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Jersey Joe Walcott, el corazón nunca envejece

En el mundo de los puños, la historia de George Foreman es más que conocida cuando a los 45 años le ganó a Michael Moorer demostrando que en el boxeo, lo que golpea es el alma y no el cuerpo, pero hay otro personaje en el deporte que también venció su mortalidad.

Arnold Raymond Cream, sin padre a los quince años, tuvo que abandonar el colegio y empezar a trabajar para ayudar a su madre a mantener a sus hermanos, más de cinco.

Así que desde los quince años, ni la vida pudo decirle a Cream que se rindiera. Si desde los quince años debes golpearte con la vida, es más que seguro que encuentres paz en un gimnasio de boxeo. Cream decidió encaminarse en el mundo de los hematomas y apodarse Jersey Joe Walcott, una combinación entre pobreza, Joe Walcott y un tributo a New Jersey, para nunca olvidar sus raíces.

La verdad es que en el boxeo, las derrotas no suceden para ser olvidadas, el ring es como la vida en muchos aspectos, pero quizás afuera de él tenemos la opción de olvidarnos de nuestros errores y comenzar de cero, pero el boxeo es más inteligente; te obliga a reconocer tus errores, estudiarlos y te promete que podrás volver. Cuando golpeas con el corazón, las manos son solo un medio. Walcott empezó a correr sangre en 1930 venciendo a sus primeros seis oponentes, perdiendo ante Henry Taylor, ganando las siguientes cinco y ahí se embarcó en un camino de victorias y derrotas.

Los años fueron pasando y su oportunidad para ser campeón parecía reducida a polvo de recuerdos, como un peleador más entre miles de talentos. Pero para Walcott su padre no había muerto de gratis, para Walcott, su adolescencia no había sido en fábricas y sin educación de gratis. Si su destino era vivir esas situaciones, entonces  haría lo mejor de ese camino y sería campeón, sin importar que tanto pudiera envejecer su corazón, sus manos o su piel. El boxeo comienza en el alma.

Para 1947, Walcott tenía 33 años, rompiendo para el momento el récord de edad para pelear por un campeonato, Walcott entró al ring contra Joe Louis. La victoria nunca apareció aunque muchos críticos pensaron que debió salir vencedor. Hubo un rematch donde la victoria tampoco apareció.

Los años seguían pasando, pero cuando peleas las cosas funcionan así: afuera del ring tu cuerpo va envejeciendo, dentro de él; tu corazón se va cargando de más ganas de ganar.

1949, una vez más perdería una oportunidad por el título contra Ezzard Charles, no logró ganar y su cuerpo solo se hacía más viejo. Tres peleas por el campeonato y tres derrotas consecutivas. Se encontraba lejos de sus años dorados, ya no era un joven peleador.

Pero Walcott logró entender que lo que no tienes en juventud, tienes en experiencia. Pasaron los años y con ellos, las victorias y derrotas. El sueño de ser campeón no se iría.

“Mi padre no murió de gratis, no trabajé desde los quince años para levantar a mi familia de gratis, no dejé mis estudios por nada. Seré campeón”

1951, otra batalla contra Ezzard Charles que no lograría superar, de nuevo no sería campeón.

Ese mismo año, meses después, Walcott entraría al ring para un rematch contra Ezzard Charles. A los 37 años, su cuerpo no era el mismo, muchos críticos aseguraban que con más de 30 años nadie era campeón, que era inclusive una cuestión de humor para alegrar tardes de una época que cargaba la Explosión de Fox, entre otras cosas.

Forbes Field, Pittsburgh, Pennsylvania. 18 de julio de 1951. El corazón de Jersey Joe Walcott noquearía a Ezzard Charles en el séptimo, un cuerpo viejo para el deporte no sería un limitante. Walcott se convertiría en campeón de los pesos pesados y la muerte de su padre, el trabajo duro desde joven y el pasar de los años habría valido la pena. Tanto la pena, que esa pelea quedaría como Pelea Del Año para la revista Ring.

Para practicar cualquier deporte se necesitan muchas cosas para ganar. Para boxear, se necesita un corazón de hierro y un alma que entienda que cada golpe es solo un paso más cerca a ser campeón. El cuerpo, en el boxeo, es solo una máquina que va transportando pasión.

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