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Otra vez, nivel leyenda: El viejo Chocolatito González no se ha ido

Otra vez, nivel leyenda: El viejo Chocolatito González no se ha ido
Otra vez, nivel leyenda: El viejo Chocolatito González no se ha ido

Román “Chocolatito” González demolió a Khalid Yafai hasta noquearlo en el noveno round para despojarlo del campeonato mundial súper mosca de la AMB.

Y lo hizo de forma magistral, en una pelea donde el nicaragüense mostró ese enorme espectro de habilidades que lo llevó a ser el mejor peleador Libra por Libra en el mundo en 2016.

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Los demonios dejaron en paz al Chocolatito

Han pasado cuatro años desde entonces. En 2017 vinieron dos derrotas estrepitosas ante Srisaket Sor Rungvisai. Y luego, un año de ausencia para hacer otra pelea en septiembre de 2018; y luego, otra ausencia más larga, de 15 meses, para volver a pelear. Desde su última derrota ante Rungvisai, Román González había hecho solo dos peleas en 27 meses.

Parecía que la leyenda se había esfumado. Que el Chocolatito era cartucho quemado. Que nunca volvería a ser lo que alguna vez fue.

Y sin embargo, en 2020 le consiguieron una nueva pelea de campeonato mundial. El rival era el británico Kal Yafai, parte de la promotora de Eddie Hearn, y le dieron la pelea con el Chocolatito pensando en que Román era un rival apetecible.

La apuesta era a que el nombre que el nicaragüense había forjado en el pasado, fuera una estrellita en el historial del inglés. Yafai ya llevaba cinco defensas exitosas de su título, y tanto la revista The Ring como Transnational Boxing Rankings coincidían en ubicarlo como el cuarto mejor súper mosca del mundo. Román era el cartucho quemado que serviría como escalón para Yafai.

Pero no contaban con que el viejo Chocolatito González aún habitaba en ese cuerpo. Román dio una pelea que nos transportó en el tiempo a cualquier día de antes de 2016, cuando era amo y señor de los pesos chicos.

Sus aptitudes siguen completas

Ante Yafai, el Chocolatito dio una cátedra. Una muestra de que sus viejas aptitudes, tanto boxísticas como psicológicas, siguen completas.

En lo boxístico, Román fue un tifón. Atacó a dos manos, con todo su arsenal. Ganchos, uppers, jabs, rectos. Lo mismo arriba que abajo.

Machacaba una y otra vez. Se presentaba en ángulos. Variaba. Siempre bien parado con ese magistral trabajo de pies que lo caracteriza.

Lo mismo se fajaba frente a frente a intercambiar golpes como maquinita, que se replegaba a hacer un boxeo inteligente.

Según Compubox, el Chocolatito González lanzó 674 golpes en los ocho rounds y pocos segundos del noveno que duró la pelea. Es decir, un promedio de casi 85 golpes por round. Y de esos 674 golpes, 515 fueron de poder.

Y en lo psicológico, Román fue decidido. Fue siempre al frente, con determinación. Mostró corazón, fue agresivo, insaciable, irreductible. Valiente y bravo. Nunca se le vio un gesto de adversidad en su rostro. Aun cortado, se sabía en dominio de la situación.

Desmanteló al rival, lo llevó a la rendición. Lo liquidó cuando lo sintió herido.

Las viejas cuentas pendientes del Chocolatito

No hay duda: el viejo Chocolatito no se ha ido. Y es un contendiente en los súper moscas, una categoría donde hay viejas cuentas pendientes.

El odiado Srisaket Sor Rungvisai, ese tailandés de nombre indescifrable, fue el demonio que derrotó dos veces a Román y que le clavó en el alma la daga de la duda. Tras las derrotas, Román acepta que pensó en el retiro, se distrajo del boxeo, se alejó. Ese demonio tailandés le enfrió el corazón. Rungvisai lleva casi un año sin pelear, y volverá el próximo 20 de abril en Tailandia, y lo hará con un ojo en su rival y el otro en González.

En la cúspide de la división está otro viejo rival: Juan Francisco “Gallo” Estrada. En 2012, ambos dieron una pelea memorable cuando estaban en la división mosca, que el nicaragüense se llevó en una decisión unánime pero controvertida. El Gallo era un joven que empezaba a figurar en el boxeo internacional, y Román ya había reinado en tres categorías. El Gallo pidió la revancha, y Román, que era la figura, nunca se la concedió. Hoy, la cosa ha cambiado. La figura es el Gallo Estrada, enlistado Libra por Libra, y Román es el viejo león que quiere otra gran batalla.

Y si el que muchos consideran el mejor peso chico en la historia del boxeo tiene hambre, cuidado. Si un peleador que tiene en la mano el boleto seguro para entrar al Salón de la Fama en el futuro sigue teniendo hambre, cuidado. Si a este Román se le añade el hambre, tenemos otra vez al viejo Chocolatito.

Lo que demostró Román González ante Kal Yafai es que un hambre enorme. Un peleador que lanza casi 100 golpes por round no puede tener otra cosa más que un hambre descomunal. Cuidado.

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