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Frank Sinatra, el hijo del boxeador

La pasión deportiva lo llamó a la puerta sin darle elección. Desde que su padre se puso los guantes para comenzar su carrera como boxeador profesional, quedó claro que además de poseer una voz emblemática y un carisma impresionante, Francis Albert Sinatra iba a ser dueño de una afición colosal hacia el pugilismo.

Frank Sinatra vivió ligado al deporte desde su nacimiento hasta el día de su muerte, el 14 de mayo de 1998. Al nacer, Frank Sinatra  tenía como figura paterna a un boxeador profesional. Anthony Sinatra fue un inmigrante italiano que llegó en 1903 a la ciudad de Nueva York en compañía de toda su familia, y que con el paso del tiempo subió a un encordado para ganarse la vida.

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Los italianos no eran del todo bienvenidos en el mundo boxístico, al menos el que se desarrollaba en los Estados Unidos. Por ello, Anthony adoptó el nombre de Marty O’ Bryen para poder pisar el ring. Ya en el encordado, O’ Bryen participó en más de 30 combates hasta que se rompió la muñeca, lo que lo llevó a abandonar el boxeo de manera definitiva.

Como era de esperarse, Frank Sinatra fue heredero del amor por el boxeo profesional, pero a diferencia de su padre, Frank lo vivió desde afuera, siendo un fanático más del pugilismo. El Caesars Palace de Las Vegas se volvió su segundo hogar, se le veía constantemente en las mejores peleas. Siempre en su propia suite y regularmente acompañado.

A Sinatra siempre le agradaron los buenos boxeadores,  manejaba muy bien sus relaciones personales y se rodeaba de personas talentosas en sus respectivos rubros. Más de una vez se le vio en compañía de célebres boxeadores, de los peleadores el momento, y sentía casi por defecto rechazo a los detractores de sus compañeros, los veía como antagonistas de su propia historia.

Frank Sinatra caracterizado de boxeador con fines publicitarios

Al caminar por Caesars Palace, toda la gente lo reconocía, lo saludaba y lo admiraba, caminaba sin restricción alguna por todo el hotel, se robaba los reflectores, como si él fuera el púgil. Se decía que Sinatra era un experto en el boxeo, con suficientes conocimientos como para convertirse en crítico del tema. También Sinatra incursionó en la promoción de boxeo y sobrevive una foto donde el propio Sinatra aparece amarrándole los guantes a uno de sus peleadores.

En ocasiones la mezcla entre la fama y su afición por el boxeo no daba buenos resultados. En alguna pelea de Larry Holmes, Sinatra ingresó al área de vestidores para observar el calentamiento previo del ‘Asesino de Easton, todas las cámaras y todos los periodistas fueron tras el intérprete de “New York, New York”´, ignorando por completo al ahora ex campeón mundial.

Posteriormente, además de la herencia boxística que le dejó su padre, Frank Sinatra adoptó otra afición, en esta ocasión por ‘el rey de los deportes’. ‘La voz’, como se le apodaba debido a su cálido timbre, se volvió fanático de los Yankees de Nueva York. Hoy día circulan por la red una serie de imágenes de Frank junto a los protagonistas de la pelota caliente.

El gusto que Sinatra profesaba por los Yankees fue más allá de sus constantes visitas al estadio. En 1954 Joe DiMaggio, quien es considerado el mejor beisbolista de todos los tiempos contrajo nupcias con Marilyn Monroe. Nueve meses después se divorciaron, el mismo año Frank comenzó a salir con Monroe en una de las relaciones más famosas y controversiales del siglo XX.

Frank Sinatra vivió rodeado del deporte durante la vida entera, de manera directa o indirecta, desde lazos sanguíneos hasta afectivos. Nunca pudo ser un aficionado común y corriente porque la fama se lo impedía, pero sí vivió una pasión deportiva similar a la que cualquier mortal experimenta, con la emoción a flor de piel y los nervios a más no poder.

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