulsado a un peleador como Yildirim hasta la posición de retador mandatorio, requiere que esas reglas sean revisadas. Pero requiere también que los parámetros para que un peleador se clasifique en los primeros sitios se endurezcan.

Parte del problema en que un retador obligatorio no tenga el nivel requerido para la posición, como ocurrió con Yildirim, radica en la gran cantidad de cinturones que están inventando y entregando los organismos.

Veamos el ejemplo de los pesos ligeros. En los últimos listados de los cuatro organismos, hay ocho cinturones de campeonato mundial con dueño. Teófimo López tiene cuatro, Ryan García tiene uno, Devin Haney tiene uno, Gervonta Davis tiene uno, Yvan Mendy tiene uno.

Ocho campeones mundiales para cuatro organismos. Pero eso no es todo. Como los campeones no se enlistan en las clasificaciones, viene otra enorme cantidad de peleadores en los listados. Si revisamos los 10 primeros clasificados de los cuatro organismos, encontraremos 23 peleadores, pues varios de ellos aparecen enlistados en más de un organismo. Si sumamos esos 23 peleadores a los cinco campeones, tenemos 28 peleadores. ¿Realmente hay 28 peleadores de peso ligero en el planeta con capacidad de aspirar a un título mundial? Por supuesto que no, aunque estemos hablando de la división más nutrida de talento del boxeo actual.

Entonces, ¿para qué tenerlos? Sería mejor crear una sola lista unificada para los cuatro organismos. Y tener un solo campeón por cada organismo. De esta forma, si el campeón del CMB es Teófimo López, entonces Devin Haney podría estar peleando contra Ryan García para encontrar a un retador obligatorio. O si en la AMB, el campeón es también Teófimo López, entonces Gervonta Davis estaría peleando contra Lomachenko o Linares, para ganarse la oportunidad titular.

Quizás no sería mala idea poner como requisito que, para que un peleador acceda a una posición mandatoria, tenga que estar entre los primeros cinco puestos en tres de los cuatro listados. Todo sea por la calidad.

De esa forma los organismos mejorarían el nivel de las peleas eliminatorias, y se elevaría también la vara en cuanto a nivel de talento, para que ningún Yildirim se cuele a una posición mandatoria.

Pero hoy, por ejemplo, gracias a este laberinto que crearon los organismos, un tal George Kambosos se ganó la posición de mandatorio en peso ligero de la FIB contra Teófimo López. Y se ganó la posición con un solo triunfo importante: una victoria por decisión dividida en una eliminatoria contra un Lee Selby que había sido campeón mundial dos divisiones abajo, en los pluma. Y de paso, George Kambosos, que muy probablemente caerá noqueado contra Teófimo, se embolsará 2.1 millones de dólares.

Es decir, varios de los vicios de Miami con Avni Yildirim parecen repetirse con George Kambosos como rival mandatorio de Teófimo López. Llegar a una posición mandatoria sin tener suficientes méritos de importancia en una división bien nutrida de talento. Y, además, ganando una millonada. Es una receta que es una invitación al bochorno, como el del sábado pasado.

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