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James Braddock, resiliencia en 8 onzas

James Braddock nació un 7 de junio, hijo de inmigrantes irlandeses. La vida le explicaría claramente que nada es fácil desde pequeño, nadando en relativa pobreza, con una familia estricta y viviendo un barrio de Manhattan llamado Hell’s Kitchen.

Los que habían decidido dedicarse al pugilismo en los años de la Gran Depresión se habían encontrado con un circo adentro y afuera del ring. La mafia controlaba, y era la gran época de muchos de los mejores peleadores, así que los combates no eran fáciles y así como en una noche podías hacer todo el dinero que necesitarías en tu vida, en otras podías salir con algunos céntimos, y con la obligación de trabajar en algún puente para alimentar a tu familia. Ganarse la vida con los puños nunca ha sido fácil, pero en los tiempos del blanco y negro, muchos parecían vivir los días en una pelea constante de rounds infinitos dentro de una película de Victor Hugo Halperin.

James Braddock fue de  los peleadores que más saboreó todo esto. Creo que Braddock nunca dejó de pelear, su vida entera fue un round eterno contra Netón, un round eterno donde se tumbarían mutuamente. Braddock sabía cómo noquear a la vida; pero recuerden que la vida siempre se levanta a seguir peleando. Braddock caía y se levantaba y la vida misma tuvo que terminar admitiendo la superioridad de Braddock.

Ganaba una racha de peleas consecutivas que lo ponían en la boca de todos, solo para perder las siguientes tres peleas. Estos eran los momentos en los que los agentes de otros peleadores se permitían pensar que Braddock era un bulto y lo buscaban solo para que sus boxeadores le dieran una tunda, salieran bien parados y con algo de dinero, pero Braddock terminaba destrozándolos y la historia volvía a cambiar. Braddock siempre sabía cómo cambiar la historia.

Algunas personas creen que nuestro camino por esta vida ya está escrito, que todo lo que nos sucede estaba destinado a suceder, pero gracias a James Braddock yo puedo pensar que eso no es así. Braddock, con sus puños, cambiaba cualquier historia que se suponía debía estar escrita ya.

Su mano derecha, prácticamente destrozada por fracturas y lesiones crónicas, junto a las constantes derrotas, lo alejarían del boxeo y lo obligarían a conseguir un trabajo como estibador. Este fue otro momento en el que Braddock cambiaría la historia que parecía ya estar escrita.

El trabajo como estibador hizo que fortaleciera su mano izquierda y desarrollara un jab increíble. Al final, el hambre solo fortaleció sus ganas de volver a pelear, lo suficiente como para llevarse una victoria sobre Corn Grffin cuando los críticos, como la vida, aseguraban que sería imposible. Otras dos victorias: una revancha contra John Henry Lewis y una decisión unánime sobre Art Lasky. Braddock, con todo en su contra, conseguiría una pelea por el cinturón de los pesos pesados. Una vez más, contradiciendo a la vida.

El campeón para el momento era, nada más y nada menos que, Max Baer, a quien apodaron “El asesino del ring” luego de que peleó con Frankie Campbell y este último falleció.

Las probabilidades de que Braddock corriera la misma suerte que Campbell eran altas y quizás la vida, cansada de perder las malicias que parecía ponerle a Braddock, había encontrado esta forma de acabarlo para siempre.

Pero de nuevo, Braddock le ganó a la vida cuando, después de 15 rounds, se llevó una decisión unánime y era el nuevo campeón de los pesos pesados.

“Cuando has pasado por lo que yo he tenido que pasar en los últimos dos años, un Max Baer o un tigre de Bengala son como una mascota. Baer podría entrar al ring con un cañón y todavía sería como un día de picnic comparado con lo que he tenido que enfrentar”, diría Braddock.

Ninguna historia está escrita, ningún futuro está asegurado y James Braddock es el mejor ejemplo de eso. Su cuerpo puedo ser maltratado y tumbado varias veces, pero su corazón siempre siguió de pie y luchando. El boxeo nos enseña a pelear con el corazón aunque los golpes de la vida nunca dejen de entrar.

Dedicado a mi hermano Tomas Pérez, quien admira a Braddock y como él, consigue siempre levantarse ante los golpes de la vida.  

 

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