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¡Estaba escrito!

Decía Diógenes que no se podía luchar contra lo que depara el destino, sin embargo corriendo se subió a un árbol al ver suelto un can.

Según tus ideas estaba escrito que el perro no te mordería ¿por qué te subiste al árbol? le increpó el dueño del animal. También estaba escrito que yo me subiría y tú me lo reprocharías respondió el filósofo.

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Y exactamente eso ocurrió entre Canelo y Khan en la arena T-Mobile de las Vegas, la erupción del mexicano Saúl Alvarez tardó solo 6 rounds en llegar.

Un nocaut espeluznante producto de una mortífera derecha que como movimiento telúrico de alta intensidad haciendo crujir un cráter, provocó la caída estrepitosa de Amir a la lona, por unos instantes pensamos en un desenlace fatal al ver inmóvil el cuerpo de Khan con la mirada perdida.

En ringside a poquísima distancia del hecho vimos a la estrella Golovkin, un paso obligatorio, una ecuación demasiada alta para el azteca que difícilmente podrá descifrar en el cuadrilátero.

De seguro el kazajo Gennady antes de partir debe haber dicho como Diógenes a Alejandro Magno ,”Apártate Canelo que me estás tapando la luz,” porque escrito está que ese cinturón también será mío.

¿Tendrá el pelirrojo mexicano el temple y la sabiduría en el ring para superar a un Triple G en su punto de mayor ebullición boxística? ¡Lo dudo!

Como Alejandro Magno después de conocer a Diógenes; Saúl Álvarez debe repetirse: de no ser El Canelo, yo habría deseado ser Golovkin.

                                               

 

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