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El boxeo no es negocio, la cerveza sí

Hay miradas lascivas a las piernas de las mujeres que anunciaron el ganador de la pelea que recién terminó. Hay aplausos para los peleadores. Hay comida de pueblo y cerveza. Todo mientras el anunciador presenta al actual campeón mundial interino de peso medio por el CMB, Marco Antonio “Veneno” Rubio, como invitado especial de la noche. El reconocido boxeador, muy tímidamente, da gracias a través del micrófono y dice sentirse contento por “estar con la raza de aquí de Monterrey”. Son las 10:30 pm del miércoles 23 de abril 2014. La velada de boxeo que Promociones El Jefe está realizando parece ser, por lo menos, de mediano éxito ya que el Centro de Espectáculos El Jefe se encuentra a un 80% de afluencia. Sin embargo, las palabras de Rosalío Aviléz, director y fundador de la promotora, mejor conocido como “El Jefe”, dicen lo contrario. El boxeo no es negocio sino “filantropía”.

Nos encontramos en la calle Guerrero en el centro de Monterrey, Nuevo León. El lugar es el No. 114, entre Colón y Reforma, la primera calle destaca por ser la arteria principal por donde circula la vieja línea 1 del metro elevado, y la segunda calle muy conocida en la ciudad por su comercio informal, su oferta de prostitución barata – por lo menos económicamente hablando- y pornografía amateur. Dos cuadras hacia abajo topamos con Avenida Madero: un pasillo luminoso de cemento, tan grande como anticuado, donde a los dos costados de la avenida, pequeños edificios deteriorados y construcciones muy imperfectas albergan tiendas de ropa barata y sombreros, puestos de tacos, bares de striptease y demás variedades.

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Dos horas antes comenzaba la función en el Centro de Espectáculos El Jefe. La segunda pelea de la noche fue protagonizada por dos jóvenes morenos y corriosos, en buena condición física: Nestor Daniel Robledo de San Luís Potosí y Omar “El Triste” Rivera de Ciudad Madero, Tamaulipas; se pegaron durante 6 rounds en peso supermosca. Trataron de noquearse y fracasaron. El “Triste” Rivera salió vencedor en las tarjetas.

El lugar es un cuadrado con un segundo piso de balcón. La entrada general es de 100 pesos y al pagar te entregan el programa para las peleas de la noche en una hoja, con información puntual de los peleadores: manager, lugar de origen, gimnasio, peso. En el centro está el ring, y encima de él cuelgan dos pantallas planas donde transmiten programas deportivos ininterrumpidamente. No hay vestidores privados, de frente a la entrada, en el segundo piso, se puede ver a los boxeadores calentar y prepararse para el combate.

Son 30 mil pesos mexicanos, aproximadamente, lo que se les paga a los púgiles de la pelea estelar, que esta noche estará protagonizada en peso ligero por José “La Boa” Rodriguez y Abraham “El Bombi” Cordero. El señor Rosalío, “El Jefe” me dice que aún con los patrocinios principales de Tecate y la marca mexicana de ropa deportiva ADX no bastará para lucrar con lo ofrecido esta noche. Cuando el negocio es redondo apenas alcanza para no perder dinero. “Lo hago porque el boxeo es mi pasión”, expresó el señor Rosalío, quien vio toda la función desde el balcón del lugar acompañado por el “Veneno” Rubio hasta que yo llegué a interrumpir. “Uno lo hace por los boxeadores, no por otra cosa, dinero no saco. Esto es filantropía pura y es por el peleador y para la gente, esta ciudad se merece más boxeo”, agregó.

Mil pesos mexicanos por round se llevan generalmente aquellos peleadores primerizos que debutan en el terreno profesional. Cabe mencionar, que Rosalío Aviléz y Promociones El Jefe fueron premiados por la Comisión de Box del Distrito Federal como “la mejor promotora de boxeo de provincia” en el 2009. Y el pasado 10 de mayo tuvieron su primera función transmitida a nivel nacional por Televisa en México y Fox Sports en Estados Unidos. En esa función todos los boxeadores fueron revisados por un neurocirujano y se les aplicaron distintos exámenes médicos como una biometría hemática y un perfil bioquímico, en un hecho tal vez sin precedentes en la industria y su relación con la salud del peleador.

“Yo soy de Matehuala, San Luis Potosí”, explica “El Jefe”. “Ahí viví mi niñez y mi tío me enseñó el boxeo. Peleé unas diez veces como profesional, pero eran peleas así chicas, de rancho, como si fueran peleas de gallo”.

-¿Y cuándo llegó a Monterrey?

-No recuerdo el año, pero estaba joven. Dormía en la Coliseo.

El señor Rosalío, como le llaman su sequito de empleados y sus conocidos, vivió en las calles del centro de Monterrey, durmió en la estación de ferrocarril y la Arena Coliseo, a unas calles de donde se encuentra ahora su propio bar nocturno. Rosalío, “El Jefe”, a falta de preparación académica y aptitudes laborales comprobadas, barría la Arena Coliseo para comer. Ahí pasaba sus noches también. Dicha arena, es conocida como un lugar de boxeo y lucha libre. Nadie hubiera pensado que años después aquel barrendero de Matehuala organizaría sus propias funciones de box en el lugar que solía limpiar.

-La promotora la fundamos en el 2003. Y generalmente organizamos más de 30 peleas al año, casi todas en Monterrey y algunas en Matehuala.

-¿Y cuál es el sueño que usted quisiera lograr con Promociones El Jefe?

-Pues seguir haciendo funciones, a lo mejor organizar peleas de campeonato mundial.

En medio de la plática, Marco Antonio “Veneno” Rubio se despidió de “El Jefe” y en un cruce amable de palabras y un saludo que tuvimos, dijo que tenía que viajar al DF en la madrugada por lo que se retiraba temprano. Mencionó que esperaba ansioso al ganador de la pelea entre Miguel Cotto y Sergio Martínez programada para el 7 de junio en Nueva York. Y que con Robert Garcia en su esquina se siente muy bien. Entre fotos y saludos de la gente, el boxeador bajó del balcón y se dirigió a la salida. La función seguía entre aplausos, chiflidos a la edecanes que anuncian el siguiente round, tacos de picadillo y deshebrada a 10 pesos, whisky a 47 pesos. Y sobre todo cerveza, mucha cerveza, a 25 pesos cada una.

El amor genuino e incondicional –tan extraño en este mundo- que el señor Rosalío le tiene al boxeo no termina en la promoción de peleas. El Deportivo El Jefe es semillero de talento pugilístico a nivel amateur y profesional. Tienen tres gimnasios en diferentes municipios de Nuevo León. De la promotora han salido talentos como la campeona mundial interina mosca de la AMB, Arely Muciño, quien dicho sea de paso, se estrenará ella misma como promotora – con Arely Promotion- el 23 de mayo en la misma ciudad. El prospecto mexico-americano Michael Medina, quien fue sparring de Floyd Mayweather Jr en su preparación para la pelea con Óscar de la Hoya en 2007, también desfiló por Promociones El Jefe. Según el propio señor Rosalío, a Medina le pagaron 2 mil dólares semanales por ese trabajo. Julio César “Pingo” Miranda, ex campeón mundial mosca del OMB, también fue uno de los boxeadores predilectos de Promociones El Jefe y muy reconocido en la ciudad. “Nosotros dejamos libres a los peleadores. Si les ofrecen cosas que nosotros no podemos dar, en otra promotora o en Estados Unidos, los dejamos ir sin problemas. Todo se trata de beneficiar al boxeador”, me explica “El Jefe”, mientras es saludado por otros promotores que llevaron talento de su “establo” para esta noche.

A la hora de cuestionamientos más directos sobre el negocio del boxeo y su promotora, el señor Rosalío, como es natural, simplifica los procesos y las partes. Se limita a decir que muy pocas veces gana dinero en una función. Dice que el Centro de Espectáculos El Jefe es “más negocio” cuando funciona solo como restaurant bar y transmite los partidos de fútbol de los equipos locales o se convierte en salón de baile con un grupo de música popular –cumbia, vallenato-.

Pero se muestra aún más hermético cuando le pregunto sobre la desaparición del boxeo profesional por parte de su promotora en Monterrey por ahí de los años 2008-2010 cuando la guerra del narcotráfico estaba en su punto más delicado al norte de México. En esos años la violencia bárbara se plantó en escenarios populares e impensables de la ciudad. Masacres en bares, decapitados en calles, cuerpos colgados de puentes, secuestros y otros horrores eran parte del vivir diario en una ciudad convulsionante que salpicaba sangre de todos lados. El rumor en la calle era que el señor Rosalío, siendo un empresario reconocido en el giro del “restaurant/bar” para la clase popular, había tenido un problema relacionado con la inseguridad y que por eso se había exiliado en Saltillo, Coahuila. Él niega dicho conflicto, aunque reconoce haber vivido en Saltillo, – a una hora de Monterrey –  haber hecho funciones de box con su promotora, y construir ahí otro Centro de Espectáculos El Jefe aún por inaugurarse, él le adjudica ese exilio a un desacuerdo con el entonces presidente de la Comisión de Box en Monterrey. “De hecho cuando regresamos a hacer peleas acá, el mismo municipio de Monterrey no nos dejaba, quien sabe porqué, no nos daban una respuesta clara”, agregó. 

Hablando con Alberto Hernández, encargado de prensa para Promociones El Jefe, me repite la misma palabra que el señor Rosalío, “filantropía”, para referirse a las funciones que organizan. Daniel Bautista, un viejo amigo de Rosalío Aviléz, también me dice que esto “El Jefe” lo hace por gusto y no por otra cosa. Según sus palabras, el negocio es prácticamente inexistente.

Irma Salinas Rocha (1925 – 1999), heredera perteneciente a una cúpula de la clase alta del país que reside en San Pedro Garza García, Nuevo León, el supuesto municipio más rico de Latinoamérica, cuenta en su libro Nostro Grupo sobre la fundación de Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma en 1890  y como esta fue parte clave del avance industrial acelerado que llevó a Monterrey posteriormente a convertirse en una ciudad referente para los negocios, las oportunidades laborales y la vida cómoda. Tal es la relevancia de ese producto en la construcción de esta ciudad, que conserva esa imagen hasta el día de hoy: La ciudad de las montañas, la carne asada y la cerveza. Y basta un fin de semana aquí para comprobarlo. Entonces cuando veo al señor Rosalío, de 1.70 de estatura, moreno, con ojeras, rapado, de mirada cansada a los 60 años, originario de Matehuala, no puedo evitar preguntarle cómo alguien así, viniendo desde muy abajo y que llegó a vivir en la calle, hizo para tener lo que hoy tiene: estabilidad económica, por decirlo de una manera elegante. “El Jefe” me contesta que logró cosas aprendiendo a contar y vendiendo cerveza. Fijándose bien en cuanto se la vendían a él y en cuanto la vendía él a sus clientes. Así abrió un bar “y luego otro y luego otro”.

– ¿Cómo? ¿Sabiendo vender cerveza?- le pregunto incrédulo.

-Sí. La cerveza a mií me hizo.

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