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Gana claro, pero no enamora: Demetrius Andrade se lleva holgada decisión sobre Liam Williams

Gana claro, pero no enamora: Demetrius Andrade se lleva holgada decisión sobre Liam Williams
Foto: Ed Mulholland/Matchroom

Al más puro estilo de Demetrius Andrade, en una pelea enredada, intermitente y de forcejeo constante, venció a Liam Williams por decisión unánime el sábado en Hollywood, Florida.

Demetrius Andrade ha tenido problemas para conseguir buenas peleas porque su estilo es laberíntico, intermitente. Es Whitakersco, indudablemente talentoso, pero con muchos menos destellos de lucidez que los que tenía Pernell, y eso lo ha orillado a peleas marginales en las divisiones en las que ha militado.

Y el sábado, ante Liam Williams, no hizo mucho para cambiar esa percepción. Pero al comienzo de la pelea, parecía que sí. El campeón de peso medio de la OMB salió a pararse en el centro del ring a soltar las manos con explosividad. Y encontró blancos abiertos en Liam Williams.

En los primeros tres rounds, Demetrius Andrade se ocupó en tirar golpes, y no en forcejear tanto, en abrazar, en cortar ritmo de pelea. Y le rindió frutos. En cada uno de los tres primeros rounds sacudió a Williams, y en el segundo lo tiró. Fue con una combinación clásica de uno-dos, abriendo con derecha y rematando de izquierda sobre la barbilla de Williams, que se fue a la lona.

Parecía que Demetrius Andrade estaba decidido a cambiar esa imagen de peleador enredado y anticlimático, para convertirse en un boxeador-golpeador de centro del ring. Y parecía también que liquidaría pronto a Williams.

Liam Williams se recuperó, pero ante el más mínimo intento del inglés de presionar, Demetrius Andrade volvía a su tradicional estilo de caminar, enredar, abrazar, chocar, tumbar.

Williams, con su estilo totalmente frontal, abrumaba a Andrade, pero más allá de eso, pocas veces pudo el inglés cobrar puntos sobre ese acoso. Le faltaba el chispazo extra, el golpe contundente que le diera la ventaja en los ojos de los jueces.

Andrade, por el contrario, dentro de su intermitencia, sí tenía los chispazos para cambiar el ritmo y atacar con velocidad y potencia, golpes aislados, o combinaciones cortas. Principalmente, cobraba con el upper, ante la actitud frontal de Williams.

En esos chispazos de Andrade, que Williams no tenía, se le fue yendo la pelea al inglés. Y Andrade fue amasando una ventaja que se volvió más holgada en las tarjetas, que lo que el forcejeo nos permitía ver.

Y aunque parezca una contradicción, Demetrius Andrade se llevó una victoria que fue clara, pero poco convincente.  Los jueces oficiales le dieron la victoria: uno por 116-111, y los otros dos, por 118-109. La tarjeta de IZQUIERDAZO lo vio ganar 117-111.

El campeón de la OMB en las 160 libras no sumó nada alentador como para suponer que vaya a obtener una pelea grande pronto. No la consiguió en 154, no la ha conseguido en 160, ni parece que la conseguirá en 168, a donde pretende subir pronto.

Demetrius Andrade pide a Golovkin, pide a Saunders, pide al Canelo, pide a Charlo. Pero al final es un peleador que genera más titulares debajo del ring que arriba de él. Genera más pirotecnia con la boca, que con los puños. Es el Rigondeaux de su tiempo.

Mientras Andrade pide y pide nombres, a Gennady Golovkin y Ryota Murata, dos campeones de las 160 libras, Demetrius no les pasa por la mente. Y no solo eso, sino que se dan el lujo de negociar, desde ahora, una pelea de unificación… para el último día de diciembre.

Así de poco atractivo y olvidable parece haberse vuelto Demetrius Andrade. Por eso, ganar claro no necesariamente es convencer.

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