El día que se conocieron Manny Pacquiao y Freddie Roach
El día que se conocieron Manny Pacquiao y Freddie Roach
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El día que se conocieron Manny Pacquiao y Freddie Roach

En los primeros meses de 2001, Manny Pacquiao, entonces un joven peleador filipino de 22 años, entró por primera vez al gimnasio de Freddie Roach en Los Ángeles, sin saber que ese momento definiría la historia del boxeo en los años siguientes.

Para Pacquiao, Estados Unidos era un país nuevo. A pesar de que ya había sido campeón mundial mosca del CMB, nunca había peleado fuera del continente asiático.

“Entró a mi gimnasio con su manejador en ese momento y me pidieron que trabajara con él”, recuerda Freddie Roach, “y luego de un round con las manoplas, pensé: ‘Bueno, este chico, sí que puede pelear’”.

Roach quedó sorprendido con las cualidades naturales del peleador filipino. Sin embargo, la carrera de Pacquiao estaba en una encrucijada. En 1999 había perdido el campeonato mundial mosca del CMB en la báscula, pero en esa misma pelea, Pacquiao cayó noqueado en el tercer round ante Medgoen Singsurat en Tailandia. Por los problemas de peso, Pacquiao tuvo que saltar de las 112 a las 122 libras de un solo golpe. Cuando llegó al gimnasio de Roach, Manny Pacquiao ya había comenzado su campaña para volver a ser campeón del mundo, ahora en la división súper gallo.

El entendimiento entre el filipino y Freddie fue instantáneo.

“Nunca había conocido a alguien con la explosión que tiene en sus golpes, su velocidad, su pegada, y para un tipo pequeño que pesaba alrededor de 122 libras en ese entonces, era sorprendente”, asegura Roach. “Luego él fue con su manejador y le dijo: ‘Tenemos nuevo entrenador’, así que nos entendimos rápido.  Realmente nos entendimos desde el primer día y un mes después peleó contra Ledwaba por el campeonato mundial y lo noqueó en el sexto round”.

La vida le había cambiado a Manny Pacquiao muy rápido. El 23 de junio de ese mismo 2001, apenas un mes después de haber entrado al Wild Card Gym, Manny Pacquiao se coronó campeón mundial súper gallo de la FIB y peleando en el MGM Grand Garden de Las Vegas. La carrera de Pacquiao en Estados Unidos estaba en marcha.

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Pero el Manny Pacquiao que comenzó a trabajar con Freddie Roach en 2001, era un peleador muy distinto al que luego llegó a hacer historia con su ritmo de pelea, su poder devastador y su velocidad.

“Solo tenía una mano, tenía una gran mano izquierda, y con ella noqueaba a todos”, explica el propio Roach sobre las condiciones de Pacquiao en ese entonces. “Estabamos de cierta forma satisfechos hasta que perdió con Morales. Fue entonces que me dije a mí mismo que era mi trabajo hacer su mano derecha tan buena como su izquierda. Estuvimos trabajando en ello, y lo abrumamos con actividad en su lado derecho, la comenzó a usar, a desarrollar. Nos tomó casi ocho años llegar a donde estamos. Hoy trabaja con sus dos manos, es un peleador mucho más completo”.

El trabajo de un buen entrenador es pulir a un buen peleador. Domesticar sus cualidades naturales y refinarlas para ser más efectivo. Cuando Pacquiao llegó con Roach, ya era un campeón mundial, y un peleador con potencial. Sin embargo, con Roach, desarrolló las herramientas para convertirlo en una leyenda. En un hombre que, bajo la tutela de Roach, reinó desde la división súper gallo hasta la súper welter.

“Conocí muchos buenos peleadores, pero ninguno con el potencial de Manny. ¿Quién habría pensado que de 122 libras lo veríamos peleando en súper welter?”

Hoy es impensable considerar los méritos de Manny Pacquiao sin tener que meter en el mismo enunciado a Freddie Roach, y viceversa. Manny Pacquiao también hizo a Freddie Roach. Cuando el filipino llegó al Wild Card, éste era un gimnasio que sobrevivía con esfuerzos. Roach le había invertido casi todo el dinero que tenía ahorrado, y según recuerda el mismo Roach, solo le quedó dinero para mandar hacer volantes promocionales. Pacquiao llegó como un chico que buscaba relanzar su carrera.

Sin embargo, ambos van de la mano al Salón de la Fama. Freddie Roach ingresó en 2012, y Manny Pacquiao es un inquilino seguro en el recinto cuando decida colgar los guantes.

Aquel día en la primavera de 2001, ni duda cabe, el boxeo cambió. Nació una nueva era.

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