Jack Johnson contra Jim Jeffries, una pelea por la supremacía racial
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Jack Johnson contra Jim Jeffries, una pelea por la supremacía racial

Tal vez la primera gran batalla épica del boxeo fue la protagonizada por los estadounidenses Jack Johnson y Jim Jeffries el 4 de julio de 1910 en Reno, Nevada, y así lo consignaron los diarios que circulaban en la Ciudad de México en el inicio del siglo XX. Fue esa una batalla que rebasó al ring. Se buscaba conocer cuál raza era superior. Sus consecuencias se extenderían por más de 100 años.

La “Pelea del Siglo” entre estos dos gladiadores generó ámpula dentro de Estados Unidos. Jack Johnson, de raza negra y campeón universal de los pesos completos, se medía al ex campeón James Jeffries, de raza blanca. Además del campeonato mundial, se disputaban la supremacía racial.

En aquellos años, el boxeo era considerado como un deporte salvaje, violento y sólo del agrado de ingleses, franceses y estadounidenses. Se les criticaba ese gusto culposo, pues dejaban a un lado el intelecto para sumirse en la barbarie propia de pueblos sin cultura.

De acuerdo a los testimonios en periódicos de finales del siglo 19 y principios del 20, el pugilismo ponía de relieve “el espíritu bárbaro, primitivo e insocial que caracteriza este espectáculo inhumano, mucho más inhumano que el alarde de destreza de un hombre contra las bruscas acometidas de una fiera”, proclamaba el diario de la Ciudad de México El Tiempo, en marzo de 1893.

Sin embargo, para los estadounidenses, que aprendieron más rápido que ningún pueblo a producir espectáculos, la batalla entre Jack Johnson, el “Gigante de Galvestone” y Jim Jeffries,  el “Fogonero” era el momento ideal para edificar una industria y convertirla en material de exportación. Ahí, ellos, los “gringos”, llevarían la ventaja al ser los primeros en formalizar el negocio-deporte, aunque la cuna fuera Inglaterra.

Fue por ello que para este magno evento, se construyó por primera vez un escenario especial para disfrutar del boxeo. La pelea se iba a desarrollar en San Francisco, pero grupos anti-pugilismo presionaron al gobernador de California y la sede se cambió a Reno, en Nevada.

La batalla en el ring por la supremacía racial

La publicidad previa a la pelea jugó un papel decisivo para encender los ánimos. La prensa blanca llenó los espacios hablando maravillas de Jeffries, la llamada “Esperanza Blanca”. Hablaban tanto de su poder como ponchador, como de su respetable vida privada, mientras que de Johnson sólo hablaron pestes.

Por su parte, la prensa negra, de acuerdo con la reseña del Salón de la Fama Internacional del Boxeo, contraatacó con mensajes desafiantes a favor de Johnson. George “Tex” Richard fue en su tiempo el más grande promotor y aprovechó la efervescencia para montar una pelea de lujo.

Incluso, invitó al presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft, a ser uno de los jueces de la refriega, pero el mandatario rechazó la oferta. También lo hizo el famoso escritor Arthur Conan Doyle, el creador de las aventuras de Sherlock Holmes.

Fue tanta la expectativa que la pelea fue filmada, un hito para su tiempo. En una empresa pionera del Pago por Evento, la película con la pelea sería después proyectada por todo Estados Unidos, donde las salas de cine esperaban con ansias los celuloides. Gracias a esa visión a futuro, es que imágenes de la batalla llegaron hasta nuestros días.

Pero si la riña se llevó a cabo por la pericia de “Tex”, la verdadera razón era que los medios, los expertos en boxeo y las fuerzas políticas anglosajonas empujaron mucho para derrotar al “negro”. Ese era el término con el que se referían las publicaciones a principios del siglo 20 a los afroamericanos. No había eufemismos como ahora.

Jack Johnson había hecho cinco defensas exitosas humillando y golpeando a sus rivales blancos, después de ganar el título mundial en 1908. Fue entonces que el establishment estadounidense pensó que el único que podría vencer a Johnson era El Fogonero. Y es que Jeffries se había retirado en 1904 con una marca invicta y siendo campeón mundial.

James Jefrries era, entonces, la “Esperanza Blanca” ante la raza negra. Era el único capaz de revertir esa anomalía en que la raza negra demostraba que podía ser superior en algo a la raza blanca. Corrían aún los días en que se creía seriamente que la raza negra era inferior a la blanca en todos los sentidos, como en lo ético, lo intelectual, y por supuesto, también en lo físico.

Las declaraciones de Jeffries, quien para ese momento era productor de alfalfa, calentaron aún más el momento. Luego de acordar su participación en la reyerta, declaró que lo hacía para responder a la parte blanca, “que me ha estado buscando para defender su supremacía atlética”.

Llegado el día, los organizadores del evento, temiendo una respuesta violenta si se daba la victoria de Johnson, prohibieron la venta de alcohol. Las armas de fuego fueron controladas en la puerta de entrada. Más de 20 mil personas se dieron cita en el inmueble acondicionado para el evento, bajo el sol abrazador de una tarde de verano.

La pelea paralizó a Estados Unidos. Decenas de miles de personas, se congregaban en cualquier lugar donde se leían boletines de cómo iba la pelea. Eso sí, los blancos por un lado y los negros por el otro. No había radio, y mucho menos televisión.

Fueron 15 rounds de fragorosa batalla, que según la cédula se pactó a ¡45 episodios! Aunque el combate fue parejo, a partir del séptimo giro, el afroamericano controló la pelea ante el asombro de los espectadores blancos. El establishment veía caer a su última pieza, su última esperanza. Los negros, mientras tanto, se vanagloriaban por el poder de puños de “El Gigante de Galvestone”.

En el round 15, Jack Johnson hizo pasar a Jeffries por una agónica humillación. Johnson lo derribó una vez. Jeffries se levantó y Johnson fue nuevamente por él hasta sacarlo a golpes del ring. Jeffries se volvió a levantar, y Johnson lo persiguió a golpes por todo el ring hasta volver a derribarlo. Con la Esperanza Blanca deshecha y desfigurada, la pelea fue detenida.

¿Qué se publicó en la prensa mexicana?

Las crónicas de la época llegaron a las páginas de los diarios mexicanos. El Tiempo tituló, en 1910, “El negro Johnson venció al blanco Jeffries“. El rotativo consignaba una crónica round por round de la batalla y al final publicó despachos sobre la violencia desatada en varios puntos de los Estados Unidos en contra de los seguidores de Johnson.

Por su parte, El Abogado Cristiano Ilustrado, en la columna A través de la Semana, refería: “Se ha dicho que un puñetazo de Jack Johnson acaba de conmover al mundo, y eso es la pura verdad (…) El espectáculo era emocionante hasta el grado superlativo, puesto que aquel acto era algo más que un simple asalto a puñetazo limpio: era la lucha de dos razas, puesto que Johnson era negro y Jeffries, el otro pugilista, era blanco, ambos de nacionalidad americana”.

Como se estilaba en ese momento, la referencia boxística sólo servía para criticar al pugilismo. “¿No es vergonzoso que toda una señora nación de los Estados Unidos, esté dando al mundo semejantes espectáculos, dignos de las edades trogloditas?”.

De acuerdo con El Tiempo, el 30 de julio de 1910, cerca de 29 negros perdieron la vida y más de 300 resultaron heridos en diferentes puntos de Estados Unidos. En el despacho, se asegura que Johnson ganó 200 mil dólares, mientras que su oponente se llevó 150 mil. Se llevarían, además un porcentaje por las películas del combate, las cuales serian exhibidas en la Unión Americana, a pesar de la prohibición de las autoridades para no desatar la furia de los blancos.

Los disturbios, la violencia y la venganza

La sociedad estadounidense no estaba preparada para que un negro gobernara en un deporte de blancos. Se desató la violencia en diferentes partes de Estados Unidos y le negaron el reconocimiento a Johnson que merecía sólo por el color de su piel.

En diversas ciudades de Estados Unidos se reportaron actos de violencia. Un hombre de raza negra fue brutalmente golpeado por individuos blancos en Nueva Orleans por festejar la victoria de Jack Johnson. En Houston, otro hombre de color fue degollado por un hombre blanco por vitorear a Johnson. Una muchedumbre de 200 individuos de raza blanca persiguieron a un grupo de personas de color en Washington. Al día siguiente, diarios como el Chicago Tribune y el New York Times contabilizaban los muertos que habían podido registrar en los disturbios y los contaban por docenas.

La venganza del establishment estadounidense no tardó en llegar contra Jack Johnson. Lo que no pudieron lograr sobre el ring lo lograron en los tribunales.

“Es sentenciado el célebre campeón Jack Johnson“, cabeceaba El Imparcial en junio de 1913. Y es que Jack fue perseguido por el gobierno estadounidense, acusado y declarado culpable de traficar con mujeres.

Durante su vida, Johnson se relacionó sentimentalmente con mujeres de raza blanca, y se casó con dos de ellas. La segunda esposa fue Lucille Cameron, una mujer blanca que antes había sido prostituta. El que un hombre de raza negra se relacionara como pareja con una mujer blanca era visto como una aberración en la sociedad estadounidense de entonces. Usando como pretexto el oficio de Cameron como prostituta, el gobierno de Estados Unidos logró fincarle cargos a Jack Johnson. El delito era por trata de blancas, y de “transportar mujeres entre líneas estatales con propósitos inmorales”.

Aunque el gobierno “demostró” su culpabilidad utilizando a un jurado compuesto totalmente por blancos, era obvio que la persecución era por su desafío a los estándares raciales. Johnson se fugó y se marchó al exilio. Se refugió en Europa en 1913, donde llegó el 10 de julio a Le Havre, Francia y se mantuvo ahí hasta 1920.

En 1915, perdió el título ante Jess Willard en La Habana, Cuba, en 26 giros. Previamente, expuso ante Jim Johnson su título pesado, la primera pelea de categoría completa entre peleadores negros, y lo defendió con éxito en París, Francia. Fue en 1920 cuando se entregó a las autoridades estadounidenses en la frontera entre California y México. Pasó un año en la cárcel por los delitos que lo perseguían desde 1913.

Entre los países en los cuales peleó estuvo México. Desde 1915 se había buscado que Jack Johnson peleara en México. Incluso, Pancho Villa llegó a intentar organizar una pelea con Johnson en Ciudad Juárez para financiar su División del Norte, pero no se pudo realizar porque no había forma de llevar a Johnson hasta Ciudad Juárez.

Al final, Johnson peleó en la Ciudad de México, Nuevo Laredo, Mexicali, Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez entre 1919 y 1920. Incluso, un periódico del gobierno de Baja California consigna que Johnson solicitó a esa administración se le condonara un impuesto por “diversiones públicas de una función de lucha y boxeo” celebrada el 13 de  junio de 1920, con el argumento de que fue poco el público que asistió a la función.

También se presentó en Nogales, Sonora, y Ciudad Juárez, Chihuahua, en 1926, con una victoria y una derrota, de manera respectiva en estas urbes fronterizas.

Tras salir de la cárcel, tuvo 10 combates más, cinco de ellos los perdió, para finalmente retirarse el 28 de abril de 1931 en Wichita, Kansas, con una victoria ante Brad Simmons. Murió el 10 de junio de 1946, a la edad de 68 años, en un accidente de tránsito en Raleigh, Carolina del Norte.

En 1990 fue inducido al Salón Internacional de la Fama del Boxeo y su vida fue retratada en el documental “Unforgivable Blackness”, de Ken Burns.

El perdón

Desde 2009 se buscó el perdón póstumo para el primer campeón mundial de raza negra en los pesados. Algunas personalidades, entre ellas Mike Tyson, pidieron al presidente Barack Obama se le concediera el perdón a Johnson.

El argumento era que a Jack Johnson se le considera una víctima de la discriminación racial por viajar en Estados Unidos acompañado de una mujer blanca, su novia Lucille Cameron.

En abril de 2013, el Senado de los Estados Unidos votó para urgir al presidente Barack Obama a extender el perdón a Johnson. El senador republicano por Arizona, John McCain, y el demócrata Harry Reid, de Nevada, afirmaron que la exoneración limpiaría el nombre de Johnson y corregiría el histórico error.

Finalmente fue el presidente Donald Trump quien otorgó el perdón a Jack Johnson el 24 de mayo de 2018, 105 años después de haber sido declarado culpable.

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