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El ocaso de Gennady Golovkin

Golovkin advierte que la vida de Óscar de la Hoya corre peligro si insiste en pelear con él

Con 39 años de edad, Gennady Golovkin parece caminar tranquilamente hacia el ocaso de su carrera, sin ninguna prisa, apuro, presión ni pendiente.

No ha peleado en todo el 2021, y los últimos trascendidos indican que Golovkin solo se volverá a subir al ring hasta el 28 de diciembre. Esto, cuando se enfrente en Japón, en pelea unificatoria, al campeón de la AMB, Ryota Murata.

La extraña fijación de Golovkin con Ryota Murata

Murata es el eslabón más débil entre los campeones de la categoría mediana. No pelea desde diciembre de 2019, y cuando se enfrente a Golovkin, acumulará dos años sin pelear. El japonés ganó el campeonato mundial de la AMB en peso medio en 2017, aunque fue la versión regular del cinturón. Lo ganó en una revancha contra Hassan N’Dam N’Jikam luego de haber perdido la decisión dividida en la primera pelea. Perdió el cinturón en octubre de 2018 ante Rob Brant por decisión unánime, y lo recuperó en la revancha.

La última pelea de Ryota Murata, decíamos, fue en diciembre de 2019. Sin embargo, a pesar de esa ausencia, y de esa carencia de rivales competitivos en su historial, la AMB decidió elevarlo de campeón regular a súper campeón cuando el Canelo dejó vacante el título. Sin pelear, y sin ganarle a nadie.

Ese es el rival en el que Gennady Golovkin fijó su mirada, con un interés extraño pero persistente. Tanto, como para esperarlo todo el año para poder pelear con él.

El capital mediático que Golovkin está dilapidando

La decisión del kazajo de centrarse en Ryota Murata dice mucho sobre el estado actual de su carrera, que alcanzó su máximo perfil en 2017 y 2018 con sus dos peleas contra el Canelo Álvarez. Fueron dos peleas que superaron el millón de ventas en Pago por Evento.

Con esos combates, Gennady Golovkin se convirtió en una estrella crossover del boxeo. Es decir, un peleador que no solo es conocido por el aficionado fijo al boxeo, sino también por el aficionado casual que solo ve las grandes carteleras. Una categoría de peleadores en las que solo está Canelo, Pacquiao y Joshua, entre los peleadores en activo, y un poco debajo, el propio Golovkin o Lomachenko.

El Golovkin que quedó después de sus encuentros con el Canelo, era un peleador que podía cobrar varios millones por pelear, que podía vender cantidades decentes de Pago por Evento, y que podía congregar a las familias.

Y eso también lo presintió DAZN, que en 2019 le dio al kazajo un contrato de 100 millones de dólares por seis peleas. En parte, porque sabían el nivel mediático que GGG había alcanzado; y en parte, porque albergaban la esperanza de que el Canelo aceptara una tercera pelea con Golovkin, que nunca se dio.

Un Gennady Golovkin intrascendente

Desde entonces, con contrato en mano, Gennady Golovkin hizo todo lo posible por bajar su perfil. La siguiente pelea, después de la revancha con Canelo, fue en junio de 2019 contra un desconocido Steve Rolls a quien noqueó en el cuarto round. Luego, Gennady Golovkin dio una muestra de vulnerabilidad que muchos calificaron como declive, u ocaso, al ganarle con dudas y apuros al ucraniano Sergiy Derevyanchenko por el título vacante de la FIB en peso medio.

En esa pelea con Derevyanchenko, Golovkin recuperó un título que el Canelo le había quitado. Ese título había quedado vacante cuando la FIB decidió despojar al Canelo por no llegar a un acuerdo para pelear con Derevyanchenko, que era retador oficial. Así, haciéndose de un título vacante, fue como Gennady Golovkin volvió a ser campeón mundial.

Después, en diciembre de 2018, Golovkin se enfrentó a Kamil Szeremeta. Era una pelea mandatoria por la FIB, con uno de esos retadores oficiales semi desconocidos que los organismos suelen sacarse de la manga. Golovkin acabó con él en siete rounds. Y de paso, dejó la imagen de que quizás no iba tanto en declive, pero la pobre calidad del rival, tampoco hizo mucho por despejar la duda.

Pero, lejos de capitalizar la inercia de esa percepción positiva que dejó Golovkin ante Szeremeta, el kazajo volvió a la pasividad. Han sido casi tres años en los que Gennady Golovkin ha navegado, con calma chicha, en la total intrascendencia.

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En el ocaso de Golovkin, no hay interés en Charlo o Andrade

Mientras los otros campeones legítimos de la categoría, Jermall Charlo y Demetrius Andrade buscan rivales grandes y peleas con dinero, Gennady Golovkin volteaba a otro lado. Su vista, decíamos, estaba en Ryota Murata, el eslabón más débil entre los campeones de las 160 libras.

Nunca hubo siquiera un rumor de algún interés para enfrentar a Golovkin en peleas unificatorias con Charlo o con Andrade. Como si ni siquiera pelearan en la misma categoría.

Dos peleas interesantes con campeones dignos y legítimos, que no despertaron el apetito de Gennady Golovkin. Ni siquiera ayudó que Demetrius Andrade también pelee en DAZN, y que la plataforma esté desesperada por recuperar la millonaria inversión que hizo en el kazajo.

Lo suyo es Ryota Murata. Es ir a Japón, a perderse al otro lado del mundo, a ganar un título fácil en una madrugada cualquiera.  Nada parece preocuparle. Gennady Golovkin quiere seguir caminando, tranquila y apaciblemente, rumbo al ocaso.

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