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George Groves debe sentirse orgulloso tras pelea con Froch

La pelea se detuvo de forma premature pero George Groves debe sentirse orgulloso de su actuación frente a Carl Froch.

En la previa a la pelea entre los súper medios, Carl Froch y George Groves, en disputa de los cinturones AMB y FIB, muchos consideraron que era un enfrentamiento al estilo de David contra Goliath. En lo personal, yo no pensaba que Groves estuviera tan superado y corrí desde el bar hasta la casa de apuestas más cercanas para meterle dinero a un triunfo por nocaut en el décimo en favor de Groves, y los momios estaban 14-1 antes de que empezara la pelea.

Podrán deducir, a partir de mi apuesta previa que yo, como muchos otros, estábamos totalmente sorprendidos de la retórica previa de Groves, en que decía que se plantaría en el centro del ring y forzaría a Froch a aplicar la reversa, y eso, desde el campanazo inicial se convirtió en realidad.

Cumplió su palabra. La forma en que las cosas se dieron en el primer round, probablemente excedieron las expectativas hasta de los londinenses más confiados y arrogantes, cuando mandó a la lona a la “Cobra” Froch con una mano derecha perfectamente ejecutada.

Es un testimonio del poder milagroso de recuperación de Froch que pudiera responder para el segundo round. Pero el tono ya se había marcado, y el retador controló la acción al pelear al frente durante los primeros tres rounds. Parecía que los asistentes verían un dramático cambio en el balance de poder en los súper medios británicos. Tal fue el dominio, y la brillantez boxística del retador, que los primeros cinco rounds se fueron en favor de Groves.

En el cuarto, Froch finalmente pudo recuperar algo de territorio en el centro del ring. Pero a pesar de forzar la acción y de conectar golpes fuertes, batalló para imponerse sobre Groves. El retador respondía todo lo que se le presentaba, con violentas manos derechas que evitaban que Froch taladrara su defensa con impunidad.

Pero, conforme avanzó la pelea, y aunque Froch seguía dominado, parecía desarrollar una inmunidad a los golpes de poder de Groves, y empezaba a ser aparente que los golpes de la “Cobra” Froch empezaban a tener un efecto acumulativo sobre Groves a partir del séptimo round. Aun así, Groves ganó el séptimo. Pero el último intercambio del round fue esclarecedor, y parecía decirnos que habría una voltereta sobre el ring.

El guion nos era más familiar, con un final escrito para que Froch se recuperara y de alguna manera lograra arrebatarle la victoria a las garras de la derrota, desgastando a su oponente y forzando una detención tardía basada en la determinación. Sin embargo Groves, que orquestó la acción con toda la bravura de un conductor de clase mundial, no debía ser descontado. Incluso al entrar al round ocho, Groves, aun desgastado, seguía capotenado la tormenta, y conectaba los golpes más limpios y efectivos, en comparación con Froch, quien sabía que tenía que arriesgar para cambiar el panorama.

Cada golpe fuerte y poderoso que conectaba Froch lo alimentaba de una confianza sólida y una determinación que lo habían abandonado la mayor parte de la pelear. De pronto, parecía en terreno firme, mientras que Groves empezaba a perder la solidez, con sus cimientos ya mostrando signos de fragilidad. Pero pare reiterar el punto: Groves seguía dando batalla de forma dramática y emocionante. Estaba en ruta de convertirse en doble campeón mundial, si lograba cerrarle la ventana de oportunidad al campeón y abrir una brecha mayor en las tarjetas, matando la confianza de la Cobra con sus habilidades boxísticas superiores.

Para entonces creía que mi apuesta me pagaría, y empecé a hacer planes prematuros de lo que haría con el dinero. Pero al igual que Groves, yo estaba destinado a regresar a casa con las manos vacías luego de el réferi detuviera, apresuradamente, el combate para proteger al retador de recibir más castigo.

Es cierto que Groves empezaba a mostrar las características de un peleador que está listo para ser liquidado. Pero le debieron haber dado más tiempo para ver si podía recuperarse y retomar sus sentidos. Le debieron haber dado la oportunidad de seguir.

Pero, en su actuación del sábado, en que no pareció el retador, Groves aprendió mucho sobre el arte de batirse contra gigantes y, si se da una revancha entre ambos, ciertamente ya no será vista como una lucha entre David y Golitah.

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