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El Chino Maidana, un ídolo silencioso

El 10 de diciembre, el Diario Clarin le otorgó a Juan Carlos “Cotón” Reveco el premio “Consagración de boxeo” por su gran 2013. El sábado siguiente a esa velada, Chino Maidana tenía que presentarse. Y no sólo lo hizo, sino que le dio una lección a Adrien Broner. Alcanzó la gloria y el título.  Al minuto siguiente del anuncio de las tarjetas comenzó la vorágine por abrazarlo, por quererlo y, sobretodo,  por reconocerlo.

Marcos Maidana no es “ese chico humilde que busca una oportunidad”. No. Es un hombre con determinación que habla sólo en el cuadrilátero y con un lenguaje propio: sus puños. De esta forma forjó sus 10 años de carrera. Perfil bajo, el Chino aprendió a no engalanarse  con los elogios y reconocimientos. Le dio lo mismo bajarse del avión y saludar a los cientos de periodistas que estaban allí esperándolo tras la paliza a Broner. Si no hubiera habido nadie, no pasaba nada. Habló con simpleza y fue claro sobre sus prioridades: “Me quiero tomar unas buenas vacaciones y estar con mi familia”.

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Luego de la batalla en el Alamodome en San Antonio, su única aparición pública fue para recibir un premio. Sí, de repente, una semana después de no haber ganado la terna en su deporte,  el santafesino no sólo era elegido –casi por los mismos periodistas-  como el mejor de su disciplina en el año, sino que también como “El mejor deportista argentino de 2013” en la entrega de “Los Premios Olimpia”.  El exitismo a la orden del día.

El público registra a Maidana y lo quiere. Siempre es fácil valorar a un tipo que calla a un hablador. Por eso el hombre que no mira boxeo habitualmente le muestra respeto, además porque es un caudillo que habla poco y no busca meterse en la gente con frases hechas y fáciles.  En Argentina, la expresión “Es un vendehumo” se suele utilizar cuando una persona habla por demás. El Chino no vende humo. No genera falsas expectativas  con palabras difíciles. No inserta un “tú sábes” en su léxico para parecer cool.

No necesita sacos, anteojos cuadrados y una vestimenta “buena onda” para comprar a su público. Si bien, en la única aparición tras la pelea, su asesor de vestuario lo quiso vestir con un look similar al de Maravilla Martínez, el actual campeón Welter del consejo no siguió con el juego. Palabras justas, agradeció con buenos modales y no prometió nuevas batallas, sino que sólo pidió a Floyd.  Su carisma pasa por otro lado. Es un hombre recio que no busca la fama temporal sino que está en búsqueda de la gloria total.

El público argentino lo dejó entrar en sus hogares y en la consideración como un gran deportista.  Se ganó una admiración difícil de encontrar si no es mediático, se convirtió en uno de los caudillos del boxeo argentino.  Al proponer un “todo o nada” sobre el ring encontró con espectadores que saben lo que quieren. No andan buscando “show”, sino efectividad.  Palo y a la bolsa.  “Yo quiero a Mayweather. Solo saldré de mis vacaciones por Floyd”.  En sus palabras no existe el “Tú sabes, yo voy a escuchar a todos. Tú sabes”, para después pelear con un don nadie. Maidana fijó su meta.

En estos 10 años, la prensa especializada  observó los vaivenes que tuvo la trayectoria del Chino. Logró estabilizarse después de un par de malas preparaciones.  Si uno observa la batalla con De Marcus Corley –por poner un ejemplo-  se encontrará con otro boxeador.  Al ímpetu le agregó técnica, a su fuerza le sumó velocidad y, sobretodo, a su movilidad en el cuadrilátero la condimentó con sabiduría.

El esfuerzo y el trabajo a largo plazo lo convirtieron en el líder silencioso de una camada de boxeadores. Con metas claras, objetivos cortos, el Chino encontró su primavera boxística a los 30 años. Después de un par de caídas que, para cualquier otro, hubieran significado bajar los brazos.

Por todo esto, Marcos René “Chino” Maidana se encontró abajo del cuadrilátero, cerca de la gente. No hace falta ser cool. Sólo saber boxear y él sabe. 

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