in

La cicatriz del Chocolatito González

La cicatriz del Chocolatito González
La cicatriz del Chocolatito González

Aquella herida en Carson, California hecha cicatriz para Román “Chocolatito” González es “una historia puntual que se cuenta en ella”, como el verso de la poetisa Piedad Bonnett. Y aunque el nocaut frente a Rungvisai “es un remate imperfecto” para el nicaragüense, también es el motor que lo impulsa a quitarle esa pausa autoimpuesta a su exitosa carrera.

El Chocolatito González, que irrumpió con la velocidad de un trueno en las categorías mínimas, está de vuelta. Por casi dos años se quedó bajo llave. Sin embargo las peleas que lo empujaron hasta la copa del pugilismo no han perdido brillo -tampoco vida- todo lo contrario; colocaron el ladrillo definitivo y un largo etcétera a su quehacer boxístico.

El nicaragüense llegó hasta los primeros puestos en casi todos los listados Libra por Libra en 2017, hasta las derrotas contra Rungvisai y ese retiro auto impuesto. Y ahora regresa a la actividad el próximo lunes 23 de diciembre. Será frente al filipino Diomel Diocos en Yokohama, Japón.

La aspiración de todo atleta comprometido es la grandeza. Todos van tras ella pero poquísimos se instalan con tanta propiedad. El Chocolatito González ya es uno de ellos.  Como leyenda se abrió paso entre enormes exigencias hasta instaurarse a base de disciplina poniendo a prueba su amplia gama de recursos entre las sogas.

Basta verlo en YouTube para saber que no exagero. ¿Quiere usted algo más? Román ha sabido extraer sus mejores esencias acumulando cuatro coronas mundiales. Es ese el mejor testimonio y homenaje al “duende eterno que tocó” a Muhammad Ali y Carlos Monzón, por ejemplo. Cada peldaño escalado a costa de una feroz lucha le permitió salir del anonimato sin caer en el gueto de la mediocridad.

En un mundo polarizado, lleno de colisiones religiosas y políticas, el deporte y la música suelen unir e incluir sin importar orígenes o idiomas. Ese punto de coincidencia es el mejor ángulo desde el cual podemos hacer una toma en 360 grados. Desde ahí, se captura la verdadera travesía que implica para un boxeador como Chocolate entregarnos arriba del ring su mejor versión tras meses de arduo trabajo en el gimnasio. Un compromiso que le ha permitido resituar boxísticamente a Nicaragua desde que Argüello lograse colocarnos con su golpeo triturador en el foco de atención.

Román tiene un lugar en la historia por esfuerzo propio, nada le ha sido obsequiado. Su constancia puliendo un talento que nació con él es el “verdadero culpable” de cuanto posee, ni más ni menos. Dicho esto, y cómo legítimo heredero de El Flaco Explosivo, está obligado en el mejor de los sentidos a parir en su retorno una obra lo suficientemente estimulante para sentirse motivado consigo mismo. Y para que, a partir de ahí, prolongue su estadía entre los favoritos del público. No tiene nada que probarnos. Aunque puede añadirle unas cuantas hojas a un libro repleto de capítulos recordables por los siglos de los siglos.

Está de cara al último tramo arriba de un cuadrilátero. Desde la esfera de la grandeza posee el bagaje suficiente para saber que prueba y error pulen, y que “entre el triunfo y la caída solo hay un paso” como dijo el estratega Napoleón. Es tiempo de certidumbre para Chocolatito y de esa cuota extra que genios como Nadal, Federer, Djokovic y Messi le subrayan a su oficio: la de no rendirse a pesar de las cicatrices que el éxito impele. Porque al que lo da todo no se le puede pedir nada.

¿Qué pasó realmente con la negativa de Julio César Chávez Jr a hacerse una prueba antidopaje?

¿Qué pasó realmente con la negativa de Julio César Chávez Jr a hacerse una prueba antidopaje?

Por esto, Floyd Mayweather Jr es el Mejor Peleador de la Década

Por esto, Floyd Mayweather Jr es el Mejor Peleador de la Década