John L. Sullivan y la pintoresca forma de entrenarse de un campeón de los años 1800
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John L. Sullivan y la pintoresca forma de entrenarse de un campeón de los años 1800

John L. Sullivan, “El Chico Fuerte de Boston”, es considerado el primer campeón del mundo en los pesados y era un peleador que desarrolló un sistema de entrenamiento que hoy luce de lo más pintoresco.

Sullivan peleó durante el siglo XIX, en lo que era llamado el Prize Fight. Era un estilo de pugilismo que regulaba las riñas en las que no existían guantes para protegerse de los impactos. Es decir, las batallas se daban al estilo griego, con las manos “limpias”.

Sin embargo, cuando comenzó la persecución contra quienes disfrutaban del “Noble Arte”, se estableció que las peleas a puño bruto eran ilegales. Entonces, se comenzaron a reglamentar las funciones de boxeo y el uso de guantes, para de esta manera “evadir la ley”, como refiere El Correo Español, un diario que circuló en México en el siglo diecinueve.

“Las luchas de los boxeadores constituyen un espectáculo popularísimo, que atrae a miles de personas, muchas de ellas de las clases más intelectuales. Y no vacilan los concurrentes en pagar, por ver el espectáculo, subidos y a las veces inverosímiles precios de entrada”, critica el rotativo, que pone énfasis en los jugosos salarios de los “derrochadores” púgiles.

De acuerdo con el periodista del diario español 20minutos, Eduardo Casado, John L. Sullivan se convirtió en campeón de los Estados Unidos en 1882 y lo defendió hasta 1892. Por ello se considera el último monarca bajo la modalidad de “puños desnudos”, al vencer a Jake Kilrain (1889), en la última pelea regida bajo esta modalidad. Y se considera también el primero en usar guantes, al derrotar a Dominic McCaffrey (1885), aunque también se disputa este honor con James. J. Corbett.

Las primeras reglas del boxeo

El Marqués de Queensberry fue uno de los primeros tratadistas del boxeo, y propuso un conjunto de reglas para el boxeo. Estipulaban por primera vez un escenario en donde se llevarían los combates, delimitados por cuerdas para evitar la intromisión de terceros.

“La lucha ha de constar de varios asaltos -los que convenga- cada uno de cuatro o cinco minutos, con un descanso racional de otros tantos entre asalto y asalto. No se permitirá golpear al contrario bajo el cinturón; que las agarradas cuerpo a cuerpo deberán cesar desde el momento en que lo mande el juez de la lidia y así sucesivamente”, recuerda el artículo El Prize Fight, en el citado diario.

Existían otras reglas de dominio común. Las peleas terminaban cuando había sangre, o por un número determinado de rounds. Pero también terminaban cuando uno de los protagonistas quedaba fuera de combate o inhabilitado para continuar con la afrenta.

Para proteger a los boxeadores, también era necesario dividirlos por categorías. En ese entonces, 1898, año en el que aparece esta nota en El Correo Español de la prensa mexicana, había tres grandes divisiones: los de peso completo, medio y pluma, que era los de peso mínimo. Hoy en día tenemos 17 clasificaciones que van de los 47.6 kilos para arriba.

Pero entre las reglas más importantes está la del uso de guantes, el conteo de los 10 segundos, los episodios de tres minutos de duración y uno de descanso, ningún second o persona ajena a los golpeadores y al réferi podrá estar arriba del cuadrilátero.

Aunque los diarios de la época en México criticaban al boxeo, se encargaban de tener información suficiente para dar argumentos contra lo que calificaban una práctica brutal. Gracias a la animadversión que sentían por el deporte de los puños, encontramos descripciones como la del Prize Fight. Y hay una descripción una en especial que llama la atención porque muestra el profesionalismo de los bofes de antaño.

¿Cómo se entrenaba John L. Sullivan?

En el texto “La derrota del campeón. El rey del pugilato”, publicado en noviembre de 1894 en el diario El Siglo Diez y Nueve, recuerdan la peculiar forma de entrenar de John L. Sullivan. Sullivan fue, tal vez, el primer ídolo deportivo de los Estados Unidos. Cosechó 38 victorias, 32 de ellas por la vía del cloroformo, un empate y una derrota que sufrió contra otro mítico pugilista: James J. Corbett, “El Caballero Corbett”.

Describe el Decano de la Prensa Mexicana sobre Sullivan: “Los gladiadores de la antigüedad no sospecharon el régimen a que debe someterse un atleta del siglo XIX para llegar a ser el primer boxeador de su tiempo. En las Memorias de un Gladiador en el Siglo Diez y Nueve, Sullivan refiere y describe todas las faces de la educación y régimen de un atleta”.

Agrega el texto sobre Sullivan: “Me levanto a las seis. Tomo un baño de agua salada y me hago friccionar por mis hombres con toallas muy ásperas. En seguida me ejercito en levantar pesos y voy a dar un paseo o leer los diarios. A las ocho almuerzo una costilla de carnero, un trozo de pan negro y dos tazas de té.

“A las diez hago un paseo a pie, cuando más corto, de doce millas inglesas, corriendo las dos últimas. Al volver a casa me acuesto y mis ayudantes me cubren con paños pesados y calientes. Permanezco así transpirando fuertemente para enjugarme en seguida y volver a acostarme provocando una segunda transpiración. Luego tomo una ducha durante quince minutos, me enjugo de nuevo y me recuesto sobre una plancha de encino, adonde mis ayudantes me hacen el masage (sic)”.

Cabe destacar que la alimentación no se parecía en nada a las porciones que ingieren los pugilistas de nuestra época. En la actualidad, prácticamente se “mueren de hambre” para dar el peso; además de sumarse los años que se mantienen activos y que implica nunca perder la línea, pues recuperar la figura y la fortaleza es una tarea titánica.

Continúa el texto: “La descripción de la rutina del gran campeón de América, y por lo tanto del mundo, continúa con un trozo asado o rostbeef con pan negro y cerveza. A las cuatro tomaba un nuevo baño para después hacer ejercicios con pesadas balas hasta que transpiraba y repetía fricciones alternadas con sudores.

“El menú de la cena es semejante a los demás, pero aumentado con papas al vapor. En la noche, el señor gladiador juega a las cartas y se acuesta a las 10. Este régimen debe ser escrupulosamente practicado durante las ocho semanas que preceden al combate. Para Sullivan no es necesario ejercitarse especialmente en el boxeo, y se contenta con dar diariamente y durante media hora, fuertes puñetazos sobre un saco de arena suspendido del techo”.

La derrota de Sullivan ante Corbett y el discurso sobre el ring

Sin embargo, narra esta crónica que a pesar del entrenamiento, John L. Sullivan no pudo superar un obstáculo que a todos nos llega: la edad. Fue James J. Corbett quien destronó al monarca, a la invencible mole que gracias a sus puños se convirtió en el primer ídolo deportivo de la Unión Americana.

Fue en el round 20 cuando “El Caballero” Corbett venció a quien por 10 años ostentó el cinturón de monarca mundial, lo más preciado para un peleador.

“El cinturón es para el pugilista la enseña del oficio y revela a primera vista el grado de popularidad de que el artista goza. En vez de cubrirlo con laureles y coronas sus admiradores le regalan cinturones que a veces alcanzan precios inauditos. Sullivan poseía uno de oro, enriquecido con 597 brillantes, y que costó 8,000 dollars”.

Tras la derrota por nocaut técnico, al no poderse levantar bajo la nueva regla de los 10 segundos (antes se daban hasta 30 segundos para que el boxeador derribado se levantara), Sullivan dio un discurso.

“Penosamente se enderezó asiéndose con una mano de las cuerdas de la barrera y agitando su guante ensangrentado, para que el público callara y lo escuchara. Todo el mundo enmudeció ante la seña del vencido gladiador. Los labios tumefactos se movían con pena y por fin el campeón pudo hablar”, relata la crónica.

Y entonces John L. Sullivan dio un discurso:

“Gentleman, dijo, es una vieja historia el triunfo del joven sobre el viejo. Ya tengo cabellos blancos y debía haberlo notado un poco antes. Sin embargo, soy dichoso al saber que el nuevo campeón es un americano. Eso es todo lo que quería decir a ustedes”. Así acabó la historia del primer monarca de los pesos completos. Ganó mucho dinero, fama y propuso para su época un entrenamiento revolucionario para la “Dulce Ciencia”.

 

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