La pausa del coronavirus y cómo está cambiando mágicamente a la industria del boxeo
La pausa del coronavirus y cómo está cambiando mágicamente a la industria del boxeo
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La pausa del coronavirus y cómo está cambiando mágicamente a la industria del boxeo

Nada en la vida volverá a ser igual después de la pandemia del coronavirus, aseguran muchos, pero hoy parece que, al menos en la industria del boxeo, esto es más que cierto. Ya se percibe en el ambiente, en las noticias, en las declaraciones de sus protagonistas, que algo ha cambiado.

La pausa obligada de la industria del boxeo por el parón del coronavirus ha metido a todos en un estado de reflexión. Y de esa reflexión han surgido conclusiones que pueden hacerle muy bien a un boxeo que cada vez se volvía más especulativo. De aquella industria del boxeo que marinaba cinco años una pelea, parece que hoy, esperemos, solo queda el mal recuerdo.

De un día para otro, todo aquello que se daba por hecho, y se daba por descontado, ya no existe. Las enormes bolsas de millones de dólares que se veían en el horizonte y se veían crecer mientras se marinaba una pelea, ya no existen. Tampoco existen las enormes taquillas, no existen las suscripciones a DAZN, no existen las reservaciones en el MGM de Las Vegas. Las televisoras tienen que rebuscar en sus archivos para encontrar qué poner en la pantalla, y los portales de internet, también.

De todo lo que había, hoy no hay nada. Y llevamos más de un mes sin que haya nada. La industria del boxeo corporativo, especulativo y rapaz, se quedó con las manos vacías. Un momento aleccionador

Eso ha provocado un cambio de paradigma, y un renovado sentido de urgencia. Haz las cosas hoy, que mañana quién sabe que pueda pasar. En el beisbol hay un viejo y sabio dicho: pon a tu mejor pítcher hoy, que mañana puede llover.

Y así, la industria del boxeo entró en la urgencia de hacer las cosas cuanto antes, porque mañana no sabes qué pueda pasar, y se te frustren todos esos planes magníficos que te habías construido en tus sueños.

Y así, de pronto, el Canelo cambió cambió de parecer. Tras meses de desdeñar una tercera pelea contra Gennady Golovkin, hoy Saúl quiere pelear lo antes posible. Y para ello, quieren quitarse de encima la pelea que era de por mientras, Billy Joe Saunders, para saltarse directo al platillo principal, que es Golovkin.

Anthony Joshua marinó un par de años la posibilidad de darle al boxeo un campeón unificado en los pesados. Postergó lo más que pudo a Deontay Wilder, peleando en las redes sociales, en la prensa, calentando y calentando, marinando y volviendo a marinar. En el camino, perdió él, perdió Wilder, y con el coronavirus, por poco terminan perdiendo todos. Hoy, Joshua y sus promotores no hallan cómo quitarse de encima la tercera pelea entre Tyson Fury y Deontay Wilder, para que Fury y Joshua se enfrenten y encontrar ese campeón unificado que tantos años le negaron al público. Incluso, Joshua dice que está dispuesto a perder varios millones de dólares con tal de pelear con Tyson Fury, aunque sea a puerta cerrada.

Desde 2011, la principal marca de videojuegos deportivos del mundo, EA Sports, ninguneó al boxeo. Canceló su videojuego Fight Night, y nunca quiso dar mayores explicaciones de las razones por las que lo hacía o si volvería a editarlo. Llegó el coronavirus, y cada semana sale un nuevo rumor de que la compañía planea volver a editar su videojuego de boxeo.

Tras dos años de evitar a los mejores peleadores de su división con los pretextos más absurdos, hoy Terence Crawford y su promotor Bob Arum no se cansan de lanzar retos. Negocian con Pacquiao, hablan con Spence. Hoy, ahora sí, quieren a los mejores welters. Esa enorme bolsa de dinero que dejaron marinar por tantos meses, creando expectativa, marca, y suspenso, se ha evaporado con el coronavirus. Hoy, tienen la urgencia de conseguir una pelea grande para poder cumplir las promesas del sueño millonario.

Era el autoproclamado nuevo hombre más malo del planeta. Autoproclamado también, se hizo llamar el pegador más duro de la historia. Era el rey. Deontay Wilder retaba a todos, conmocionaba a todos en el ring. Llegó Tyson Fury, y luego el coronavirus que amenazó con privarlo para siempre de la gloria. Hoy, Deontay Wilder se ha humanizado. Aceptó la ayuda que le ofreció el legendario George Foreman para entrenar unos días con él, y Wilder asegura que no puede esperar a que se termine la amenaza del coronavirus para reunirse con George y absorber al máximo sus enseñanzas.

Pasaron ocho años sin que nos dieran la revancha a una de las peleas más memorables en la historia reciente de los pesos chicos, que porque nunca les llegaron al precio. Pero llegó la pausa del coronavirus, se esfumaron los cheques, y hoy, Román “Chocolatito” González y Juan Francisco “Gallo” Estrada están ansiosos por volver a pelear y unificar títulos. Nunca es tarde, argumentan, para darle a la gente lo que pide.

Andy Ruiz se perdió dos meses tras su derrota con Anthony Joshua. Se la llevó tranquilo, relajado, filmando una serie, estudiando eternamente las opciones de futuros rivales, despidió a su entrenador y coqueteó con todos diciéndoles que luego les llamaba. De pronto, con la pausa del coronavirus, se quedó sin nada. Y así, Ruiz cambió. Sube videos entrenando, disciplinado, corriendo, bajando de peso. Quiere que el entrenador más prestigiado del momento como Eddy Reynoso le lleve su carrera.

Floyd Mayweather se creó una marca presumiéndonos a todos la interminable cantidad de fajos con millones de dólares en efectivo. Llegó el coronavirus, llegaron las muertes de seres queridos, y llegó el nuevo Floyd. Hoy, Mayweather dice que quiere ayudar al mundo, que quiere repartir su dinero entre los que menos tienen, y sobre todo, que cuando lo haga no quiere que nadie se entere.

Y así, la pandemia nos cambió. Todos aquellos que antes no querían hacer nada de lo importante, hoy tienen la urgencia de hacerlo, y hacerlo pronto.

Hoy, todos en el boxeo esperan que se vaya el coronavirus para empezar la nueva vida con propósitos renovados, como quien comienza un año nuevo.

Y como suele pasar con el año nuevo, ¿serán buenos propósitos que olvidaremos en febrero? ¿o será que la industria del boxeo ha aprendido su lección y borrará sus vicios rapaces?

Tiempo al tiempo.

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