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La otra gran estafa

El boxeo está plagado de tantas historias oscuras y complejas dignas de cualquier libreto nominado o ganador de la estatuilla al Óscar. No hay que reescribir nada. Los personajes y diálogos en estado puro y duro circulan con licencia en ese submundo.

En la época dorada del box no había tantos pesos “pactados”, los organismos además establecían parámetros para que en cierta medida las peleas mandatorias fueran regidas  por reglas preestablecidas y no por boxeadores escogiendo con pincel, al estilo de Mayweather con sus contrincantes.

Hoy no sólo se han ensanchado los organismos sino que también hay ese apetito voraz por el dinero, el cual ha llevado al deporte de las narices chatas y orejas de coliflor hacia una espiral que parece no tener freno. La mercadotecnia impera con el pago por evento mediante combates desiguales y maquinados con la finura y mejor corte de bisturí de un cirujano plástico. Cada vez se repiten sin el más mínimo respeto hacia el público.

Esta noche como el escritor de American Hustle, David O.Russell, Golden Boy Promotions presenta otra estafa boxística en la cuidad de la luces.

El británico estará urgido hoy en Las Vegas por intentar repetir lo que hizo Roberto Durán frente a Sugar Ray Leonard en Montreal. O lo que hizo contra Marvin Hagler.

Ni el Canelo Álvarez es ninguno de esos dos rivales del panameño y menos Amir Khan una aproximación de lo que fue Roberto Durán: que no quepa la mínima duda.
                            
Saúl, un portentoso peleador de 160 libras, manejado con la astucia que pulula y mueve los hilos del boxeo-tan deteriorado como el mundo nuestro hoy día-frente a un competidor de 147 libras (…)¡Negocio puro señores! Se fue Don King, pero dejó cuervos tan listos, atentos y con los pelos en punta (…).

Leonard hizo ajustes de contenido para su segundo capítulo después de haber sido derrotado en la primera contienda, pero en ese cuerpo había velocidad de manos y piernas, agudeza mental para cambiar estrategias a medida que el combate se alargase y fiereza para contra golpear arriesgando en la distancia corta frente a un destructor nato como lo era Durán, el séptimo round del famoso “NO MÁS”, nos lo resume todo.

Sin el talante de aquellos grandes boxeadores en plenitud, Khan subirá a la lona, donde también caerá. El olor a nocaut se huele. No busquen las predicciones antológicas de Nostradamus, todos sabemos el final de la comedia: Amir cobrará su cheque de 2 millones de dólares por su pantomima, mientras Óscar De La Hoya prolongará el sepelio de su pupilo frente al kazajo Gennady Golovkin-duelo que ambos evitan-como una burguesía de pueblo con ínfulas que no darían el tamaño en Wall Street.

La mesa está servida con mantel de lujo, en la T-Mobile Arena veremos un show de poca monta con PPV incluido, muy lejos de ser Durán/Leonard o Escalera/Alexis por citar dos recuerdos sepias en el tiempo, pero que YouTube nos colorea al toque de la huella dactilar en el IPad.

“Ladies and gentleman, ¡let´s get ready to rumbleeeeeeeee!”

PD: ¿Será que algunas veces los viejos tiempos fueron mejores?

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