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Hoy cumpliría 78 años Ringo Bonavena

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En Izquierdazo, recordamos la vida y obra de Ringo Bonavena, quien hoy cumpliría 78 años.

Oscar Natalio Bonavena, con el sentimiento de un tango, la diversión del rock&roll, el marketing de cualquier balada romántica y la dulzura de un blues, fue uno de los púgiles más carismáticos de la historia argentina. Quizás no sea lo correcto encasillarlo como un simple boxeador, porque el tipo hizo de todo para mantenerse. Relanzó sus actividades y su personalidad, una y mil veces, con tal de no quedar en el olvido, ¡Y lo logró!

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Nacido a nivel deportivo en San Lorenzo de Almagro, Bonavena practicó natación y pesas en las instalaciones del Cuervo hasta que ya no fue bienvenido en el club por ciertos problemas disciplinarios. Se mudó, no casualmente, al Club Atlético Huracán, ubicado en las cercanías al hogar en el que vivía con sus padres y sus 9 hermanos. En ese mismo lugar, un gimnasio con piezas elementales para cubrir las necesidades físicas de un deportista, encontró en el boxeo una forma de ganarse el pan de cada día.

Carrera amateur

Para sus inicios como aficionado, bajo las órdenes de los hermanos Rago, se apreciaba a kilómetros su potencial. Con muchas peleas en este plano, fue convocado para representar a la Delegación Argentina de los Juegos Panamericanos de San Pablo, celebrados en 1963. En instancias decisivas de la competencia, Ringo no tuvo mejor idea que morderle una tetilla al estadounidense Lee Car, gesto que valió para que lo descalificaran y le retiraran su licencia de amateur.

Comienzos como profesional

A semanas de haber tenido a su primera hija, la destrucción de su licencia de aficionado significó una pausa en su vida. Iniciarse como profesional, o volver a sus antiguos trabajos como carnicero, seguridad de boliches y otros rebusques, era esa la cuestión de este personaje. No había mucho para seleccionar en la cabeza de Oscar Bonavena, quien se inclinó sin duda alguna hacia el profesionalismo boxístico, con la ayuda de Alfredo y Tino Porzio, de los managers de mayor renombre de la historia del mítico Luna Park.

Esta pareja de hermanos, antiguos manejadores de Eduardo Lausse durante los años ’50, ajustaron detalles de la técnica de Bonavena, y lo recomendaron en Estados Unidos. Ringo viajó, aunque no le alcanzó con entrenar en un principio. Trabajó de mesero y lavacopas, para subsistir hasta que le llegó su primera bolsa, con 80 humildes dólares. Comenzó a perfilarse como la “Gran Esperanza Blanca”, en una categoría dominada de punta a punta por la raza negra.

Regreso a Argentina

Cuando sus motores rugían en plenitud, retornó a Buenos Aires por el fallecimiento de su padre, Vicente. Para estar cerca de su familia, ya con el retazo de fama y respeto que le fue otorgado por batirse a duelo con varios toros en Nueva York, continuó su carrera en suelo argentino. El telegrama del pueblo llegó a su casita de Parque Patricios, como reclamo de éxito. Tras perseguir mediáticamente al campeón argentino Gregorio Peralta, pudo presentarse como aspirante al título.

Los que saben, cuentan que se requiere un sombrero blanco y un sombrero negro, como en las películas de cowboys, para que un combate interese en los medios. Goyo Peralta era amado entre el público. Sanjuanino, pintón, respetuoso, bien hablado, y peronista, sería el héroe de este film. Bocón, insolente, y exuberante, Bonavena ocuparía el lugar de villano.

En el cuadrilátero, en los medios y en la gente, la contienda fue un éxito. La leyenda Quemera ya había nacido, pero con esto fue bautizada e inmortalizada, aún sin saber lo que iba a depararle el destino. Ringo ganó por decisión unánime, y se fundió en un abrazo con su rival. La fama obtenida mutó en ganancias mediáticas. Se inició como cantante, televisó almuerzos familiares, animó bares y establecimientos bailables… Todo, hasta que lo obligaron a parar. Entre boxeo y fiesta, en parte, Bonavena se decidió por el boxeo. Se enfrentó a gigantes como Joe Frazier, Jimmy Ellis, Floyd Patterson o Zora Folley, con una particularidad: Aún derrotado por todos ellos, dejaba su vida entre cuerdas. Su entrega generaba empatía, ¿Cómo te va a gustar el boxeo, y no vas a aplaudir a quien brinda espectáculos de esa envergadura?

Su duelo con Mohamed Ali

Todo esfuerzo le valió para la oportunidad de oro: enfrentarse a Mohamed Ali. Una guerra, más en la previa que en el ring. Los insultos más bajos, las peores amenazas, el racismo, y otras crudas habladurías se presentaron en la charla del pesaje. No era el mejor Ali, porque le habían quitado los posibles 3 años de mayor rendimiento de su vida. Tampoco se presentó la versión más perfecta de Bonavena, que ya se encontraba en el principio del final de su carrera.

Espectáculo atractivo, pero no bueno. Ali estaba pesado, y Bonavena parecía tener fuego en la planta de sus pies. Movimientos torpes, golpes poco claros, y un abuso del clinch fueron los libros de esta desvencijada pero digna estantería. El argentino aguantó, pero fue noqueado por su par de Louisville en el último asalto, el 7 de diciembre de 1970.

Mafia y asesinato

En el final de su trayectoria, este ícono porteño cayó en las manos de Joe Conforte, quien le prometía cumplir su sueño de tener revancha con Mohamed Ali. Entre contiendas propias de los más bizarros circos, con mujeres semidesnudas y comidas escandalosas, Bonavena inició un juego de seducción con Sally Conforte, esposa de Joe. Con miradas y cumplidos, el amorío secreto no se hizo esperar.

La incongruencia reinaba en el día a día del campeón sin corona. Luego de que el mafioso se enterase de la relación, varios de sus matones quemaron la casa rodante que habitaba el porteño. Ringo, alcoholizado y con la desesperación de ver su único bien material hecho cenizas, decidió desafiar a Conforte en su propia casa. Ya no era un deportista, un tipo divertido y amigable. Era una fiera, un toro embravecido que no creía tener nada para perder, pero terminó por perder su vida. Ante los insultos y la virulencia de sus actos en uno de los prostíbulos de Conforte, un guardia le disparó desde una de las postas de seguridad, para ponerle fin a su existencia el 22 de mayo de 1976.

Su leyenda todavía ríe en las callecitas de la Ciudad de Buenos Aires. 58 triunfos, 44 antes del límite, 9 derrotas y 1 empate en su trayectoria rentada no alcanzan para explicar qué significa entre los argentinos Oscar Natalio Bonavena, quien hoy cumpliría 78 años.

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